DIEGO SCHWARTZMAN

"Yo solo pienso en ganar"

Ganó el Uruguay Open y cerró un año en el que obtuvo su primer título ATP, estuvo 8 semanas lesionado pero logró su meta de estar entre los 50 mejores. Su historia tiene mucho de sudor y esfuerzo antes de estos éxitos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Archivo El País

— ¿Qué lo hizo jugar tenis en lugar de fútbol?

— Sigo siendo más fanático de fútbol que de tenis. Cuando era niño hice todos los deportes y a medida que fui jugando torneos de tenis lo hacía mejor que otros deportes. Fui dejando el resto y me empecé a dedicar más al tenis.

¿Dónde fueron los inicios?

—En la academia Hacoaj, con el Toto Cerúndolo. Ahí me entrené hasta los 15 años.

¿Cuánto influyó el sacrificio familiar para que pudiera jugar tenis?

—Mi familia hizo de todo. En los 90 estaba muy bien económicamente, pero después la empresa familiar se fundió y no había ni para comer. Mi madre iba a los torneos con pulseras o manualidades para que pudiera viajar a jugar. Por ejemplo, de junior no pude jugar ningún torneo porque no teníamos dinero para que viajara, y la Asociación Argentina de Tenis bancaba del uno al tres de cada categoría, y yo no estaba entre esos. Éramos de clase media normal y es muy difícil solventar luego todo lo que el tenis exige económicamente.

—A veces se tiende a pensar que es más fácil siendo argentino recibir apoyo pero no siempre es así, ¿no?

—Es difícil porque hay muchos jugadores y cuando yo era joven había otros que eran mejores que yo. No sobra el dinero para ayudarnos a todos. Ojalá sí pudieran, pero yo estaba más atrás en el ranking. Igual todo sirve para algo. A mí todo eso me ayudó a crecer.

—¿Por algún momento llegó a pensar que tendría que dejar definitivamente el tenis?

—No llegamos a ese punto porque mi familia hizo un esfuerzo enorme. Luego se acercó gente que me fue rodeando para que pudiera seguir esta carrera y de esa forma fue que pude seguir.

—¿Cuándo sintió que pegó el salto y que comenzó a recuperar esos años de tanto esfuerzo?

—En los futures empecé a equipararme con los chicos que habían estado más arriba que yo. Me parece que pasé esa etapa rápido y eso ayudó muchísimo, porque en los futures no hay nada. La ATP los deja de lado. No se gana dinero, al contrario, se pierde y los torneos son muy pobres. Si se logra pasar rápido esa etapa se crece mucho mentalmente y no quedás estancado. Sin lugar a dudas que eso fue lo mejor que me pasó.

—¿Qué tiene de bueno y que tiene de malo ser más chico físicamente que la media de la gran mayoría de los tenistas profesionales?

—Lo malo es claramente en el saque y la palanca para servir. Ser más alto, más largo, tiene muchas facilidades. Te da más potencia y flexibilidad. Siempre fui el más chiquito de la clase y me fui acomodando para reemplazar las armas que no tenía. Nunca pensé en ese tema porque es muy natural de mi forma física. Obvio que me gustaría medir 1.85 metros pero seguramente no estaría jugando al tenis sino de zaguero central en un equipo de fútbol de algún lado.

—¿Cómo evalúa este año con título en polvo ante Dimitrov, final en rápida en Amberers, pero también varios trofeos en la serie challenger?

—Estuve ocho semanas lesionado por una fractura en el dedo en Europa, y a la vuelta tuve que organizarme para jugar torneos y sumar puntos. Era una etapa larga que estuve fuera de las canchas y como me fue bien antes del US Open y me invitaron al torneo de Barranquilla, que era después, y decidí ir para seguir sumando. Por suerte lo gané y regresé a la gira de Asia de ATP, algo que fue muy importante para mí.

—¿Cómo vive este momento de crecimiento?

—Es bastante raro lo que me pasa porque no me doy cuenta de los avances. Quienes me rodean capaz que están más sorprendidos y me mandan mensajes. Me dicen estás en la final, pero yo solo pienso en que quiero ganar. No me vuelvo loco por llegar a una final. En Estambul se fue dando todo justo en una semana en la que había cortado con mi entrenador. A veces en el tenis las cosas suceden cuando menos lo esperás. No pensaba ir al torneo de Estambul y, sin embargo, terminé ganándolo. Fui solo con un amigo y un preparador físico. Muchos hacen todo bien durante el año y finalmente no se le dan los resultados y otras veces estás como más desordenado y sucede que ganás. Siempre hay que estar atento. Hay muchos tenistas buenos y uno nunca sabe cuál será su semana.

—¿Se quedó con ganas de estar en el equipo de la final de la Copa Davis?

—Mirá, los cuatro tenistas que viajaron para la final de la Copa Davis están bien nominados. Nunca se usan los cuatro, aunque Argentina claramente es un equipo, porque todos aportan un punto. A los que quedamos afuera nos hubiera encantado ir, pero hay que mirar por tele y apoyarlos.

PERFIL.

Es el 52 del mundo

Diego Schwartzman nació el 16 de agosto de 1992. Esta semana mejoró seis lugares luego del Uruguay Open y está 52, su mejor histórica en el escalafón profesional. Este año ganó la final del ATP de Estambul ante Grigor Dimitrov, y cayó en la de Amberes ante Richard Gasquet. Además se impuso en el challenger de Barranquilla y el de Montevideo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)