SELECCIÓN

Fue una pegada

Con otra pelota quieta Uruguay avanzó a octavos de final

Anuncio. Suárez ya aprovechó el error del arquero para marcar su primer gol y en la carrera hará el gesto confirmando la llegada de su tercer hijo. Foto: Nicolás Pereyra
Anuncio. Suárez ya aprovechó el error del arquero para marcar su primer gol y en la carrera hará el gesto confirmando la llegada de su tercer hijo. Foto: Nicolás Pereyra

Salen los tres arqueros a calentar y es como si levantaran la llave de la emoción. Ahí uno se da cuenta que la segunda presentación de Uruguay en el Mundial es inminente. Un rato después saltan los futbolistas de cancha y la FIFA, que se ha hecho mucho más amiga de los fans, ordena al sonidista del estadio que tire una canción que se identifique con la Celeste. Y ahí se escuchan los primeros acordes de “Cielo de un solo Color”, de NoTeVaGustar. La piel charrúa se eriza, la emoción está por explotar. Se van al vestuario y aparecen los chicos que portan las banderas. La música in crescendo vuelve a conmover y cuando se despliegan las banderas te tiemblan las medias.

Hace un calor insoportable (43 grados de sensación térmica), pero por la espalda corre un frío congelante. “Volveremos, volveremooos...”, empieza a cantar la tribuna celeste.

Salen los equipos, suena el Himno y los ojos se ponen brillosos. Rompen fila los equipos, la voz del estadio pregunta si la gente está lista y empieza la cuenta atrás desde 10. Al llegar a 0, grita “¡go!” y el árbitro pita el inicio del partido.

Las sensaciones son todas positivas, porque Uruguay juega ante uno de los peores equipos del Mundial y la clasificación está ahí, a un gol. Y ese gol llega a los 23’, cuando Luis Suárez empuja otro gran centro de Carlos Sánchez (segunda asistencia del torneo) desde el córner para poner el 1-0. Mala salida del arquero que debutaba (Juan Antonio PIzzi sacó al que recibió cinco goles ante Rusia) ante el embate aéreo de Godín y Josema y el Pistolero puso el pie derecho para darle un pase a la red. El pensamiento lógico fue: listo, se vienen cinco o seis goles. Pero no.

Uruguay volvió a jugar mal. Puede decirse que se contagió de ese clima muy cargado emocionalmente, pero no pareció motivarlo. Fue un equipo apagado, sin sorpresa, lento, abusando del toque inócuo en la mitad del terreno. Volvió a carecer de profundidad y los cambios que introdujo Tabárez el otro día y que habían sido efectivos, esta vez no lo fueron. El medio defeccionó tanto o más que en el debut ante Egipto. Solo Bentancur saca una buena nota.

Ante un equipo que fue rápido en transiciones Uruguay no pudo desequilibrar si no fuera por esa bendita pelota quieta. Otra vez tuvo varias chances de convertir, pero no lo hizo. Sin embargo, ganó y eso en definitiva es lo que importa.

Uruguay (junto a Rusia) ya está en octavos de final. No lograba clasificar luego del segundo partido desde 1954. No recibió goles y eso le bastó. Entonces, disfrutemos hoy del vaso medio lleno. Ya habrá tiempo para observar el medio vacío.

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