CAMPEONATO URUGUAYO

Una tradición del clásico uruguayo: los goles que vienen desde el exterior

Nacional y Peñarol tuvieron numerosas figuras extranjeras que se convirtieron en ídolos gracias a su poder de fuego ante el arco: Atilio García, Hohberg, Spencer, Sanfilippo, Dely Valdés.

Atilio García
Atilio García. Foto: Archivo El País

De nuevo frente a frente, los viejos rivales clásicos depositan sus esperanzas en goles venidos de afuera: los que prometen el argentino Gonzalo Bergessio para Nacional y el español Xisco (es posible que también el argentino Lucas Viatri) para Peñarol.

Desde la instauración del profesionalismo en 1932, la presencia de goleadores extranjeros en los dos grandes se volvió casi una costumbre. El mejor ejemplo: el mayor artillero clásico es Atilio García, nacido en la ciudad argentina de Junín, que marcó 34 goles para Nacional (aunque historiadores del club aseguran haber descubierto un gol más). Y quien durante mucho tiempo fue el mayor anotador aurinegro en este tipo de encuentro, Juan Eduardo Hohberg (17 tantos, 10 de ellos por el Uruguayo), había nacido en Córdoba. Curiosamente, ambos obtuvieron luego la ciudadanía uruguaya y vistieron la Celeste.

Casi siempre, el goleador es el futbolista más valioso del equipo, por lo cual los clubes con frecuencia salieron a buscar fuera de fronteras lo que aquí no encontraban. No siempre lo hallaron, pero los extranjeros que cumplieron se convirtieron en ídolos. La lista es larga, pero vale la pena citar algunos.

A comienzos de la década de 1930, el brasileño Luis Matozzo, conocido por Feitiço, resultó fundamental para algunos triunfos de Peñarol. El argentino Miguel Ángel Lauri tuvo poco después un pasaje fugaz pero exitoso por el aurinegro. Y en 1937 el argentino Horacio Tellechea fue el máximo anotador dde la temporada. Cuando más tarde Atilio García comenzó a convertir en serie para el rival, el aurinegro intentó repetirlo importando más delanteros argentinos pero no rindieron.

En cambio, la vigencia de Atilio se prolongó más de una década. Durante algún tiempo compartió el ataque con su compatriota José Fabrini. Y otro García, también argentino (José, apodado “Miseria”), fue clave con dos conquistas en un clásico de 1950. No era un goleador, pero llegaba seguido a la red.

Su compatriota Rinaldo Martino, jugador completo, hizo tres goles en un recordado clásico del día de Reyes de 1952.

Ernesto Vidal, nacido en Italia y criado en Argentina, resultó fundamental en el Peñarol de los 40, donde coincidió con Hohberg, y completó su carrera como campeón mundial con Uruguay en 1950.

A mediados de los 50, desde Paraguay llegó a Nacional Juan Ángel Romero, que también supo dejar su marca en las redes.

La década de 1960 en este club tuvo dos delanteros extranjeros de extradinaria gravitación: el ecuatoriano Alberto Spencer y el peruano Juan Joya. Por lo general Joya desbordaba y Spencer convertía, pero el peruano también hacía goles.

El argentino José Sanfilippo fue una promesa de gol tricolor que se frustró parcialmente debido a su fractura a mediados de los 60. La siguiente apuesta fue el brasileño Celio, con conquistas clásicas importantes por la Libertadores, Y en 1969 llegó otro argentino, Luis Artime, que pagó con muchos goles su contratación por un precio récord. Cuando se marchó a Brasil, su lugar fue bien cubierto por su compatriota Juan Carlos Mamelli, hasta entonces su suplente.

En la década de 1990 fue el turno del panameño Julio Dely Valdés, que llegó casi sin cartel desde el Deportivo Paraguayo de la Primera D argentina, pero pronto se convirtió en figura tricolor gracias a sus goles.

Siempre hablando de argentinos y clásicos, Raúl Castronovo tuvo un comienzo prometedor en el aurinegro de 1971 pero fue transferido ese mismo año. Daniel Quevedo llegó para reemplazarlo con la camiseta número 9, aunque no convertía: lo pasaron a la punta derecha y entonces sí comenzó a anotar. Y se convirtió en el gran socio de Fernando Morena.

El brasileño Silvio Mendes, que pasó rápido y sin gran destaque por Peñarol, tuvo sin embargo una tarde de gloria, cuando en 2007 le hizo dos goles a Nacional y forzó otro, en contra de Vanzini.

Atilio García y Martino
Goles y calidad en grandes dosis

Atilio García (foto grande) es el símbolo del goleador tricolor, en especial en los clásicos. Un futbolista casi desconocido cuando vino de Argentina, pronto se hizo un nombre frente a la red adversaria. Rinaldo Martino, en cambio, era figura cuando fue contratado. Estuvo mucho menos tiempo, pero su calidad no se olvida, al igual que sus tres goles a Peñarol en 1952.

Hohberg y Vidal
Figuras del gran Peñarol de 1949

El argentino Juan Eduardo Hohberg (foto grande) y el italo argentino Ernesto Vidal coincidieron en la “máquina” aurinegra de 1949, aportando sus virtudes en una delantera irresistible. Aquel era potencia y gol, este velocidad y gol. Los dos se nacionalizaron y defendieron a Uruguay en la Copa del Mundo; Vidal, incluso, fue campeón mundial en 1950.

Artime y Mamelli
Se turnaron para convertir

El argentino Luis Artime (foto grande) es el goleador que simboliza el gran Nacional de 1971. En ese plantel ya estaba su compatriota Juan Carlos Mamelli, aunque con poco espacio para mostrarse. Cuando Artime se fue a Brasil en 1972, “Palito” quedó con la camiseta titular y fue goleador del campeonato. Tuvo un segundo pasaje tricolor destacado en 1977.

Spencer y Quevedo
Un “9” histórico y un “7” con gol

El ecuatoriano Alberto Spencer (foto grande) llenó toda una época aurinegra con sus goles: delantero de felina velocidad, también era temible de cabeza. Tras su partida, Peñarol probó varios nombres para reemplazarlo. Uno de ellos, el argentino Daniel Quevedo, llegó como “9” pero no hacía goles. Cuando empezó a jugar en la punta derecha se cansó de convertir.

Cracks extranjeros en toda la cancha

Además de goleadores, Peñarol y Nacional supieron contratar cracks extranjeros para cualquier lugar de la cancha. Entre los arqueros, el mayor destaque lo tuvo el brasileño Manga en Nacional (el paraguayo Chilavert tuvo un pasaje fugaz pero decisivo en Peñarol). El escocés Harley fue fundamental en los comienzos aurinegros. El brasileño Domingos Da Guía (Nacional) y el chileno Figueroa (Peñarol) fueron reconocidos entre los mejores zagueros en América. Los paraguayos Hugo y Lezcano y el brasileño Salvador se destacaron la defensa mirasol. El argentino Rial y el chileno Prieto mostraron su calidad en el tricolor. Jair, brasileño, clave en el aurinegro de1982. El argentino Ángel Morales tuvo un pasaje importante por Nacional, donde su compatriota Gallardo lució brevemente debido a una lesión, pero como DT fue exitoso de inmediato. Los argentinos Onega y Brindisi, en cambio, apenas revalidaron su calidad en aurinegros y tricolores.

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