EL HOMICIDIO DE VILLA GESELL

El día después del crimen para el rugby argentino

El caso en que 10 rugbiers están acusados de asesinato conmovió al país y obliga al deporte a tomar medidas

Rugbiers argentinos presos
Acusados del crimen de Villa Gesell son trasladados por la policía.



Por encima de la política, del fútbol o cualquier otro tema, el asesinato de un joven presuntamente por un grupo de jugadores de rugby a la salida de un boliche de la localidad balnearia de Villa Gesell conmueve a Argentina. Y la onda expansiva de este explosivo caso afecta también al rugby, acusado de promover una cultura violenta y pendenciera, así como de ser un juego de una clase alta cerrada y sin empatía hacia otros sectores sociales.

Tampoco ayudó el comunicado emitido pocas horas después del crimen por la Unión Argentina de Rugby (UAR), en el cual no hay menciones a que se trató de un asesinato: “Lamentamos profundamente el fallecimiento de Fernando Báez Sosa esta madrugada en la localidad de Villa Gesell y queremos expresar nuestra mayor solidaridad para con sus familiares”, se dice en el texto.

Además, el caso reactivó historias sobre incidentes provocados por grupos de rugbiers que atacan a otros jóvenes, que por lo general son menos y más pobres. Por lo menos, así fue el esquema de Villa Gesell: el muerto, Fernando Báez Sosa, era hijo de un portero de edificio, en tanto los detenidos por el hecho pertenecen a familias acomodadas de la ciudad de Zárate, algunos incluso son hijos de altos funcionarios locales.

Diez jugadores de rugby, entre 18 y 20 años, están acusados de haber golpeado hasta la muerte a Fernando. Ocho de ellos permanecen detenidos, dos hacen parte de la investigación pero están en libertad y se estudia la implicación de otra persona. De acuerdo con un testigo, a Fernando le decían: “Te vamos a matar, negro de mierda”.

Una triste tradición del rugby (aunque también de otros deportes) consiste en el “bautismo” a los recién llegados al club, que sufren violencia y humillaciones con supuestos fines festivos. Por eso varios clubes resolvieron prohibir ese tipo de prácticas. También es costumbre que tras el partido los rivales se reúnan en el club, en lo que se llama “tercer tiempo”. Pero eso incluye abundantes ingestas de alcohol, en las cuales participan también jugadores casi niños de las divisiones juveniles.

Algunos exjugadores de rugby salieron a hacer declaraciones ante el caso. Buenaventura Mínguez, un exintegrante del seleccionado argentino pidió disculpas en una carta pública, pero reivindicó el modelo de los valores del rugby. “Ni mejores ni peores, diferentes”. Jon Uriarte, exinternacional de vóleibol, le contestó recordando que muchos otros deportes tienen esos mismos valores. Y que no hay motivos para una “superioridad ética” que suele confundirse “con cofradía de machismos varios, excluyente de los que no pertenecen”, y agravada por “el uso de la agresividad física que se torna bravo para los que están afuera del propio rebaño”.

“El rugby debe hacerse cargo”, afirmó el periodista Jorge Búsico en una columna de La Nación. Y dijo: “El asesinato de un joven perpetrado de manera cobarde y artera por un grupo de personas que juegan al rugby plantea una profunda mirada hacia adentro de quienes forman parte del rugby en la Argentina. Porque no se trata de un episodio único. Este tipo de situaciones, de rugbiers en manada lastimando gente y destrozando lugares, vienen ocurriendo desde hace tiempo y de forma reiterada. Por ejemplo, la familia de Ariel Malvino lleva 14 años esperando que la Justicia se expida por la muerte de su hijo de 19 años, a quien jugadores de rugby asesinaron a golpes y piedrazos en una playa de Brasil”.

Matías Enríquez, en el diario Perfil, reclamó sin embargo evitar las generalizaciones: “Todos debemos replantearnos por qué existe esta escalada de violencia en la sociedad argentina. Porque hoy fueron chicos que practican rugby, pero ayer fueron jóvenes que jugaban al fútbol, al básquet o mismo personas que concurren a un gimnasio. No es algo propio de un solo deporte sino de una crisis que es transversal a toda la sociedad y que tiene como génesis la ausencia de la educación y los valores, tanto en el hogar como en las escuelas”.

