LA QUINTA TRIBUNA

El pibe que quiere ganar para defender al barrio

Contra Uruguay no va a jugar solo Mbappé. Cada zancada va a ser un niño que corría a su lado y no pudo salir del barrio. Cada amague será un albañil del Departamento 93 de Bondy que intenta sacarse de encima las deudas y darle a sus hijos un futuro.

Kylian Mbappé celebra uno de sus goles ante Argentina. Foto: Efe.
Kylian Mbappé celebra uno de sus goles ante Argentina. Foto: Efe.

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En 1998, un delantero del Mónaco de tan solo 20 años, que se había convertido en el futbolista más joven en debutar con la camiseta de ese equipo, se estrenaba en un Mundial con la selección francesa. Su nombre era Thierry Henry y se convertiría en el máximo goleador de esa selección, la campeona del mundo. 20 años después, un jugador de 19 años que rompió el récord de Henry en el Mónaco deslumbra al mundo, hace soñar a los franceses con un nuevo titulo y llena de dudas a los hinchas uruguayos.

El miércoles 13 de junio faltaba un día para que comenzara la Copa del Mundo y en el programa El diario de la Copa de Teledoce la consigna era quién sería la figura del torneo. Sonaron los nombres esperados: Neymar, Luis Suárez, Griezmann. Diego Forlán, el mejor jugador del Mundial de 2010, tomó la palabra, destacó al brasileño y al uruguayo y soltó un tercer nombre: Kylian Mbappé. “Es un jugador joven, desequilibrante, con una velocidad impresionante, que atrás tiene una selección muy buena”, dijo Forlán.

El sábado 30 de junio, Francia eliminó a Argentina con dos goles de Mbappé, que dejó en ridículo a un luchador de mil batallas como Javier Mascherano, quien durante 90 minutos lo vio pasar expreso rumbo la terminal Armani, con la impotencia del que sabe que se acabó su hora y no hay servicio nocturno. Las búsquedas en Google del pibe de 19 años se dispararon, sobre todo en Uruguay, donde ya estábamos pensando cómo hacer para pararlo. Los más distraídos se enteraron que Mbappé es compañero de Edinson Cavani en el PSG y que gana 17 millones de euros por año. Otros prestaron un poco más de atención y descubrieron que el equipo parisino comprará su ficha recién en este período de pases, por 220 millones de euros, el mismo monto que el año pasado pagaron por Neymar. Algunos se encontraron la foto que se sacó con Cristiano Ronaldo cuando tenía 13 años. Pocos llegaron a los tiempos del AS Bondy, el club donde empezó todo.

Mbappé a los 13 años junto a Cristiano Ronaldo.
Mbappé a los 13 años junto a Cristiano Ronaldo.

Mbappé es un hijo directo de la clase trabajadora parisina. Su madre, Fayza Lottin, jugaba al handball. Su padre Wilfried es un inmigrante camerunés con raíces nigerianas que se desempeñó como futbolista amateur y dedicó 25 años de su vida a entrenar niños y adolescentes en el AS Bondy, un club que juega en la décima categoría del fútbol francés. Siempre vivieron en Bondy, un barrio parisino que fue víctima de la estigmatización de las últimas décadas, por el hecho de tener una población mayormente musulmana.

A los seis años, Kylian hacía los deberes de la escuela mientras se entrenaba en el club y compartía varias horas con las diferentes categorías. A los 10, seguía entrenando y estudiando mientras soñaba con ser Cristiano Ronaldo y llenaba las paredes de su cuarto con fotos del portugués. A los 13, el Real Madrid se lo llevó a entrenar y pudo conocer a su ídolo. El club español quiso ficharlo, pero los padres de Kylian decidieron que no, que las luminarias del equipo merengue no podían encandilarlo tan temprano, que tenía que volver para terminar sus estudios y desarrollarse como futbolista en Francia.

A los 15, Kylian debutó en la liga francesa vistiendo la camiseta del Mónaco y convirtiéndose en un niño récord. A los 16, con Francia, ganó el torneo Europeo sub 19. A los 18 terminó el liceo y además se consagró campeón de la Ligue 1 con el Monaco, acabando con el lustro de dominio del PSG. A esa edad no fue al Mundial sub 20 con Francia porque Didier Deschamps, el entrenador de la mayor, dijo que Kylian ya estaba para codearse con los grandes. Jugó unos amistoso con les bleus y pasó al PSG, el club del que era hincha. Todo pasó rápido y sin tiempo a detenerse, como él cuando transporta la pelota.

Mbappé no es solo un futbolista, al igual que el fútbol nunca es solo fútbol. Mbappé es, para muchos franceses, un símbolo de lo que París y Francia es y no debe dejar de ser: una sociedad abierta y cosmopolita. Mbappé es negro, hijo de un refugiado, viene de un barrio de clases trabajadoras como Bondy y de la educación pública, lleva en la espalda la camiseta número 10 de una selección francesa repleta de hijos de inmigrantes en un país convulsionado por el terrorismo, donde la extrema derecha alcanzó el 33% de los votos en la última elección presidencial con un mensaje antiinmigración.

Su llegada al PSG fue vista como un regreso a casa. Viviendo en París, está cerca de Bondy. Estando cerca de Bondy, puede cumplir su sueño de instalar allí un cine y sacar al barrio del ostracismo al que fue condenado en los últimos años, luego de los disturbios de 2005 que se desataron en los barrios pobres de Francia tras el asesinato de dos jóvenes musulmanes a manos de la Policía. Entrevistado por Bleacher Report, Mbappé dijo que “la gente le tuvo miedo a Bondy por un tiempo" debido a “dos o tres incidentes” que se mezclaron y que “llevaron a las personas a hacer generalidades, a pesar de que nuestra gente no es así”.

Contra Uruguay no va a jugar solo Mbappé. Todo Bondy va a estar en la cancha pidiéndole a su niño estrella que los ponga en el mapa mediático, que no los deje. Cada zancada va a ser un niño que corría a su ladoy no pudo salir del barrio. Cada amague será un albañil del Departamento 93 de Bondy que intenta sacarse de encima las deudas y darle a sus hijos un futuro. Cada remate al arco será una madre negra, hija de africanos, que muestra con orgullo su ascendencia y levanta el puño delante de una manifestación del Frente Nacional liderado por Marine Le Pen, que pide que la devuelvan a su país aunque su país siempre fue Francia.

Cuando llegó al PSG, las palabras de Mbappé fueron las de un exiliado que regresa a su tierra. "Nadie puede entender la emoción que siento hoy. Es una sensación de orgullo extremo. Es la ciudad que he conocido, en la que he crecido y me he desarrollado y donde una parte de mí se queda. Aquí no soy Mbappé, sólo soy Kylian", dijo durante su presentación, y no hablaba solo de fútbol. Hablaba de recuperar las raíces, de volver al barrio y jugar un picado con los niños de Bondy, de acercarse a ellos y contarles cómo sacrificó horas de su juventud para terminar el liceo y entrenar con el objetivo de ser reconocido y con el reconocimiento tener voz y poder decir, ahora que tiene voz: “acá estoy, esto también es mío, y no me lo van a sacar, no nos lo van a sacar”.

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