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Por ahora es solo un mensaje, porque falta la puesta en escena

Gastón Pereiro y Federico Valverde están entre los 25 convocados de Tabárez, pero para que el cambio sea real falta la decisión más importante: la de mandarlos a la cancha.

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Fotos: archivo El País.

El fútbol lo puede todo. El balón comienza a rodar y se espantan las dudas, se esfuman los miedos y se diluyen los gritos de protesta. Claro, todo hasta que llega el pitazo final, porque ahí, si todo salió por debajo de lo esperado, pueden regresar las sombras con la misma intensidad que tenían 90 minutos atrás.

Hoy hay un respiro, una especie de tanque de oxígeno a la ilusión porque la convocatoria de la selección uruguaya incluyó a jóvenes futbolistas llamados a convertirse en los dueños del corazón de los hinchas. Está claro que, en gran medida, esta noticia que ilumina de manera extrema el camino del futuro tiene como argumento básico los colores que defendieron esos chicos.

Y sí, las malas caras desaparecen porque Federico Valverde es el ícono de la cantera de Peñarol y porque Gastón Pereiro es el símbolo de la cantera de Nacional. Entonces, lo que hay es una fascinada admiración porque el fruto de sus divisiones formativas se ve reflejado en la nominación de 25 jugadores.

Y eso que a la gran mayoría se le escapa del nombre de Mauricio Lemos, otro de las grandes promesas de este mágico país que todavía sigue aportándole al mundo grandes jugadores de fútbol. Pero ojo, que Lemos no es un muchachito como para elegir recién en último lugar. Salvo que se crea que lo que ha hecho hasta ahora en la Liga de España (para muchos la mejor del mundo, para otros la segunda por detrás de la Premier) sea poca cosa. Hay algo concreto: en España es muy valorado.

Pero volvamos al asunto anterior. Pereiro y Valverde son el salto a la nueva época y así se siente en cada charla futbolera que se pueda entablar con tricolores y carboneros. Pero hay un detalle de enorme trascendencia que todavía no se sabe si se va a dar. Para que ese sea el salto definitivo tiene que llegar la puesta en escena.

La apuesta verdadera al cambio llegará en el momento que Óscar Tabárez le diga: “señores, a la cancha”. Hasta que eso no se vea, se mantendrá la expectativa, pero no se cumplirá con ella.

La travesía puede llegar a ser tan larga como la que le ha tocado vivir a Giorgian De Arrascaeta, a Nahitan Nández o a Diego Laxalt. El único ejemplo que rompe con el molde es el de José María Giménez, porque ni siquiera puede compararse con ellos la situación de Matías Vecino (llegó y jugó) porque ya tenía más edad y mayor recorrido.

A lo mejor la necesidad de encontrar un repunte fuerte en el nivel de juego, que posibilite terminar con la sequía de puntos que se arrastra desde hace tres partidos, son la fuente de inspiración para dar un giro inesperado. Y que Valverde y Pereiro, además de ilusionar por aparecer entre los 25, tengan la oportunidad de acrecentar en los hogares uruguayos la convicción de que se viajará a Rusia 2018.

Será cuestión, entonces, de lo que analice y decida Óscar Tabárez y su cuerpo técnico desde el lunes próximo en el Complejo Celeste. Hasta tanto, solo se puede tomar como un pequeño mensaje de esperanza.

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