SELECCIÓN

El orgullo no se pierde

Dos errores le costaron la eliminación a Uruguay del Mundial, pero lo que dio el equipo solo merece aplausos

El abrazo de Rodrigo Bentancur a José María Giménez. Foto: Nicolás Pereyra

Duele, por supuesto, porque esta era una grandísima oportunidad de llegar muy alto en una Copa del Mundo. Duele, además, porque la derrota 2-0 ante Francia que significó el adiós en cuartos de final fue cimentada en una jugada de pelota quieta (el sello de la casa en Uruguay) y de un error de quien hasta ahora había dado mucha seguridad: Fernando Muslera.

Duele también porque le pone fin a una campaña que hasta aquí había sido fantástica: cuatro partidos ganados, ningún punto cedido, siete goles anotados y solo uno concedido.

Duele porque la planificación defensiva que se hizo por parte del cuerpo técnico fue efectiva y Kylian Mbappe, cuya velocidad era temida, nunca pudo mandarse un pique, ya que el escalonamiento de marcas lo anuló.

Duele porque justo para este partido no se pudo tener a Edinson Cavani, con todo lo que él significa como rival para Francia en virtud de su respeto ganado a fuerza de goles en el Paris Saint-Germain. Quedó la sensación de que su ausencia fue demasiado importante, más de lo previsto. Cristhian Stuani lo sustituyó y, pese a que había muchas expectativas positivas de que podía cumplir la tarea del “Matador”, no respondió y jugó un muy flojo partido.

Duele porque cuando se tiró la presión en forma ordenada sobre el balón surtió efecto y Francia no pudo culminar sus jugadas.

Duele porque, una vez más, cuando Uruguay tuvo la pelota careció de claridad para manejarla. Se perdieron muchos balones por andar demasiado con ellos, uno por parte de Bentancur que costó el 1-0, virtud también es verdad del gran anticipo ofensivo de cabeza que hizo Raphael Varane sobre Matías Vecino.

Duele porque el “Pelado” Cáceres tuvo el empate casi enseguida al imponerse por arriba, pero se encontró con un Hugo Lloris monumental que fue abajo a su derecha y evitó la caída de su arco.

Duele porque Luis Suárez peleó muchísimo allá arriba pero no tuvo ni una oportunidad. Su soledad fue también mérito de Francia o, mejor dicho, de Ngolo Kante, que jugó un partido sensacional y cortó casi todos los balones profundos. Parecía que tenía un imán porque todas las pelotas iban hacia él. Ni Pogba, ni Mbappe, ni Giroud brillaron en la selección gala, sino este volante pequeño, muy similar a Lucas Torreira, que fue impasable.

Duele porque difícilmente Uruguay tenga otra oportunidad como esta, ya que para Catar 2022 sería un milagro que Luis Suárez y Edinson Cavani (dos delanteros top a nivel mundial) lleguen en tanta plenitud como en esta ocasión, pues tendrán 35 años.

Duele porque no se pudo mantener esa línea ascendente que Uruguay tuvo en el Mundial, comenzando muy flojo ante Egipto y Arabia Saudita, mejorando frente a Rusia y sacando a la Portugal de Cristiano Ronaldo en octavos.

Duele porque se terminó el sueño mundialista para todos los hinchas uruguayos por cuatro años y definitivamente para varios futbolistas celestes.

Lo que no duele es el orgullo que durante tres semanas generaron estos leones celestes. Gracias por eso.

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