El episodio tiene incluso consecuencias económicas: según un informe de La Nación, varias empresas que patrocinaban equipos de rugby dejaron de hacerlo. Y en otros casos hubo postergaciones para cerrar contratos ya acordados.

"Las marcas se asustaron. El sponsoreo en rugby es más aspiracional que comercial, y con lo que pasó y la repercusión mediática negativa que tuvo a las empresas se les hace difícil defender la inversión en rugby. Hay temor a seguir haciendo acciones vinculadas con el rugby”, comentó un empresario.

Otras compañías se mantendrán junto al rugby, pero con un nuevo enfoque. algunas firmas vieron en la crisis de la imagen del rugby en la sociedad, una oportunidad para fortalecer su marca llevando un mensaje constructivo.

La cerveza Imperial, por ejemplo, pondrá el foco en el consumo responsable de alcohol. La marca Renault auspiciará acciones que promuevan públicamente los valores deportivos de compañerismo, esfuerzo y espíritu de equipo, educación y difusión de valores de igualdad e integración social.

La Nación también informó sobre acciones que están tomando los clubes y la UAR para cambiar las actitudes que son motivo de críticas. “La sensación es de que dejaron de mirar al costado y empezaron a charlar de una realidad que existe. Parece haber acuerdo en que el rugby no es un criadero de criminales pero tampoco una reserva moral”, indicó el diario.

Algunas instituciones empezaron a ofrecer charlas formativas sobre prevención de violencia, consumo responsable y perspectiva de género. Otros clubes ya venían haciéndolo, pero la coyuntura los obligó a reforzar y dar mayor visibilidad a sus acciones. También endurecieron sus posturas y avisaron que recurrirán a sanciones disciplinarias en caso de que alguno de sus jugadores esté involucrado en episodios fuera del club.

Por ejemplo, el Biguá Rugby Club de Mar del Plata anunció en un comunicado cuatro medidas: eliminar el alcohol de los terceros tiempos en todas las divisiones; prohibir todo “bautismo” que involucre acciones violentas o invasivas; organizar un ciclo de charlas acerca de comportamientos de grupos, violencia de género y noviazgos violentos, y sancionar disciplinariamente a todo jugador que actúe incorrectamente tanto en la cancha como fuera de ella.

Hindú, el club más exitoso de los últimos años, está programando para lo inmediato una serie de charlas con profesionales para las divisiones inferiores y el plantel superior sobre alcoholismo, drogadicción y violencia.

En la ciudad de La Plata existe una importante concentración de rugbiers, porque funcionan seis clubes. Y en algunos casos existen entre ellos fuertes rivalidades. Hasta hace un tiempo se reiteraban los entredichos y las peleas entre jóvenes de esos clubes. Todos se organizaron para poner freno de una manera creativa: formaron un combinado platense para que jugara amistosos. Eso generó que muchos jugadores se hicieran amigos y hoy se considera que las peleas quedaron atrás.

La UAR, mientras tanto, anunció un programa de capacitación cultural y social para jugadores, padres y personal de los clubes con el fin de “concientizar y prevenir sobre violencia”. El plan estará a cargo de comisión especial y una consultora que se contratará.

“Queremos abordarlo en profundidad para generar una transformación y no apagar un incendio”, dijo el presidente de la organización Marcelo Rodríguez. Las acciones, explicó, alcanzarán a los padres, a los que tanto la UAR como los clubes consultados ven como una “pata fundamental” para generar este cambio.

El informe indica que en el ambiente del rugby se rechaza el estereotipo de deporte de “chicos bien” y despreocupados socialmente. Citan que el juego es cada vez más utilizado como herramienta para reinsertar en la sociedad a personas privadas de su libertad y para la inclusión de chicos de clases bajas.

Se sostiene además que en Nueva Zelanda, donde el rugby es el deporte nacional, los índices de delincuencia son muy bajos.  Mientras se sigue la evolución del caso Báez Sosa, el mundo del rugby argentino también debate.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error