GUSTAVO KUERTEN

"En Roland Garros decidí que iba a ser tenista profesional"

Gustavo Kuerten llegó a París no sólo para entregar la copa al campeón masculino, sino también para presentar Guga, el libro de su vida, que tiene como subtítulo: "Un brasileño, una pasión francesa." Durante la charla con Ovación, que empezó dentro de la sala de conferencias principal de Roland Garros, habló de todo.

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—¿Cuál fue la idea al decidir escribir estas memorias?

—Traté de profundizar en la búsqueda de mí mismo para entender mejor mi propia historia y tiene mucho que ver en mi relación con este torneo. El libro es básicamente ese camino y las sensaciones que sentí en esa ruta. Las posibilidades de jugar al tenis a mis 10 años eran las mismas que de escribir este libro: 0.0000001%. Es fascinante descubrir lo que uno es capaz de hacer y de la influencia del resto. Quiero mostrarles cómo fue el recorrido de un ser humano común, pero con una vida inusual. No deja de ser la historia de un brasileño más entre 180 millones, pero que es única.

—¿Cuánto tiene que ver París y Roland Garros con esta historia?

—Todos mis sueños comenzaron aquí en 1992. Tenía 15 años cuando vine por primera vez con Larry Pasos (su entrenador de siempre) y fue exactamente como cuando llegué ahora. Había gente por todos lados, filas para entrar y me acuerdo que nos bajamos en Porte Maillot y vinimos caminando. No encontrábamos las canchas, pero empezamos a sentir que algo grande había. Vimos los estadios y entramos. Le pedí al portero que me dejara entrar a ver cómo era por dentro, que era un tenista brasileño y quería conocer pero que no tenía entradas y nos dejó asomar. Larry me había dicho que me pusiera mucho polvo en los zapatos así el portero me creía. La primera vez que puse mis pies en este estadio, supe que algo grande iba a suceder. El ambiente, la química que generó. Todo me hacía suponer esto. Ahora lo estoy diciendo y se me pone la piel de gallina. Hasta los 16 años nunca había jugado un torneo profesional y ese primer día aquí decidí que sería tenista profesional. No imaginaba levantar el trofeo, sino vivir esta experiencia intensamente.

—¿Qué descubrió al bucear en su vida?

—Me sirvió para comprender la importancia de las personas que me rodean. Me llevó casi cinco años, pero lo más importante tiene que ver con la relación con Larry, mi madre, mis hermanos y hasta mi padre, con quien viví apenas ocho años y de la forma en que ellos se comprometieron para que se cumpliera mi sueño. Mi hermano dejó de jugar tenis a sus 15 años para que yo pudiera probar, porque no teníamos dinero para que jugáramos ambos. Mi madre vendió el auto, el piano, algunas alhajas y estaba dispuesta a vender la casa si era necesario. Ese tipo de compromiso de tantas personas me hizo fuerte para seguir en este camino del tenis. Tenía ese increíble poder dentro. Crecí viendo a esa brava madre criando tres hijos, uno con capacidades diferentes, sin esposo. Y también el ejemplo de mi hermano poniéndose feliz con el simple hecho de poder tomar con sus manos una cuchara.

—¿Eso moldeó su personalidad dentro de la cancha también?

—Por esas dificultades que tenía mi hermano, nosotros crecimos aprendiendo a ayudar siempre al prójimo. Era muy duro para mí al comienzo ganarle a alguien. Un día vi a uno en la cancha llorando cuando niños. Fui a consolarlo y al final él me ganó y terminó sonriendo y yo llorando.

—¿Cuánto tuvo que ver Larry Pasos en crear al campeón desde esa personalidad?

—Muchísimo. A los 17 años estaba a mitad de camino y lo miraba a Larry y él me decía: "Terminalo, tenés que ganarle el partido". Pero miraba a mi madre y ella me decía "tranquilo, esto es deporte, hay que ser gentil con la gente". Los junté y les dije que se pusieran de acuerdo porque no sabía qué hacer.

—¿Existen revelaciones de su vida que puedan ser inéditas o que nunca pudo contar?

—Básicamente quiero que conozcan mi vida previa a 1997. Cómo era, que sucedió conmigo, cómo se crearon esas condiciones que me transformaron en campeón. Luego de 1997 el público comenzó a conocerme, pero pocos saben cómo me formé.

—¿Cómo es la cabeza de un tenista de elite?

—Es muy difícil cuando estás dentro de la cancha. Dudamos mucho, creemos que no vamos a poder lograrlo. La segunda vez que gané el torneo, en la final con Magnus Norman, luego del primer match point me sentía como en una montaña rusa. Pensaba si lograría finalmente ganar otra vez el torneo o nunca más lo conseguiría. Nosotros no somos súper héroes. Somos como el resto.

—¿Qué recuerda de cuando lo ganó en 1997?

—Lo más asombroso es que no tenía presión. En el libro escribo cómo sucedió, pero no sé por qué. Jugué contra los mejores después de tercera ronda: Muster, Medvedev, Kafelnikov y no sentía nada de presión. Empecé a encontrarle soluciones a cosas que antes no sabía, pero sin presión porque en ese momento no sabía del real impacto que generaba este torneo. Si lo hubiera sabido, seguro que me hubiera puesto a temblar. Por eso gané ese año. Salí a jugar. Nada más que eso; jugar tenis.

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