TORNEO CLAUSURA

El desacierto de Larriera con los cambios en Peñarol colaboró con el triunfo de Defensor

Las variantes que implementó Gregorio Pérez ayudaron al equipo violeta a mejorar en el complemento y las que hizo el entrenador de Peñarol, también.

Mauricio Larriera y Gregorio Pérez
Mauricio Larriera y el abrazo con Gregorio Pérez. Foto: Estefanía Leal

Cuando a los 75’ el cuarto árbitro Santiago Motta levantó el cartel luminoso para marcar los primeros cambios en Peñarol en el ambiente empezó a palparse un sentimiento de desconfianza. Defensor Sporting había empatado hacía cinco minutos y Mauricio Larriera mandó a la cancha al debutante Máximo Alonso (18 años) y a Sergio Núñez (20), este último con seis presencias previas y una titularidad. Ellos eran, en los hechos, los elegidos para revertir el panorama.

¿En serio esas eran las grandes esperanzas de cambio del aurinegro? Es cierto que había bajas en el plantel (Piquerez, Britos, Nahuelpán), pero allí en el banco estaba Cristian Rodríguez, quien ingresó después por un Walter Gargano sumamente impreciso con la pelota; o Krisztián Vadócz, Fabián Estoyanoff, Luis Acevedo. No parecía acertado que las primeras opciones fueran dos juveniles ante un rival como Defensor Sporting que —orientados por un emblema de Peñarol como Gregorio Pérez— había tenido un cambio drástico con sus variantes al inicio del segundo tiempo.

El técnico violeta, sabedor de lo que pesa la experiencia en esta clase de partidos, había hecho todo lo contrario, pues había puesto a los argentinos Cristian Chávez (33 años) y Franco Zuculini (30). Con ello había pasado a controlar el partido y, sobre todo, había conseguido con Chávez darle a Ignacio Laquintana un socio que llegara con él a definir las jugadas, porque el joven (21) y veloz delantero violeta no encontraba con quién culminarlas mientras estuvo en cancha Álvaro Navarro.

Y Chávez, con su experiencia y efectividad, fue quien definió el partido al anotar el segundo tanto a los 84’, liquidando un contragolpe con un toque sutil por sobre la cabeza del arquero Thiago Cardozo.

Definió como no lo había hecho el propio Laquintana en una jugada similar cuando iban 51’ y el partido aún estaba 0-0, dejándole la pelota en las manos a Cardozo.

Peñarol tuvo tiempo para preparar este partido y mostró una interesante idea inicial de mover la pelota a un toque, priorizando siempre encontrar al compañero desmarcado que trasladar. Allí logró movimientos que permitieron a los laterales liberarse y mandarse al ataque, pero no lo sostuvo en el tiempo.

Defensor se adaptó mejor al partido, no se tiró atrás, insistió con avanzar mediante la velocidad incontenible de Laquintana, obligó a Peñarol a desgastarse en el medio, a perder precisión tanto en la marca como en la entrega del balón y así se apoderó del partido. Un triunfo táctico de Gregorio Pérez y uno deportivo muy importante de Defensor, el primero bajo su mando.

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