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Cristofer Soares De Lima disfruta de su presente

Dejó Rivera para dedicarse al rugby; vivió en el Cricket y en el Charrúa; hoy integra el plantel de Los Teros.

Tomó una de las decisiones más importantes de su vida: dejar Rivera, su ciudad natal, para irse a Montevideo, lejos de su familia, y hoy disfruta de un presente plagado de felicidad. Cristofer Soares De Lima se decidió por el rugby y aunque estuvo a punto abandonar por una fractura, el amor pudo más y ahora pelea por ser uno de los 26 Teros que jugarán el Mundial de Inglaterra.

A los 18 años estudiaba y trabajaba de noche en un free shopp de Rivera. Mientras tanto, jugaba al fútbol, pero era el "gordito" y siempre lo dejaban de lado, hasta que se cruzó en su camino Aparicio, un entrenador de rugby de Arlequines. "Me dijo para ir a entrenar y probar. Fui y la verdad me sorprendí. Me gustó mucho, me enganché y no dejé más", le contó Soares a Ovación.

"Siempre busqué un deporte de contacto y en el rugby lo encontré. También me gustó la amistad y el grupo de amigos que se forma alrededor de cada plantel", agregó.

Cuando recién le empezaba a agarrar el gustito a este deporte, Arlequines se presentó como es habitual a jugar el Valentín Martínez en Carrasco Polo. Allí lo vio Bruno Grundwalt, por ese entonces entrenador de Los Teritos M20, y le preguntó si quería jugar en la selección juvenil.

"Defender a Uruguay es el sueño de todo deportista. Me costó mucho tomar la decisión. Fue difícil. Tenía que dejar de trabajar y ver qué me encontraba en Montevideo. Pero mi familia de apoyó muchísimo en todo momento y si era lo que me gustaba hacer no tenían problema en ayudarme. Entonces me largué", recordó el jugador.

Y así fue que cambió la vida de Cristofer Soares De Lima. El pibe que encontró su lugar en el rugby, se alejó de su familia de sangre, pero fue adoptado por una nueva: la del Montevideo Cricket Club.

El decano recibió con los brazos abiertos al riverense, le dio un lugar para vivir, un trabajo y lo sumó al plantel. "No tenía cómo mantenerme en Montevideo y en el Cricket me recibieron y me apoyaron muchísimo. Al principio extrañaba un montón. Llamaba todos los días a Rivera, hablaba con mi familia pero ellos me dieron siempre para adelante, que estuviera tranquilo y que si la estaba pasando mal en algún momento que me volviera. Eso me dio fuerzas, me fui adaptando y ahora no me voy más", remarcó Cristofer.

En el Cricket, Soares trabajó en el mantenimiento de canchas y gimnasios. "Me fueron enseñando porque no sabía nada. Me gustó mucho todo, desde lo que hacía hasta la gente del club y la tranquilidad del lugar (Ruta Interbalnearia kilómetro 23.500). La verdad fue algo muy importante para mí porque me dieron trabajo y logré un ingreso para poder mantenerme", dijo.

Mientras la vida de Cristofer transcurría en el Cricket, en paralelo ya se sumaba a Los Teros, siendo parte del proceso de selección que desembocó con Uruguay en el próximo Mundial de Inglaterra.

Pero muchas cosas pasaron en su vida durante ese largo camino al "sueño cumplido". En 2013, un día antes de viajar con la selección a la Tbilisi Cup, en el partido que PSG le ganó a Cricket 48 a 18, Soares se fracturó la tibia y el peroné. "Me acuerdo que fue un día de lluvia, había mucho barro, quedé con el pie trancado, me tacklearon y se voló la pierna. Me quebré. Ahí se me frenó todo. Viajaba al día siguiente a Georgia y me desperté en el hospital. Fue bastante chocante. Ahí dije ta, ya está, se terminó todo, no puedo jugar más. Pero pasó todo lo contrario. Volví y tengo una pierna más fuerte que la otra", contó.

