ELIMINATORIAS

Vecino llegó a la selección mayor para adueñarse del medio

Fiorentina no quería dejarlo ir, pero el Inter de Milán puso sobre la mesa 24 millones de euros para llevarse al volante nacido en San Jacinto.

Matías Vecino en la selección uruguaya
Palermitano. Matías Vecino dejó su San Jacinto natal para jugar en las formativas del club  Central Español. 
Tricolor. Pablo Boselli lo colocó en Nacional en épocas de Ricardo Alarcón y el “Muñeco” Marcelo Gallardo.
Matías Vecino hoy es titular en el Internazionale milanés.
Matías Vecino

Con pasado en la selección Sub 20 (jugó el Sudamericano de Perú y el Mundial de Colombia), Matías Vecino fue convocado por primera vez a la selección mayor el año pasado. Debutó el 25 de marzo frente a Brasil en Recife. Llegó sin hacer mucho ruido, pero se adueñó enseguida de la mitad de la cancha. Desde entonces jugó diez partidos con el equipo de Tabárez, nueve como titular.

Vecino nació en San Jacinto hace 26 años. Desde allí llegó a Central Español. En realidad, la intención de Ruben García, quien suele organizar campamentos entre los chiquilines de la zona, era traerlo a Nacional. Con pasado como futbolista tricolor -cuenta orgulloso que pidió pase el mismo día que Eduardo de la Peña- y conocimiento del club, llegó con varios jovencitos “canarios”.

“La verdad es que en Nacional ni lo miraron, entonces le dije que se quedara tranquilo que él iba a jugar al fútbol y lo llevé a Central Español”, recordó García, quien conoce al futbolista del Inter desde que nació.

Matías era compañero en el colegio San José de San Jacinto (donde siempre fue un alumno seriecito y aplicado) de una de las hijas de García. La muerte de Mario -el papá de Matías- que trabajaba en un reparto de Conaprole en un accidente de tránsito, hizo que García tomara un poco la posta con el jovencito, que tenía entonces 13 años.

Doris, mamá de Vecino y profesora de inglés de profesión, se quedó sola de un día para el otro y tuvo que hacerle frente a la vida para criar a sus tres hijos; dos varones y una niña. Justamente, la hermana de Matías acaba de recibirse de abogada y el pecho de Doris se llenó de orgullo. De la misma forma que cuando el Inter de Milán pagó 24 millones de eurros por Matías.
“Siempre supe que iba a llegar. Tiene muchas condiciones y una gran personalidad. Por suerte ya se aseguró el futuro”, contó García, feliz por haber contribuido en su carrera.

Los primeros tiempos de Vecino en Central Español no fueron fáciles. Las formativas palermitanas entrenaban en el kilómetro 16 de la ruta 8, en el complejo de Los Maristas. Ir a entrenar y regresar a su casa en San Jacinto le llevaba unas cuatro horas por día en ómnibus.

Allí, en las divisiones formativas de Central Español, concretamente en la Quinta y Sexta División, fue dirigido por Daniel “Pecho” Sánchez. “Un pibe bárbaro ya de chiquito. La rompía. En aquel momento jugaba como volante de creación, era el enlace”, recordó Sánchez.

El “Pecho” fue quien lo subió a Primera en el año 2010. “Los subimos a él y a Diego Riolfo, eran los dos que más se destacaban en las categorías menores. Matías me jugaba de enlace o de media punta. Miguel Peirano estaba en la Cuarta y hablábamos mucho de Matías. ¿No será muy pibe? nos preguntábamos, porque estábamos peleando el descenso. Pero Miguel estaba de acuerdo en que lo subiera”, relató Sánchez.

“Hubo un partido con Rampla en el Olímpico en que nos jugábamos la vida. Si perdíamos, descendíamos. Empatamos 0 a 0 y se dieron otros resultados que nos permitieron zafar. Recuerdo que Matías jugó en gran forma. Pegó una pelota en el palo. ¡Lo que rindió fue impresionante! Y era un chiquilín de 19 años”.

Hoy Sánchez, siente una gran alegría de haber tenido algo que ver con la carrera de Vecino. “Son esas cosas que te pasan en la vida como técnico que te reconfortan. Tengo un gran recuerdo de Matías, era un pibe extraordinario y un gran profesional. No tuve más contacto con él, pero me encantaría darle un abrazo y felicitarlo”, finalizó.

Estando en Central fue citado a la Sub 20 que dirigía Juan Verzeri y que peleó el título hasta el final. Gracias a un gol de Vecino en ese certamen Uruguay volvió a los Juegos Olímpicos luego de 84 años. Sin embargo, le costó consolidarse en la Primera palermitana. En ese momento era representado por “Tito” Sierra y su hijo Gonzalo, quienes siguen estando cerca suyo. Ellos y Ruben García se lo presentaron a Boselli, quien compró la ficha del volante. Habló con Ricardo Alarcón y lo llevó a Nacional. Allí fue dirigido por Marcelo Gallardo.

Defendió a los tricolores dos temporadas y también le costó afianzarse. De allí pasó a la Fiorentina, cuyo director deportivo vino a verlo en un partido en el Parque Central, donde entró faltando 30’. Sin pasaporte comunitario, a sus representantes (hoy lo maneja el italiano Alessandro Lucci, quien es socio de Boselli) les llevó dos años la negociación con el club de Firenze. Al final, lograron llevarlo, pero sin que lo compraran. El trato fue que iba por seis meses y si en ese lapso salía el pasaporte, se quedaban con él. Pero no le salió. Estuvo seis meses entrenando sin jugar. De todas maneras, causó tan buena impresión que al final lo compraron sin el documento.

Pero se repitió la historia de Central Español y Nacional y no le resultó fácil consolidarse. Lo dieron a préstamo a Cagliari. Por esas época seguía mostrando sus grandes condiciones, pero le faltaba ser un jugador de los 90 minutos. Cagliari no hizo uso de la opción y regresó a Fiorentina, que lo volvió a prestar a Empoli.

Y allí, en el equipo de La Toscana, Matías explotó. Comenzó a ascender en su carrera y nunca más paró. Se convirtió en figura. Tanto, que Fiorentina no quería negociarlo y si el Inter se lo llevó fue porque puso 24 millones de euros sobre la mesa. Fue el pase más caro de un uruguayo detrás de los de Suárez y Cavani.

“Creo que le costó tanto consolidarse porque aún no había madurado intelectualmente, algo que es muy necesario para un futbolista, sobre todo cuando se tiene que insertar en otro mundo, con otras costumbres y otro idioma”, analizó Boselli.

Luisina es la pareja de Matías desde que ambos eran adolescentes. Ella es de San José y se conocieron en un baile. La joven viajó con él desde el principio y a los seis meses ya hablaba perfecto italiano. Fue su sostén cuando no jugaba y cuando las cosas no salían. Hoy ambos son los felices padres de Genaro.

“Lo bueno está por venir”, le dice siempre Ruben García. Es que el hombre que lo trajo por primera vez a Montevideo, está convencido que además de su gran recorrido en la cancha y de la buena técnica será el capitán de la selección del futuro.

San Jacinto ida y vuelta

Pasaba cuatro horas por día arriba de un ómnibus para ir a entrenar en las formativas de Central Español.

Le cayó bien la Toscana

Fue en Empoli, donde fue cedido de Fiorentina, que hizo un click y explotó. Antes le costaba afianzarse.

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