EN EL DISCO

Sin tocar la campana en Reyes

Héctor Puchi García

Dificill de escribir, difícil de poder explicar. Desde niño, el seis de enero son los Reyes desde la mañana hasta el mediodía y Ramírez durante el resto de la jornada.
La campana de largada de un Ramírez no tiene explicación alguna. Es la hora del turf, es la hora de la carrera más importante de nuestra hípica, es una campana que suena distinto, es una campana distinta, es la campana del Ramírez.
Vos, que hiciste el gol de tu vida en tu partido de fútbol, o que metiste el triple de tu sueños, bueno, multiplícalo por cien y es mi sensación, mi adrenalina con la campana, la carrera y la llegada de un Ramírez. Son para los burreros los dos minutos y medio más felices del año.
Hoy, desde el lado de comunicador, cierro un año con un dejo de infelicidad, saber que no hay toque de campana de la edición 123 de la carrera emblema, me dejará vacío durante la jornada.
La conjunción de los locales con la visita, es el sabor del Ramírez que para esta oportunidad de antemano iba a ser distinto ya que se anunciaba y se sabía iba a ser sin público en las tribunas.
La tapa, las tabuladas, el día previo, el día después, el definir que foto va en Ovación y que foto va en la primera del diario no se vivirá este seis de enero. Entiendo que el Ramírez se correrá con diferencia de 11 días. Pero mi corazón este seis de enero igualmente esperará el toque de campana y se hundirá el pecho como a todos los burreros a las 20:40. Sabelo.

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