SUDÁFRICA 10 AÑOS 

Lo que dejó la goleada de Uruguay por 3-0 ante Sudáfrica hace una década

El equipo del maestro Tabárez conseguía hace 10 años su primer triunfo en el Mundial de Sudáfrica ante el local empezaba a encaminar la clasificación.

“La Celeste” salvó un parcial de historia. Esa, si acaso, puede ser la interpretación justa, medida, sobria, del triunfo obtenido ayer frente a Sudáfrica. Tal vez se puede considerar que con el 3-0 terminante, inapelable, Uruguay quebró la historia —o la tradición— de los mundiales, donde el local siempre ha pasado la primera fase, algo que en esta oportunidad, y como consecuencia directa del resultado de la víspera, parece altamente improbable, porque la chance de los sudafricanos —que en el tercer partido de la serie tienen que enfrentar a Francia— está sumamente complicada.

De la misma forma es posible decir, sin lugar a equivocarse, que en vez de quebrarla, Uruguay hizo pesar —e impuso— la rica historia que tiene el viejo y glorioso fútbol uruguayo ante un rival totalmente carente de pergaminos en ese plano y que, por si fuera poco su pobre pasado, demostró que su presente no es para nada mejor, como quedó demostrado a través de la circunstancia de que la primera llegada del conjunto local al arco celeste fue a los 39 minutos del primer tiempo, cuando Mphele metió un cabezazo que se perdió —lejos e inocentemente— por encima del travesaño.

Álvaro Pereira festeja con ganas su gol ante Sudáfrica. Foto: Gerardo Pérez
Álvaro Pereira festeja con ganas su gol ante Sudáfrica. Foto: Gerardo Pérez

A UN PASO. No interesa ahora cuál es la mejor interpretación, o la que vale. Lo cierto, lo que cuenta, es que Uruguay ganó, hizo tres goles —igual que la tarde coreana en la que, sin embargo, quedó eliminado hace 8 años—, y quedó a un paso de la segunda fase, a la que no llega desde el 90, en el Mundial de Italia. No es poco, al fin y al cabo. Además, por la forma cómo le ganó “la Celeste” ayer a Sudáfrica, aún por encima, o más allá, del limitado poderío del adversario, que después de todo— quizá esto sirva como referencia para el futuro inmediato— le había empatado en el primer partido a los mexicanos.

Uruguay fue un equipo sólido, compacto y, pese a que en el primer tiempo no pudo concretar todas las llegadas que fabricó, por lo que terminó ganando con el zapatazo que Forlán metió desde afuera del área, tuvo volumen de juego, porque el delantero del Atlético de Madrid —jugando retrasado por la izquierda, mientras Cavani lo hacía por el otro costado de la cancha— fue el eje perfecto para poner en funcionamiento las diagonales y desbordes, no siempre bien culminados pero penetrantes, que Suárez protagonizó por la derecha y también las llegadas imprecisas que hizo el propio Cavani.

EL BLOQUE. Así, entonces, como Pereira y Fucile subieron por los laterales, por más que a veces no cerraran esas incursiones con la precisión adecuada, Uruguay fue un equipo sólido, compacto; bien parado atrás, donde solo hubo ocasiones en las que no ganó en el juego de alto, aunque ello no tuvo consecuencias adversas por las limitaciones ofensivas de su contrincante, y agresivo en materia atacante, por más que en los papeles jugó únicamente con un punta —Súarez—adelante.

Ese bloque celeste fue inexpugnable para Sudáfrica, que en el primer tiempo tuvo un poco más de posesión de la pelota que Uruguay, pero en el segundo —como si estuviese desanimado— bajó los brazos y, entonces, permitió que “la Celeste”, con el protagonismo de Forlán, para habilitar a Suárez en las jugadas previas al penal y el tercer tanto, como para también rematar la pena máxima, y con la profundidad que tuvieron las maniobras
del salteño sobre los dos flancos del área adversaria, lo dinamitara, lo rematara y, quizá, hasta lo dejara prácticamente eliminado.

Por todo esto, pues, Uruguay ayer salvó un parcial de historia. Da lo mismo si es porque la quebró o porque la impuso. Lo importante de todo esto es que está a punto —quizá a uno solo— de clasificar a la segunda fase; algo que también es parte de la historia, porque ocurrió hace ya 20 años, en el Mundial de Italia 1990.

Crónica escrita por Jorge Savia, enviado de Ovación, publicada el 17 de junio.

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