LA QUINTA TRIBUNA

No sabemos festejar

¿Qué es este sentimiento que tengo, que tenemos muchos uruguayos, que ante tanto dato bueno nos hace seguir molestos con lo que vimos?

La Quinta Tribuna.
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No entiendo esta sensación y no sé cómo reaccionar. En este momento mi cabeza se pregunta qué me está pasando. Debería estar contento, pero no, no lo estoy, de hecho estoy molesto y masticando bronca.

Uruguay le ganó a Arabia Saudita y se clasificó a octavos de final de la Copa del Mundo. Lo hizo con una fecha de anticipación, sin goles recibidos, sin tarjetas amarillas, dominando el partido y siendo el que tuvo más llegadas al arco. De hecho los árabes no nos pusieron contra las cuerdas nunca. Tuvieron un poco más la pelota, es verdad, pero casi nunca se arrimaron al área y las pocas veces que lo hicieron Muslera no tuvo que esforzarse mucho.

Encima hizo un gol Suárez, que nos había preocupado el partido pasado. Nada podría estar mejor. Suárez nos hizo saltar de alegría primero al convertir el gol, reírnos después al hacer el gesto de “qué tarro” por la pelota que se encontró en el área y finalmente nos hizo morir de ternura, al contarle a todo el país, con un simple gesto, que va a ser papá otra vez.

Entonces, ¿qué me pasa? ¿Qué es este sentimiento que tengo, que tenemos muchos uruguayos, que ante tanto dato bueno nos hace seguir molestos con lo que vimos? Enojarse por clasificar ganando, ¿dónde se ha visto? Y sin embargo estoy así.

Quizás sea el 5 a 0 de Rusia. Seguramente pase por ahí. Todos estábamos viendo ese partido y burlándonos de los pobres saudíes tratando de salir a presionar y recibiendo un contragolpe atrás de otro, un gol tras otro. Fue tal la falta de respeto que tuvimos como hinchas que, luego de eso y a la hora de apostar por el partido de Uruguay en la penca, el que se jugaba por un 3 a 0 era tildado de conservador.

Y entonces llegó el partido y fue como un baldazo de agua fría. Un baldazo en verano, un baldazo que valió tres puntos y debería refrescarnos más que hacernos pasar mal, pero somos quisquillosos. El 1 a 0 es un fracaso. Así de alta pusieron la vara el maestro Tabárez y estos jugadores, tan elevada está que vemos como malo el hecho de haber clasificado así, tanto exigimos que si Bentancur se adueña de la mitad de la cancha le caemos por no haber dado un pase de gol y que si Guillermo Varela no comete errores en su debut en un Mundial nos hace enojar que no haya subido al ataque tanto como queremos.

Los jugadores de Uruguay festejando el gol de Suárez. Foto: AFP
Los jugadores de Uruguay festejando el gol de Suárez. Foto: AFP

Es tal el grado de inconformismo que estamos manejando en esta Copa del Mundo que no hay empate entre Islandia y Argentina, o victoria de México a Alemania, ni triunfo sufriente de Inglaterra a Túnez o de Portugal a Marruecos que nos saque la idea de que lo que pasó hoy fue un mal partido de Uruguay y no un encuentro normal del Mundial de Rusia. Que así no le ganamos a nadie. Aunque lo hagamos, pero no, así no le ganamos a nadie.

Mientras pensaba en nosotros, en los uruguayos como colectivo de personas molestas y amargadas con un triunfo y una clasificación anticipada, siempre lo dejé a él por fuera. Me lo imaginaba destacando la solidez defensiva de Uruguay y defendiendo que se haya jugado así. Pero no. Tabárez acaba de levantarse de la conferencia de prensa y me dejó con la boca abierta. Él también está de nuestro lado. “No estuve contento con mi equipo en el primer tiempo. Si lo comparo con cosas que hicimos en momentos anteriores veo que estuvimos muy lejos de nuestro nivel normal”, dijo, y me hizo bajar la pelota al piso.

A lo mejor es que no sabemos festejar. Buscamos constantemente la forma de autoboicotearnos como hinchas, de exigir perfección absoluta, de querer una mezcla de la naranja mecánica de Cruyff con el Brasil del ‘70 de Pelé pero con la defensa del Uruguay del ‘50.

Este Mundial está haciendo sufrir a todos los países. Después de lo que pasó en la primera fecha ningún hincha se va a dormir tranquilo. Ningún aficionado revuelve su taza de café sin que a su cabeza vuelvan los flashbacks del tormentoso día anterior, en el que no pegó un solo resultado en la penca y otro gigante fue bajado de un hondazo. Y nosotros estamos con ese miedo. Nosotros, que nos aseguramos la clasificación a octavos de final en dos fechas. Nosotros, que de a poco vamos viendo que esta copa está muy pareja y ningún equipo está para pasarle por arriba al resto. Nosotros, que cada vez nos tenemos más fe para cortar la racha goleadora de Cristiano Ronaldo o para ponerle un muro al tiki taka español. Nosotros, los que no sabemos festejar, pero en silencio cerramos el puño y pensamos que Moscú no queda tan lejos.

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