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Para recordar durante toda la vida

Hace siete años se vivió un partido épico, un golazo, una atajada heroica, un penal que no eliminó a la Celeste porque el caño fue hermano de Muslera y dio vida para la definición extra, la "picadita" del "Loco": Uruguay-Ghana aquel 2 de julio de 2010 será por siempre inmortal.

La atajada de Luis Suárez en el Uruguay-Ghana del Mundial Sudáfrica 2010. Foto: AFP
La atajada de Luis Suárez en el Uruguay-Ghana del Mundial Sudáfrica 2010. Foto: AFP
Uruguay Ghana
Uruguay Ghana
Muslera en el partido Uruguay - Ghana, mundial Sudáfrica 2010. Foto: Gerardo Pérez
Muslera en el partido Uruguay - Ghana, mundial Sudáfrica 2010. Foto: Gerardo Pérez
Abreu y el Tabárez final del partido Uruguay - Ghana en el mundial de Sudáfrica 2010. Foto: Gerardo Pérez
Abreu y el Tabárez final del partido Uruguay - Ghana en el mundial de Sudáfrica 2010. Foto: Gerardo Pérez
Abreu y Tabárez previo en la definición por penales de Uruguay - Ghana. Foto: Gerardo Pérez
Abreu y Tabárez previo en la definición por penales de Uruguay - Ghana. Foto: Gerardo Pérez

Muchos uruguayos tuvieron la suerte de vivirlo ahí mismo, dentro del Soccer City de Johannesburgo. Debe de haber sido electrizante. Una fuente de sensaciones emergiendo con una singular fuerza para terminar provocando el mayor desborde que se pueda recordar por culpa de una locura sin fin.

Otros nos quedamos en el suelo más celeste del mundo, pegaditos al televisor, parándonos con el puño hacia adelante, abandonando por completo la calma y tratando de entregar un ensordecedor grito como si eso hubiese sido capaz de ser escuchado a más 10.000 kilómetros de distancia.

Uruguay en Sudáfrica 2010. Qué experiencia enriquecedora desde la labor colectiva del equipo, desde el poder de convocatoria que generó una selección de fútbol, desde la increíble sensación de que todos los uruguayos podían unirse en pos de un objetivo deportivo.

Cómo olvidarse lo que fue Montevideo en cada contienda de la Copa del Mundo del continente africano. Cómo no recordar lo que se vivió en Salto, Paysandú, Maldonado, Colonia y Rivera. Cómo no tener presente los niños embanderados de pies a cabeza en las escuelas, los automóviles luciendo con orgullo más de una banderita uruguaya en sus ventanas o los comercios decorando sus vidrieras con los gigantescos posters de Ovación.

Y mucho menos probable olvidar aquel 2 de julio de 2010. Pasaron siete años, pero todavía recuerdo a cada uno de mis compañeros pegados a los televisores, cruzando los dedos, vociferando contra el juez, contra los jugadores africanos, gritando por Luis Suárez, alentando a Fernando Muslera, suplicándole a Sebastián Abreu.

¿Te acordás bien? Era el 2 de julio de 2010. Un tal Sulley Muntari, a los 47 minutos de juego nos había congelado el corazón. Nos había paralizado por segundos, porque después no creo que no haya existido en ningún rincón del Uruguay la firme esperanza y confianza de que algo iba a pasar para que la fiesta no fuera africana.

Y pasó. Apareció el dueño de la pelota. ¿De qué otra manera se le puede designar al extraordinario Diego Forlán de Sudáfrica 2010? Nadie como él para sacarle juego a aquella escurridiza Jabulani. Tiro libre y golazo para el 1-1 a los 55 minutos.

Así terminaron los 90 minutos y vino el infartante alargue. Ay, Dios. Qué manera de gritar por cada jugada. Qué manera correr, saltar, cabecear, mover las piernas como si estuviese en la cancha, una brutal imitación de aquel cabezazo de Víctor Púa del Mundial de Corea y Japón 2002 cuando el "Chengue" no pudo mandarla a guardar.

Y si de nervios se trata, el pico más alto llegó con la pelota que se metía en el arco con Fernando Muslera vencido. Hasta que apareció un Luis Suárez volador, ganándole a otro "arquero suplente" que fue Jorge Fucile y sacando lo que iba a terminar rompiendo la ilusión celeste.

Penal para Asamoah Gyan... y "Dios salve al travesaño" milagroso que evitó lo que parecía inevitable. Lo que vino después fue mágico, increíble. Para guardar para toda la vida y recordarlo siempre.

Definición por penales y el iluminado Sebastián Abreu tuvo en sus pies la clasificación a las semifinales de la Copa del Mundo. Todo Uruguay sabía lo que iba a pasar, menos mal que el arquero africano no había repasado ningún video del "Loco".

Era un 2 de julio de 2010 y la "picadita" de Abreu provocó el mayor griterío que recuerde. Imposible de olvidar.

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