Si bien eso ya es parte del pasado, para Cristofer ese fue un momento de quiebre: "Se venían las Eliminatorias y yo estaba en buen momento, jugando y sin lesiones. Esa fractura me hizo repensar todo, pensé en abandonar. Pero el día que me operaron se llenó la habitación en el postoperatorio con mis amigos del cricket, mi familia y hasta gente de otros clubes y ahí me dije ¿por qué voy a dejar ahora si se vienen las Eliminatorias y puede ser que llegue?. Solo dependía de mí. Recibí el apoyo de todo el mundo y arranqué la recuperación".

Y esas ganas de superarse fueron las que lo llevaron a volver al lugar en el que estaba: jugando en el Cricket y en Los Teros, buscando la clasificación al Mundial.

Una fractura de tibia y peroné, por lo general, demanda no menos de seis meses de recuperación para que un deportista vuelva a la actividad. Cristofer Soares De Lima le puso toda la garra y el corazón para seguir luchando por su objetivo: jugar al rugby. En cinco meses ya estaba adentro de una cancha. "No me enyesaron, me colocaron el clavo de Küntscher, el mismo que le pusieron al "Tony" Pacheco, y la recuperación fue mucho más rápida. A los tres meses ya estaba en fisioterapia y caminando. Cuando vi que podía correr dije me largo. Arranqué y no paré más. Se venían las Eliminatorias y no quería quedarme con las ganas de estar con mis compañeros peleando por llegar al Mundial", dijo recordando ese trago amargo que terminó con final feliz.

Pero hace poco más de un año, Cristofer debió superar otro obstáculo. La casa del Cricket donde vivía se inundó, se deterioró y se tuvo que mudar. Fue ahí que desde la Unión de Rugby del Uruguay, le ofrecieron un trabajo en el Estadio Charrúa y también alojamiento. "No lo pensé dos veces y a raíz de esa inundación tuve que dejar el club que me dio todo", recordó.

"Vivir en el Charrúa es respirar rugby, desde que te levantás hasta que te acostás. Fue algo muy lindo. Tenía todo al alcance de la mano. Para mí pasar del ventilador al aire acondicionado fue un cambio muy grande", dijo entre risas.

Cristofer se dedica a las tareas de mantenimiento de la cancha, el gimnasio y las instalaciones. Claro está que sin esforzarse demasiado dada su condición de jugador de la selección uruguaya.

Seis meses vivió Soares en el Charrúa y desde hace un tiempito, su vida tuvo otro vuelco: se fue a vivir con Natalia, su novia, a Shangrilá. "La conocí en el Cricket. Ella es la secretaria y cuando me fui del club le dije para seguir viéndonos. Ahí empezó todo", contó.

Cristofer ya es uno más dentro del rugby, un ambiente que históricamente tuvo su mote de elite. Él mismo se encargó de desmentirlo ya que es una voz más que autorizada: "La gente en Rivera me decía que dejara de jugar, que me iba a romper todo y que no iba a llegar porque era para gente de plata. Opté por escuchar a mi familia. Me vine sin miedo a Montevideo y acá fui conociendo todo lo contrario a lo que me habían pintado. Siempre que necesité algo o precisaba plata para comprar algo se armaba una colecta en el vestuario, por ejemplo. Acá no hay diferencias entre quienes tenemos menos o más plata. Somos todos unidos y tiramos para el mismo lado".

Su humildad, el sacrificio que le pone a cada objetivo y la garra que demostró en cada situación adversa, lo pusieron hoy en el lugar que siempre quiso estar: la selección.

Atrás vienen quedando todos esos tragos amargos que Cristofer debió afrontar. Hoy está peleando por un lugar en la lista de Los Teros mundialistas. "En la selección nunca me dejaron de lado. Tuve una nueva oportunidad después de la lesión y ahí estaba jugando Eliminatorias. La verdad que fue un sueño cumplido haber llegado al Mundial".

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