LA QUINTA TRIBUNA

Llorando de pie

Hoy no queremos escribir esta columna. Escribirla es aceptar que la fiesta se terminó. Es como quedarnos solos cuando todos se van de nuestro cumpleaños y no sabemos muy bien qué hacer, es la sensación de que hay algo que fue, y que pudo ser, pero se terminó.

El llanto de José María Giménez tras la derrota. Foto: Reuters.
El llanto de José María Giménez tras la derrota. Foto: Reuters.

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Hoy tenemos bronca. Hoy no queremos nada con nadie. Hoy vamos a lamentarnos con la cabeza baja por el resto del día y a repasar todo lo que pudo ser y no fue durante el partido.

Hoy nos vamos a enojar con el error del "Nene" Muslera, con los centros que no salían del "Pelado" Cáceres, con la falta de Rodrigo Bentancur de donde vino el primer gol. Con Kylian Mbappé llorando por una golpe que no fue. Hoy nos abrazamos, tristes, con nuestra familia y nuestros amigos por ver el sueño pasar enfrente nuestro y no poder alcanzarlo.

Hoy vamos a debatirnos entre el respeto o la puteada hacia Antoine Griezmann, entre creer que cuando no gritó el gol lo hizo por amor a Uruguay, por condescendencia o por solidaridad con Muslera. Cada uno va a tener su opinión, difícilmente la cambie hoy y seguramente nunca sepa la verdadera respuesta.

Hoy vamos a pelearnos con nosotros mismos, porque estamos furiosos de que el sueño de ser campeones del mundo se terminó, pero sabemos que si no fuera por estos jugadores y este cuerpo técnico nunca habríamos soñado. Hoy vamos a pelearnos entre querer criticar un mal partido y sonar como los más farandulescos periodistas deportivos argentinos. Porque sabemos que no queremos que nuestras críticas se escuchen como las de ellos, tenemos claro que no podemos y no vamos a reaccionar como ellos, porque queremos que se trabaje sobre lo construido y no que se dinamite todo.

Hoy nos identificamos en las lágrimas de José María Giménez. Lloramos por la ilusión y el sueño que se nos escapa, pero lloramos de pie. Siempre de pie. Hoy una generación entera de uruguayos ve el abrazo entre Luis Suárez y Edinson Cavani y siente que también los está abrazando, y que nos abrazamos entre todos.

Suárez y Cavani se abrazan tras la eliminación. Foto: Reuters.
Suárez y Cavani se abrazan tras la eliminación. Foto: Reuters.

Hoy no queremos escribir esta columna. Escribirla es aceptar que la fiesta se terminó. Es como quedarnos solos cuando todos se van de nuestro cumpleaños y no sabemos muy bien qué hacer, es la sensación de que hay algo que fue, y que pudo ser, pero se terminó.

Pero mañana vamos a estar mejor. Mañana vamos a sentirnos orgullosos por lo vivido en estos días y en estos 12 años. Mañana vamos a volver a soñar con una revancha, con la frente en alto, porque sabemos que se acabaron las derrotas humillantes y que se nos infla el pecho del orgullo por verlos así.

Mañana les vamos a agradecer cada pelota recuperada, cada pase de 30 metros, cada tranque con la cabeza, cada salto más alto que el resto en el área y cada partido entregándose en cuerpo y alma. Incluso, les vamos a agradecer el partido ante los franceses, porque perdimos sí, porque no nos salieron bien las cosas, porque hubo algo que no se encontró, porque Cavani, faltó, y así y todo, llorando de tristeza y de bronca, los enfrentamos, los buscamos, demostramos que si perdemos, lo hacemos con dignidad y con la frente alta, bien alta. Por eso, porque el hoy nos bajonea, pero el mañana está lleno de futuro, porque aprendimos que el camino es la recompensa y que este camino todavía no se termina, porque ahora recordamos con alegría el tiempo pasado pero sin aferrarnos a él y volvemos a pensar que el futuro va a ser mejor: gracias, Uruguay.

Gracias por la entrega. Gracias por el sacrificio. Gracias por el grito de gol más alto que todos y por cantar el himno más fuerte que nadie. Por cada sabremos cumplir. Gracias por no achicarse. Por hacernos sentir que somos grandes y que podemos enfrentarnos a cualquier gigante, incluso a uno de los más grandes del mundo. Gracias por hacernos creer, por hacernos sentir más uruguayos que todos los otros días del año. Porque en estas dos semanas, créanos muchachos, nos hicieron olvidar de todo, y nos sacaron de la rutina y nos tuvieron más pendientes de Rusia que de los problemas que tenemos acá, que siguen estando, pero duelen menos. Gracias, especialmente, por otro mundial que no vamos a olvidar.

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