SELECCIÓN

Otro Uruguay

Venció 3-0 a Rusia, logró puntaje perfecto y arco invicto.

Foto: Nicolás Pereyra
El festejo celeste luego del triunfo ante Rusia y la clasificación. Foto: Nicolás Pereyra

Van 16 minutos. Uruguay ya gana 1-0 porque Luis Suárez aprovechó un tiro libre al borde del área y le dio como indica el manual: fuerte y al palo del arquero, de floja respuesta. Sin embargo, la Celeste ya se salvó dos veces: una porque Muslera le tapó un tiro a quemarropa a Cheryshev y otra porque Dzuyba impuso sus 199 centímetros y de cabeza mandó el balón por encima del travesaño. Entonces, Tabárez se para.

Se acerca a la línea y le grita a los zagueros que no están haciendo lo que pidió. Los toques intrascendente en la mitad del terreno y la pérdida de balones están poniendo en peligro la ventaja. Hay que saltear la zona media, esa es la orden y lo deja en claro con el movimiento de sus brazos. Acto seguido, Godín tira un pase largo que rechaza la defensa y Coates tira otro que los rusos sacan al lateral. Así sí, Uruguay; esa es la nuestra.

Entonces comienzan a aparecer las chances, Rusia vuelve a verse empujado hacia su campo, Suárez y Cavani las pelean, se sacan tiros libres y córners y de uno de estos últimos llega el 2-0 porque Laxalt, en su debut como titular en un Mundial, se anima y le pega de afuera como aquella noche de Asunción se atrevió el “Pajarito” Valverde en su primer juego de celeste y abrió el marcador en un partido crucial para llegar hasta aquí.

No hubo 3-5-2 como se ensayó en Nizhny, sino un 4-1-2-1-2, con Lucas Torreira parado como tapón y llegando a cada pelota antes que los rivales; con el “Pelado” Cáceres de lateral derecho y complementándose muy bien con Nández para controlar a Cheryshev, que se fue reemplazado a los 37’ para que Rusia recompusiera la defensa luego de la expulsión de Smolnikov, que tuvo que bajar de atrás a Laxalt porque el lateral zurdo se le iba en velocidad.

Bentancur fue la sorpresa táctica, porque se paró en la punta del rombo y, aunque no estuvo muy preciso con la pelota, intentó conectarse con Suárez y Cavani. Luego ingresó De Arrascaeta y lo hizo un poco mejor.

Rusia no se quiso arriesgar al papelón y esperó en su campo, pero la Celeste quería más, porque fue otro Uruguay, muy distinto al de los dos primeros juegos. Hubo presión efectiva, verticalidad, pases entre líneas, profundidad, tiros de afuera... Solo faltaba algo y era el gol de Cavani, que llegó en el minuto 90 luego de tanto buscarlo.

El 3-0 fue reflejo de la superioridad de Uruguay sobre Rusia y el balance de la primera fase es altamente positivo: tres triunfos, cinco goles convertido y ninguno recibido. Sin embargo, lo más importante es que la Celeste mostró sus dientes en el momento justo y ante el dueño de casa. Igual que en Sudáfrica 2010.

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