ASÍ LO VEO

La tristeza de ver al genio caído

EDWARD PIÑÓN

Edward Piñón

Yo no planifico nada. Todo surge en mi cabeza cuando tiene que surgir. Brota naturalmente en el momento oportuno. Odio la planificación”. Quedó claro, Jorge Sampaoli.

Una vieja frase, escrita en un libro, se cumplió cabalmente. No planificó nada. Y desperdició su potencial y ayudó a que el rival creciera. Peores decisiones imposibles.

No se precisa ser un analista técnico de la FIFA, ni haber estudiado cursos junto a los más expertos entrenadores del mundo para darse cuenta que Sampaoli no planificó nada y que se la jugó a su creencia de que “el fútbol no se estudia”.

Solamente así es posible comprender que contra el rival más complicado, no era Islandia el que estaba enfrente, apostara a cambiar lo que venía haciendo, poner tres hombres en el fondo e imaginarse que el juego lo iba a tener exclusivamente al conjunto albiceleste como protagonista con la pelota.

Frente a un rival respetable. Peligroso. Con un poder de gestación en el mediocampo como pocos, con calidad en sus interiores y en sus atacantes, Sampaoli montó el plan perfecto para ser derrotado.

Tozudo mantuvo a Willy Caballero en el arco después de los decepcionantes partidos que ya había tenido -amistoso ante España y debut con Islandia- y se quemó con leche.

Claro, después con las confusiones existentes, con las mochilas de 200 kilos que tienen los integrantes de esta generación albiceleste, se cae todo. Se desmorona Lionel Messi, se entrega Javier Mascherano y Argentina es la oda de la desesperación.

Por cierto, sin un equipo que juegue como tal podían haber surgido las jerarquías individuales, pero eso no sucedió. Entonces, todos buscando una pala para cavar el pozo más profundo. Lo triste, es que Sampaoli también colaboró para que el genio de Messi se caiga y ahora nadie quiera frotar su lámpara para pedir el deseo tan postergado.

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