Turf

“Secretariat salía a correr siempre, fue excepcional”

 Fernando Savater estuvo en Montevideo y le concedió una entrevista a Ovación - El País

Fernando Savater
Convicción. “Fui feliz hasta hace 3 años y medio; lo que me daba alegría, lo perdí”.


Estuvo en Montevideo por pocas horas invitado por El Pais en una conferencia por los 100 años en el Hotel Sofitel. Escritor, filósofo y también amante de las carreras de caballos. Desde su San Sebastián, donde comenzó su afición hace más de 60 años, ha visitado diferentes hipódromos en todo el mundo.

El Hotel Sofitel lo tuvo como invitado de El País y como orador en una conferencia sobre periodismo. La idea que se nos presentó era, junto a autoridades de Codere (Gabriel Gurméndez y Fernando González), tener una charla con Fernando Savater luego de su exposición para invitarlo a Maroñas en su próxima visita y poder disfrutar de su palabra con referencia a un deporte que lleva en la sangre: el turf.

Poco fue lo que tuvimos que preguntarle al filósofo y escritor español. Es que oírlo es un deleite. “Tuve dos pasiones en mi vida: los libros, los cuales mi madre se encargaba de comprar (Julio Verne entre otros) y el turf. Mi padre entre semana trabajaba de notario y los domingos nos íbamos juntos a las carreras ya cuando yo tenía cuatro o cinco años. Es por ello que nunca necesité de un psicoanalista, ya tenía los libros y los caballos. El primer hipódromo que conocí fue el de San Sebastián, uno muy pequeño, pero de los más antiguos de los españoles que abrió durante la primera guerra mundial”.

y sigue: “En esa época estaban cerrados los centros hípicos del norte de Francia y del sur de Inglaterra. También íbamos a Sanlúcar, a la playa que se organizaban carreras dos veces al año cuando la marea lo permitía. Era obra de los Reyes franceses, que durante el exilio de la guerra organizaban las carreras”.

El hipódromo de San Sebastián “fue abierto en los años 13 o 14 por un ciudadano belga que también abrió un casino en San Sebastián: el hipódromo para las damas en la tarde y el casino para los caballeros en la noche. El mismo se vio muy favorecido, ya que el Rey Alfonso XIII tenía caballos. Ese fue el primer hipódromo que conocí. Luego sí estuve en La Zarzuela de Madrid, los hipódromos europeos, los americanos. Llevo 43 años viendo el Derby de Epsom”.

Lo interrumpimos a Savater, algo que no se debería hacer, pero me atreví a preguntarle si podía comparar el Derby con el Arco de Triunfo y nos trajo comentarios sobre el nuevo Longchamps. “El Derby es la gran clásica, es anterior al Arco. Ahora a Longchamps -que era el hipódromo más lindo del mundo- lo han destrozado; han realizado algo horroroso, de un mal gusto espantoso. Antes, en Longchamps tenías una muy buena vista de la Defense, de la Tour Eiffel y ahora el arquitect, le ha puesto un techo bajo que no deja ver nada”.

Según Savater, “el arquitecto es un cretino que quería hacer como si fuese un caballo corriendo. A pesar de ello, el Arco es una gran carrera, es un gran enfrentamiento entre los tres y cuatro años y más edad al final de la temporada”.

Pero eso no quiere decir que no lo disfrute. “Este año el final fue extraordinario. A pesar de que Longchamps no nos guste, tendremos que seguir yendo. En un libro escribí que el Arco es un carrera para las damas. Es que el perfil del ganador(a) de cada Arco es una yegua de cuatro años, como Enable, que ya lo logró dos veces”.

Haciendo un alto en las carreras indagamos si Savater se interesa por la genética equina y la respuesta lo dice todo. “En el Derby del año pasado, 12 de los que corrieron descendían de Urban Sea; en este Arco fueron los primeros siete, pero quiero destacar la crianza alemana. La clave: no dejan exportar a sus mejores sementales. Un ganador de Grupo en Alemania debe quedarse en el país, por ello tienen un pool genético muy importante”.

