LA QUINTA TRIBUNA

Antoine, Eden y el sueño de ser Zidane

Hazard pudo haber sido compañero de Griezmann, no en un club, sino en la selección. Es que los franceses quisieron convencerlo de nacionalizarse para que fuera el 10 de su selección y no quiso, a pesar de Zidane, a pesar de la 10 de Francia '98.

Hazard y Griezmann son fundamentales para sus selecciones. Fotos: AFP.
Hazard y Griezmann son fundamentales para sus selecciones. Fotos: AFP.

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Hoy en San Petersburgo Eden Hazard y Antoine Griezmann podrían haber jugado juntos la primera semifinal del mundial y de su carrera. En el mismo equipo, con los mismos compañeros, el mismo entrenador, un mismo juego, una misma idea y un mismo sueño.

Sin embargo, hoy, dos de los mejores futbolistas del planeta se van a enfrentar en un partido que tiene todo para ser uno de los mejores de Rusia y que los va a tener a uno de cada lado. A uno de rojo y a otro de azul. Y sin embargo, los dos, Eden y Antoine, van a jugar por el mismo sueño: el de levantar la copa del mundo como alguna vez lo hizo Zinedine Zidane, el jugador por el cual el belga alguna vez se puso la camiseta francesa, el jugador por el cual el francés quiso jugar al fútbol.

Era 1998 cuando Eden y sus dos hermanos (todos futbolistas) se sacaron una foto con la camiseta de la selección francesa. No importaba que fuera Francia, hubiera dado lo mismo si era Portugal, España o Alemania. Lo que importaba era que Francia era el país de Zidane, y los tres niños rubios, de ojos claros, hijos de un jugador amateur y una jugadora profesional, que crecieron en la frontera con Francia, adoraban el juego del 10 francés. Y tener su camiseta significaba, significa siempre para un niño, estar más cerca de él. Solo el fútbol puede borrar así las fronteras, los límites y las diferencias.

Para Eden el sueño de ser jugador de fútbol nunca fue utopía y siempre estuvo cerca de hacerse realidad. A los cuatro años empezó a entrenar en el club de su ciudad, el Royal Stade Brainois y desde entonces sus entrenadores vieron que era distinto al resto. A los 14 años se fue a jugar al Lille en Francia, con el que, dos años después, debutó en primera división. Eden tenía todo para ser el jugador que quisiera ser.

Eden Hazard detrás de sus hermanos Thorgan y Kylian. Foto: El País de Madrid.
Eden Hazard detrás de sus hermanos Thorgan y Kylian. Foto: El País de Madrid.

Era 12 de julio de 1998 cuando un niño de siete años, pelo rubio, ojos azules y asustados, bajito y flaco, estaba sentado en el living de su casa en Saona y Loira mirando cómo Francia, con Zidane a la cabeza, levantaba la copa del mundo. Ese día, Antoine decidió, como todos los niños de siete años, que quería ser jugador de fútbol.

Lo intentó recorriendo varios clubes franceses que no lo aceptaban por ser demasiado “chiquito” como para jugar al fútbol. A los 13 años lo vieron de la Real Sociedad y se fue a jugar a las inferiores, sin destacarse demasiado entre sus compañeros. Le costó, a Antoine, llegar al primer equipo, marcar un gol, gritarlo, demostrar que sí, que podía. Si quería ser como Zidane, iba a tener que esforzarse más que los demás, correr más que el resto, patear más y desde más lejos.

Eden pudo haber sido compañero de Antoine, no en un club, sino en la selección. Es que los franceses quisieron convencerlo de nacionalizarse para que fuera el 10 de su selección y no quiso, a pesar de Zidane, a pesar de la 10 de Francia '98. Hoy es el gran armador del juego de Bélgica. “Hazard no es solo un buen jugador de fútbol. Es un genio”, dijo Enzo Scifo, uno de los mejores futbolistas belgas de toda la historia.

Antoine, sin embargo, es más francés que todos los franceses y es, también, un poco uruguayo. No por el mate, no por escuchar cumbia ni por hablar un español “uruguayizado”. Lo es, un poco, por el gol que no nos gritó, por el respeto que nos demostró, por sus ojos celestes que no se movían mientras sus compañeros venían a abrazarlo por haberles dado el pase definitivo a la semifinal del mundial.

Lo es porque incluso su ídolo tiene mucho de Uruguay: cuando era adolescente, Zinedine Zidane iba a los entrenamientos del Olympique de Marsella para ver a Enzo Francescoli. Lo veía jugar y trataba de copiar sus movimientos. Lo conoció al enfrentarlo en 1996 en la final de la Copa Intercontinental, Enzo como capitán de River y "Zizou" como estrella de la Juventus, y se puso colorado al cruzar palabras con él por primera vez. Es tal la admiración de Zidane a Francescoli que su primer hijo se llama Enzo.

Zidane y Francescoli en 2010. Foto: AFP.
Zidane y Francescoli en 2010. Foto: AFP.

Hoy un belga que pudo ser francés y un francés que quiere ser un poco uruguayo, un belga que es la estrella del fútbol inglés con el Chelsea y un francés que es una de las grandes figuras del fútbol español con el Atlético de Madrid, se van a enfrentar, uno con la 10, el otro con la 7, uno con la roja, el otro con la azul, en una semifinal por un sueño que, aunque no lo supieran, alguna vez los unió: levantar la copa del mundo como Zidane.

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