HACIENDO HISTORIA

Davis 1994: el sueño mundial del tenis uruguayo

Hace 25 años, Marcelo Filippini y Diego Pérez derrotaron a Argentina y cayeron con Austria, ante tribunas llenas en Carrasco y la atención de todo el país

Tras el punto decisivo ante Argentina, Diego Pérez y Fillipini son llevado en andas. Foto: Archivo El País.
Tras el punto decisivo ante Argentina, Diego Pérez y Fillipini son llevado en andas. Foto: Archivo El País.

El tenis uruguayo vuelve a soñar con el grupo mundial de la Copa Davis. El reciente triunfo sobre República Dominicana puso a las raquetas celestes en la antesala de esa instancia, nunca alcanzada. Hace 25 años exactos tuvo esa oportunidad, que se presentó después de una gran victoria sobre Argentina y se frustró con una derrota ante una gran figura internacional de aquel tiempo.

Hubo antes dos posibilidades, pero chocaron contra rivales superiores que además jugaron en campo propio. En 1990 fue ante México en la altura del Distrito Federal y en cancha dura, y todo terminó con un incontrastable 5-0 en contra. Dos años más tarde fue en Holanda, sobre carpeta cubierta, y se perdió por 4-1.

En 1994, en cambio, el choque decisivo tuvo como escenario el polvo de ladrillo del Carrasco Lawn Tennis, el ámbito natural de los representantes uruguayos, Marcelo Filippini y Diego Pérez, dos de los mejores tenistas que dio este país. Por esos días Filippini se encontraba en el puesto 59 del ranking, en tanto Pérez, que alguna vez estuvo en el lugar 27, en ese momento había bajado hasta el 478. El capitán era José Luis Damiani, otro referente de este deporte.

El partido que abrió las puertas fue ante Argentina, la principal potencia en América del Sur, aunque en aquel 1994 ya no contaba con sus grandes estrellas. Pero trajeron muy buenos jugadores, como Gabriel Markus (78 en el ranking) y Javier Frana (102).

Se jugó del 15 al 17 de julio de 1994 ante un estadio repleto en Carrasco. Repleto y ruidoso, con una batucada que alentaba pero también algunos gritos hostiles que calentaron el ambiente más allá de lo habitual en el tenis hasta parecer la Copa Libertadores. Incluso había hinchas argentinos que hacían lo suyo: uno de ellos, el conocido actor Jorge Martínez, tuvo que ser retirado por la policía. Markus se mostró frío ante todo eso, pero Frana reaccionó mal varias veces.

A estadio lleno se disputaron los juegos en el Carrasco Lawn. Foto: Archivo El País.
A estadio lleno se disputaron los juegos en el Carrasco Lawn. Foto: Archivo El País.

Filippini derrotó a Frana en el primer partido (7-5, 6-0, 5-7, 6-4): era la primera vez en la historia de la Davis que un tenista uruguayo superaba a un argentino. Sin embargo, a segunda hora Markus venció claramente a Pérez (6-2, 6-3, 6-4). En la conferencia de prensa posterior, Diego fue sincero: “No me gusta defraudar a nadie, pero acá hay una realidad: hace tres meses que no gano un partido...”

Sin embargo, esa racha terminó al día siguiente, con el dobles. Junto a Filippini batieron a Frana y Pablo Albano por 7-6 (7-5), 3-6, 6-3, 6-4 y pusieron a Uruguay adelante.

El triunfo estaba al alcance de la raqueta de Filippini. Sin embargo, este cayó ante Markus luego de ganar el primer set (5-7, 6-2, 6-2, 6-2). Todo quedaba en las manos de Diego Pérez, quien luego confesaría que no había hecho un plan de juego porque estaba seguro que su compañero ganaría.

Frana comenzó quebrando el saque del uruguayo y se encendieron las alarmas. Después Diego tomó el control del juego y empezó a sumar puntos. Se llevó los dos primeros sets (6-3 y 6-4) pero en el tercero se le complicó.

“Vas a llegar al tie break y lo vas a ganar. La gente te va a ayudar”, le dijo entonces Damiani. Y así fue: Pérez se quedó con el set, el partido y la clasificación uruguaya. De inmediato, el público invadió la cancha y levantó en andas a los tenistas uruguayos.

Dos días más tarde se realizó el sorteo del repechaje al grupo mundial, que puso a Austria en el camino, del 23 al 25 de septiembre. Y con Austria llegaba Thomas Muster, número 15 del mundo en aquel momento y uno de los mejores tenistas del mundo sobre polvo de ladrillo. El año siguiente ganaría Roland Garros y en dos años sería número uno mundial por seis semanas. Un gran jugador, bastante antipático también.

Diego Pérez y Marcelo Filippini, la dupla uruguaya en acción. Foto: Archivo El País.
Diego Pérez y Marcelo Filippini, la dupla uruguaya en acción. Foto: Archivo El País.

En el primer partido ya lo demostró, ganándole a Diego por un rotundo 6-3, 6-2, 6-3. “Pérez está medio viejo”, comentó luego en alemán (no respondió preguntas en otro idioma) durante la conferencia de prensa.

A continuación, Filippini se midió con el número dos austríaco, Gilbert Schaller, otro tenista destacado (entonces figuraba 37 en el ranking). El uruguayo ganó con solvencia los dos primeros sets y parecía encaminarse a una victoria. Pero al realizar un saque en el tercero sufrió un tirón en la pierna derecha y empezó a sentir molestias. Y se vino abajo: perdió ese set 6-0 , el siguiente por idénticas cifras y su último esfuerzo en el quinto solo alcanzó para un 3-6.

Con el 2-0, todo parecía liquidado a favor de los europeos. Sin embargo, la dupla celeste alcanzó el sábado un gran triunfo sobre Alex Antonitsch-Horst Skoff (7-5, 7-5, 3-6, 6-3) y mantuvo la chance hasta el día siguiente.

Claro, había que ganarle a Muster. Filippini le dio pelea en el primer set, que el austríaco se terminó llevando por un ajustado 7-5, pero luego este se quedó con el partido gracias a un doble 6-1.

Para cerrar la serie, Pérez le ganó a Schaller ( 6-7, 6-4, 7-5) y dejó en el aire la pregunta de qué hubiera sucedido si Marcelo no se hubiera lesionado en su primer partido. Pero el clasificado era Austria, que en 1995 avanzó hasta los cuartos de final de la Davis. Uruguay volvió a las batallas habituales contra rivales americanos.

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