Todo amante a las carreras de caballos tiene el biotipo que más le gusta. “Primero: a mí me gusta que los caballos corran por el campo, no me gustan los canódromos como en Estados Unidos; pistas chicas en las que corren todas las carreras en la misma dirección. Son hipódromos sin ninguna sorpresa. En Inglaterra o en Irlanda no hay dos hipódromos iguales. Curragh no es un óvalo. En otros suben, bajan, la pista y el hipódromo se convierten en una sorpresa para la carrera. En Estados Unidos son todas las pistas equilibradas. En arena son iguales. Me gustan, como a todos nosotros en fin, los caballos”.

Ya con un poco más de confianza, quisimos saber qué tipo de carrera gustaría de armar. “Una carrera con caballos de todas las épocas, poner juntos a Nijinski, Secretariat, Ribot, etc. Una carrera bonita de poder armar sería esa. Haber visto correr a Secretariat, que corrió muchísimo, no lo podría comparar con American Pharoah o Justify. Ahora a los caballos los tienen guardados para que corran lo mínimo, que se queden invictos, etc.”.

Y repite: “Secretariat salía a correr siempre. Para mí fue un caballo excepcional. Creo que en Europa hubiera corrido bien”.

Tratando de comparar su vida con una carrera, Savater nos expresó: “Los primeros años de mi vida fueron buenos. Entiendo que fui hecho para las cuadreras. En los primeros 400 iba todo muy bien. Luego sí se fueron estropeando (risas)”.

También cree que se puede realizar “un paralelismo de una carrera con la vida. Nos toca correr con un caballo que no hemos elegido, que nos han dado las circunstancias, en una distancia que tampoco hemos elegido, sin saber si el tiempo será lluvioso o seco y sin saber quién va a competir con nosotros; pero la tenemos que correr. Ahí está el parecido”.

Siguiendo la carrera, cuando le comentamos al afamado escritor que todos los presentes podíamos estar doblando el codo, bromeó: “Bueno, de aquí unos más que otros”; pero cuando le preguntamos si le aguardaba más felicidad en el futuro, nos habló de esta manera: “Yo fui feliz hasta hace tres años y medio. A partir de ese momento mi vida dejó de ser alegre, ahora hago las mismas cosas pero sin la alegría de antes, lo que me daba alegría lo perdí”. Por unos segundos tuvimos un gran silencio en la sala. Savater dejó su frescura de la charla hípica por ese momento de dolor causado por la pérdida de su esposa, Sara Torres. Pero siguió en una deliciosa conversación.

A sabiendas que gusta de visitar Buenos Aires y asistir al Pellegrini, quisimos saber de ello. “Fui a varios Pellegrini, de todos los que vi me acuerdo de Soy Carambolo (2013), por su tenacidad y también el de Going Somewhere (2012)”.

A sabiendas que visitó San Isidro, le preguntamos por nuestro gran Pablo Gustavo Falero: “Por favor, un gran profesional”.

Savater tuvo la oportunidad de almorzar con el gran Lester Piggot y trató de convencerlo que no se retirara. Para ello le dijo: “Leguisamo montó hasta los 70 años” y Piggot le respondió que había corrido con Leguisamo en uno de sus viajes.

“Dentro de mis preferencias, si tengo que elegir hoy un jockey para que me corra un caballo, me gusta mucho un gran amigo: José Luis Martínez. Pero nuestro turf es muy pequeño, los jinetes montan poco”, contó.

“Si tengo que ir a nivel internacional, no seré original, pero me gusta Frankie Dettori. Era muy aficionado a su padre, Gianfranco. Yo le seguía mucho, ganó Las Guineas en Inglaterra, cuando su hijo Frankie ganó su primer carrera en Inglaterra. ¡Y yo le aposté!”.

Al momento de agradecerle esos minutos, Savater se reflexionó: “A mí me gusta hablar de esto, pero me hacen hablar de otras cosas (risas)” y entre agradecimientos, cobertura de los Ramírez con Ovación, la información que recibe de nuestro colega Leonardo Ferber y la nula cobertura en España se despidió.

Le agradecimos por su tiempo pensando que tendremos oportunidad de revancha en Maroñas a sabiendas que si no es un 6 de enero, fecha difícil para que viaje a Montevideo, habrá otra.

Savater es un persona de finas palabras, de una gran sapiencia y sabiduría hípica y solo de ello hablamos. Nos ilustró por 15 minutos y nos dejó oírle, algo que se traduce a placer.

Fernando: se agradece.

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