RUSIA 2018

Salenko, la gloria fugaz de un goleador ruso

El mayor goleador de un partido en la historia de la Copa del Mundo no fue Pelé ni Gerd Müller. Tampoco Ronaldo o Miroslav Klose. Ni siquiera Juan Alberto Schiaffino, aunque durante años la FIFA lo distinguió a él. 

Salenko

El título corresponde a un ruso que salió del anonimato el 28 de junio de 1994 y regresó muy pronto al olvido, salvo en la estadística.

Ese día, Oleg Salenko le convirtió cinco goles a Camerún, en el encuentro que Rusia ganó por 6 a 1 en el Stanford Stadium de San Francisco. Lo significativo fue que los rusos estaban prácticamente eliminados del Mundial de Estados Unidos, pues habían perdido los dos primeros partidos. Salenko, lesionado y ausente en el debut ante Brasil, debutó ante Suecia en el segundo partido e hizo un gol. Sumó entonces seis en el torneo y terminó compartiendo el título de goleador del certamen con el búlgaro Hristo Stoitchkov, pese a disputar apenas dos encuentros. Un fabuloso promedio de tres goles por presentación.

Hasta entonces, la FIFA y algunos historiadores de los mundiales tenían al Pepe Schiaffino como autor de cinco goles en el triunfo uruguayo ante Bolivia por 8 a 0, en el partido inicial de los celestes en Brasil 1950.

La prensa uruguaya de la época, así como los historiadores compatriotas posteriores, nunca tuvieron dudas: Schiaffino había convertido dos ese día, Míguez tres y Ghiggia, Julio Pérez y Vidal uno cada uno. Los campeones del 50 recordaban que en ese encuentro, liquidado muy temprano, tras el 7-0 todos comenzaron a buscar a Ghiggia para que hiciera su gol, pues era el único integrante de la línea delantera que todavía no había marcado.

Según se contó en 1994, un periodista llamó a Schiaffino para que dijera qué sentía luego que un ruso hubiera igualado su supuesto récord. Y Pepe fue rotundo: “¿Récord? ¿De que récord me habla? Todos saben que yo hice solamente dos goles ese partido. Los otros me los están regalando y sería una falta de respeto para los compañeros que los convirtieron que me los adjudique yo”, respondió con la sencillez de un grande.

Rusia había llegado al Mundial de Estados Unidos con problemas internos, que se reflejaron en la cancha y aceleraron su eliminación. Para la despedida contra Camerún jugaron mejor hasta llegar a la goleada. “Nos habíamos preparado menos de lo habitual. Hay algo en el carácter ruso que nos permite jugar bien si estamos relajados”, explicó Salenko.

El goleador nació en Leningrado (hoy San Petersburgo) en 1969. Allí debutó en el Zenith. Luego pasó al Dinamo de Kiev. En 1992 fue transferido al Logroñés de España. No rindió en la primera temporada, pero en la segunda convirtió 21 goles, por lo cual fue citado para jugar la Copa del Mundo 94.

Tras sus seis goles mundialistas, varios grandes europeos se disputaron su pase. Salenko eligió Valencia, según la prensa española por sus playas. Pero no le fue bien. El club atravesaba una crisis económica y lo transfirió un año después al Glasgow Rangers, donde tampoco se destacó. Siguió su carrera, ya en pendiente, en el Instanbulspor turco. Allí marcó goles, pero sufrió una rebelde lesión de rodilla.

Quiso volver en el Córdoba, de la segunda división española, pero ya no era el mismo. Y se retiró en el Pogon Szcezin de Polonia en 2001.

Aquellos seis goles en Estados Unidos 94 fueron los únicos que Salenko convirtió con la selección rusa. Más allá de la estadística, que se repite puntualmente cuando llega un Mundial, su nombre se perdió en la historia. Schiaffino salió de la estadística, pero ya tenía su sitio entre los grandes de todos los tiempos.

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