HISTORIAS

Héctor Lazo: el éxito y el sacrificio que van de la mano

De las pencas con ponies en su Villa del Carmen natal al liderazgo en el Hipódromo de Maroñas y también en Las Piedras.

Héctor Lazo. Foto: Fernando Ponzetto.
Héctor Lazo. Foto: Fernando Ponzetto.

Héctor Lazo a la fecha se lleva todos los titulares hípicos, el jinete que batió el récord de carreras ganadas en una temporada luego de la reapertura superó a su amigo Carlos Sebastián Méndez Sotelo.

El jockey es oriundo de Durazno: “nací en Villa del Carmen el 14 de diciembre de 1987, mi familia está compuesta por mi padre Raúl, mi madre Beatriz y mi hermana Lourdes, yo soy el menor. De chico me crié en el pueblo, que es chico y tranquilo; desde niño seguía a mi padre que cuidaba caballos de Raid y pencas y también fue jockey. Ahí fui a la Escuela número 4, hice de primero a sexto, luego no completé el liceo, lo mío era trabajar y los caballos. Ya de chico, con 10 años corría a beneficio de la escuela en unas carreras de ponies, en los dos primeros años entré tercero y segundo. Con 12 años gané mi primer penca, ya con caballos y contra los mayores gané por medio pescuezo”

Ya de pequeño Héctor Fabián se puso a trabajar. “Mi primer trabajo, tenía 14 años, fue en una esquila, fue por 20 días y de ahí mismo me fui para Chileno a lo de la familia Fernández. Trabajaba en el campo pero ellos también tenían caballos de raid y de pencas, me encargaba de los caballos y en los tiempos libres los ayudaba en el campo. Recorría mucho, trabajaba y corría pencas. Muy seguido visitaba a mi gente en Villa del Carmen, en Chileno conocí a mi actual pareja, Lilian Velasco, que me dio a mis dos hijos, Emilio, el mayor y a Elías”, dijo.

Años más tarde hizo las valijas y vino a probar suerte a Maroñas y Las Piedras: “llegué con 21 años, después de un 6 de enero tuve la oportunidad de galopar a una caballo de Yolanda Dávila, mi tío Carlos Lazo era el capataz, quedé fascinado, tenía el físico que me ayudaba. Ahí consulte con Esteban, mi primo, que me dijo que lo intentara, ahí decidí quedarme. Arranqué haciendo dos suplencias, cuando quedé como vareador de Yolanda, cuando terminaba, me venía para los 2000 y le vareaba a Ramón Peralta, a mi tío y a Eber Ilaria”.

Luego, a los nueve meses, vino el debut con la de colores. “Debuté con un caballo de Heriberto Guedes en Las Piedras, Fabio en ese momento era monta oficial en el stud de Yolanda, me dio una mano para hacer los papeles y comenzar a correr. Me dieron la chance de obtener el visto bueno y debuté con el mismo pingo. Con ellos empecé, también le corrí a Alex Sanz. Ahí Ilaria me contactó con la familia Marrero, trabajaba de mañana en Las Piedras y también corría”, explicó.

A nivel familiar Lazo tuvo siempre soporte, “en los primeros años era mucho más difícil, la familia siempre fue fundamental, por todo, por el apoyo. En los inicios mi mujer trabajaba en un súper, yo me iba temprano a Las Piedras y luego iba a buscar a mi pequeño a la escuela. De tarde iba al stud de mi tío que tenía a Sienna, Bambolino y a lo de Abarno que tenía a Escolaso, y los sacaba a trotar o los llevaba al “huevo”, esto lo hacía para pagarme el traslado diario a Las Piedras, también cocía bozales”.

Héctor Lazo. Foto: Fernando Ponzetto.
Héctor Lazo. Foto: Fernando Ponzetto.

Dos años más tarde el panorama comenzó a cambiar: “gané las 50 carreras entre Las Piedras y el interior, con el descargo se hizo todo distinto, ahí se me brindaban más oportunidades, ahí andaba en un quinto o sexto puesto en la estadística, siendo aprendiz. Esto fue en 2011, me llevó un año recibirme de jockey, a esa altura nos mudamos con mi familia a Maroñas, igualmente le seguía corriendo a la familia Marrero. Si me pongo a nombrarte a los que me dieron una mano, no me gustaría dejar a ninguno afuera o olvidarme”.

La familia fue de mudanza y mudanza dentro del barrio “vivimos al principio en una apartamento, hoy ya tenemos casa propia a cuatro cuadras del hipódromo. Creo que el punto de quiebre fue el año de aprendiz, lo que teníamos en mente era comprar la casa y hoy la tenemos. Nunca dejé de trabajar, luego de la compra de la casa nos hemos podido dar un gusto con la familia.”

El recuerdo de la primer carrera fue ”debuté con Casual Boy, de José Valdez con los colores del stud Barcelona, fue la única monta del fin de semana, a los 15 días lo firmé de nuevo y gané la primera en Maroñas. El primer clásico fue con Manchita que la cuidaba Julio Abarno del stud Longchamps el 21 de octubre de 2012”.

En el trabajo de la mañana, Lazo, trabaja del toque de campana hasta el cierre de la cancha, los lunes pasaron a ser diferentes “cuando arranqué esperaba, de 9 o 10 que trabajaba solo corrían uno o dos, podía llegar un ofrecimiento por el descargo, hoy debo seleccionar las montas. Hoy trabajo más cómodo, tengo tres muchachos que trabajan conmigo, Alan Pérez que hace seis años que trabaja conmigo y es mi mano derecha, Nelson Preste y Maikol Molina”.

Con los triunfos la vida cambió “hoy los ingresos son otros, ya tenemos casa propia y no tenemos que pagar un alquiler, pero tenemos nuestros ahorros, es un deporte de mucho riesgo, he tenido la experiencia de rodar, estar parado y se deben pagar las cuentas, a los muchachos, por eso hay que ahorrar, hay que ser precavido por ese lado. Tuve una rodada muy ‘jodida’ con Vito Corleone en un Jockey Club, ahí me rompí la clavícula y demoré en volver, también tuve una caída con rotura de alguna costilla y otra que me afecto el ojo, pero ahora estoy bien”.

El hombre de Villa del Carmen es calmo al hablar y al expresarse, “quizás todavía no me he dado cuenta de lo que logré, pero uno sabe lo que pasó y lo que cuesta llegar. Cambia cuando voy a mi pueblo y la gente quiere una foto, y yo les digo que soy el mismo gurí, me gusta ir a ver carreras ahí, alguna correr, o gente que me escribe del interior. Estoy encantado por que la viví del otro lado y pensaba si algún día podía llegar a ser fulano o mengano. He tenido la suerte y junto al sacrificio puede llegar a estos logros, me enorgullece, pero no me cambia mucho. Uno tiene que seguir trabajando, contando con el apoyo de la familia, hay que tener los pies sobre la tierra. Hoy son momentos buenos, pero hay que estar preparados para los momentos bravos. Después de una jornada de domingo de carreras, si está mi familia, salimos a comer, si no, llegó a mi casa y está la comida pronta, algún domingo si me toca ganar dos o tres me tomo una ‘Coronita’, pero el lunes hay que madrugar”.

El objetivo: “me gustaría mucho ganar un Ramírez, algún clásico que no he ganado en el año, el Ciudad de Montevideo - Jorge Batlle. El anhelo es el Ramírez, pero también me gustaría ganar un Latino”.

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