SELECCIÓN

Tiene el pelo y las mañas

Uruguay sigue siendo un candidato de fierro a ganar la Copa América

Luis Suárez en el Uruguay vs. Japón
Foto: Gerardo Pérez

Cuando a la mayoría de los hinchas uruguayos se le pase el enojo de los goles no convertidos, disminuya la bronca por la efectividad que tuvo Japón para transformar en gol sus dos acciones, o cuando se deje de responsabilizar a Fernando Muslera por esas dos jugadas, quizás se pueda concluir que Uruguay dejó en evidencia, una vez más, que puede superar las dificultades que le presenta el adversario para evitar irse mascando rabia de un campo de juego.

La verdad es que Japón dificultó en modo extremo el rendimiento de la Celeste y, sin embargo, terminó llevándose un premio bastante excesivo si se tiene en cuenta el bombardeo que recibió en su arco de parte de los uruguayos.

Sí, aunque tiene gusto a poco un punto para Uruguay en esta segunda presentación, más tomando como referencia lo que se vio en el debut frente a Ecuador, debe resaltarse en grado sumo un aspecto pocas veces visto: la vocación tan ofensiva del equipo, que fue capaz de ser constructor de unas estadísticas demoledoras en materia de remates y con acciones de gol tan claras.

Lo que se comprobó, además, es que en medio de un problema que fue imposible de solucionar, porque en la mitad del terreno la supremacía japonesa fue muy elocuente -lo que hizo perder la elegancia del manejo del balón exhibida en el inicio del campeonato- Uruguay fue capaz de cargar con el peso de remontar el marcador. Lo logró. Y en dos ocasiones.

Sí, como lo dijo Óscar Tabárez en la conferencia posterior al partido, con algo de ironía ante la interrogante realizada: “si la pelota no entra, no es gol”. Y esO terminó siendo el gran factor que terminó impidiendo que la Celeste cosechara su segunda victoria consecutiva.

Es eso lo que explica en desenlace. ¿Cómo no hacerlo cuando pegan dos tiros en el travesaño? O se malogran situaciones muy favorables (por ejemplo, el cabezazo de Luis Suárez en el primer tiempo y el mano a mano de Edinson Cavani en el segundo).

Nada para esgrimir en el resto, porque la Celeste jamás se conformó con lo que pasaba en la cancha. Trabajó para llevar el partido a otro terreno y evitar que Japón siguiera teniendo las riendas.

No fue nada sencillo. Se enfrentó a un equipo con jugadores muy veloces, dueños de una gran técnica en velocidad y que, por cierto, tuvieron rendimientos interesantes en la rotación de la pelota.

Así fue como limitaron las virtudes expuestas anteriormente por Uruguay en las bandas y realizaron una presión alta colectiva que fomentó los errores celestes en el manejo del balón. Ese juego los japoneses lo elevaron a un grado superior con la exactitud con la que metieron pases filtrados entre líneas. Y la Selección de Tabárez no tuvo más remedio que replegarse, cerrar espacios para que no siguieran poniéndolo contra las cuerdas.

Fue ahí que Uruguay refrescó la memoria y volvió a sus viejas mañas. Porque una cosa es querer cambiar el pelo para mejorar en otros rubros y una muy distinta abandonar todo lo bueno que se puede hacer. No. Ni ahí. Por eso se apostó a lanzar en largo, para saltear el mediocampo y para poner a los monstruos del gol en situación favorable.

Lo que tuvo efecto, porque empezó a desaparecer el ahogo y porque si no funcionó la primera jugada ya se tomó la segunda pelota en campo rival.

Luego, el ingreso de Giorgian De Arrascaeta, colaboró para que el equipo creciera en la construcción de las jugadas hilvanadas, pudiera tener más profundidad con los pasajes de Giovanni González. Y si esa banda ya tuvo otro tono, algo similar ocurrió por el otro costado, porque Martín Cáceres hasta terminó apareciendo en alguna acción como otro atacante más.

Japón se limitó a resistir, a levantar una montaña más grande de hombres en su zona defensiva y a quedar cada vez más lejos del arco de Muslera.

Pero claro, el cabezazo de Suárez pegó en el travesaño, Cavani optó por querer buscar su remate en lugar de dar una asistencia en alguna jugada en particular o los cabezazos ya desesperados de Diego Godín y José María Giménez no terminaron como se podía desear para adueñarse de los tres puntos.

Entonces, aunque el final no fue el esperado, lo que se vio ante Japón, al menos para estos ojos, es confirmatorio de que Uruguay sigue siendo un candidato de fierro para ganar la Copa América. Es más, si algo dejó en evidencia la contienda ante los asiáticos es que Uruguay puede querer cambiar de pelo para imponerse ante sus adversarios, pero jamás perderá las mañas. Porque la identidad no se regala.

No influyó. Esta vez Lodeiro no participó del juego ofensivo

El juego de los japoneses obligó a Nicolás Lodeiro a cumplir un papel más defensivo. Es cierto, tampoco se lo buscó como en el primer partido y por eso no influyó en la generación de jugadas para Cavani y Suárez. Con todo, su centro fue la asistencia para el gol de José María Giménez. Cuando ingresó Giorgian De Arrascaeta se juntó con él un par de veces, pero nada más.

Los goles. Fallas defensivas fueron determinantes

Diego Laxalt se sintió en la jugada previa al primer gol y no llegó a cubrir la franja izquierda. También llegó tarde Lodeiro y los zagueros no efectuaron la cobertura adecuada. Muslera se jugó al remate cruzado y el balón fue al primer palo. Fuerte, sí, pero al primer palo. El segundo gol también fue evitable, pero otra vez hubo fallas en la zaga y en el 2-1 a Giovanni González.

Cáceres. Hizo crecer al sector izquierdo: fue figura

No hay dudas, cuando Tabárez se vio obligado a sustituir a Diego Laxalt, apostó a los jugadores que tenían más continuidad de juego, porque Marcelo Saracchi no suma minutos en el Leipzig. Además, aunque algunos cuestionan el doble cambio, la realidad es que el “Pelado” potenció la banda izquierda. La derecha se mejoró con el ingreso de Giorgian De Arrascaeta.

Buen cambio. De Arrascaeta revitalizó el juego asociado

Uruguay apostaba a los lanzamientos en largo para Suárez y Cavani, pero el equipo recuperó juego asociado por abajo cuando Tabárez mandó a la cancha a Giorgian De Arrascaeta. Giovanni González se soltó más, pasó por atrás de De Arrascaeta y hubo más opciones para generar diferentes jugadas. En los minutos finales, Uruguay buscó el triunfo por todos lados.

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