RUSIA 2018

El misterio Messi envuelve a la albiceleste

"No sabemos qué le pasa", cuentan en la interna.

Foto: La Nación/GDA.
Foto: La Nación/GDA.

"Está ido". "Está nocaut". "Está mudo". Un compañero, un integrante del staff técnico y otro de la nutrida delegación argentina en esta ciudad describen así a Lionel Messi . El capitán de la selección, que había pasado como un fantasma por la noche de Nizhny Nóvgorod, volvió aquí con el mismo semblante que tenía antes de partir hacia la derrota. Está callado, abrumado y, lo peor, nadie da con el diagnóstico correcto. ¿Será aquel penal contra Islandia la curiosa causa de su mutismo? ¿El déjà vu de verse otra vez en un escenario tan desfavorable con esta camiseta? ¿Una razón completamente ajena a este juego que tan bien juega, aunque el último episodio haya sido una desmentida rotunda de su talento impar? Una serie de hipótesis se acumulan, entre lógicas y disparatadas, pero eso es anécdota. Lo concreto, y más complejo, es el desconcierto que el insondable carácter del 10 provoca en las rutinas diarias del plantel. "Es que no sabemos qué le pasa", dice ese mismo integrante de los 23 convocados. Y si Messi no está bien, no hay carambola nigeriana que alcance para salir del fango en el que se empantanó la selección en el Mundial . ¿Será el punto de partida de su relanzamiento esos gestos de distensión que por fin mostró hacia la noche, tras una reunión grupal que incluyó a todos los actores del asunto? De ese hilo se toman allí adentro, con la esperanza de que el sol del sábado traiga algo de luz.

El viernes de la selección tuvo los picos de un electrocardiograma. Después de una noche triste y larga, el operativo reconstrucción necesitaba de la ayuda de un factor externo. El almuerzo en silencio y un entrenamiento en el que los suplentes enfrentaron a los sparrings fue el vermouth del plato principal, el que traían desde afuera: los dos golazos de Ahmed Musa para Nigeria en la lejana Volgogrado. Entonces, solo entonces, aparecieron los primeros suspiros del día. ¿Cómo siguieron los jugadores el Nigeria-Islandia que, con ironía, alguno definió como "la final del mundo"? Desparramados según sus ganas. La gran mayoría se quedó en el segundo piso del complejo del Bronnitsy Training Centre, donde están las habitaciones. La primera joya de Musa, a las 19.08, cortó el ruido que tanto silencio generaba. Un estallido nació en la utilería, epicentro de reunión de varios jugadores, aunque no de los históricos. Sobrevino un efecto cadena por una curiosa razón técnica: en el segundo piso, la conexión satelital que trae la transmisión de los canales de Argentina es más rápida. Así que el resto del edificio se fue contagiando de a poco hasta unirse en un grito de desahogo, después de tantas horas de pesar.

El mate y las galletitas eran el menú que acompañaba las imágenes que mostraban al Musa inspirador de ilusiones. "Se aflojaron, ahora el clima cambió", contaba alguien de la delegación que fue testigo de cómo las caras fueron mutando con los goles de Nigeria. Tanto que, tras el partido, algunos bajaron al primer piso, más animados, mientras charlaban sobre lo que acababa de pasar. Ahí andaban Mercado, Acuña, Enzo Pérez y Willy Caballero, por ejemplo. El arquero, el más apuntado desde afuera por su clamoroso error ante Croacia, también encontraba un motivo al cual asirse: ahora, la clasificación a octavos de final se convirtió en un proyecto alcanzable, aunque haya que trabajar mucho hasta el martes para darle forma.

¿Y Messi? El capitán, igual que al día siguiente del empate ante Islandia, eligió el refugio de la habitación 221, que comparte con Sergio Agüero. Hasta el post Nigeria, salvo su manso paso por el comedor para almorzar y por el gimnasio a la tarde -igual que el resto de los titulares-, se había mantenido lejos de la vista de la mayoría. Su participación empezó a activarse una vez que el 2-0 de los africanos abrió un canal de esperanza. Fue en ese tramo de la jornada, antes de la cena, que se organizó una reunión entre los 23 jugadores, el cuerpo técnico y Claudio "Chiqui" Tapia, el presidente de la AFA. Entonces Messi y Javier Mascherano -el subcapitán- llevaron la voz del plantel, en un intento por encontrarle una salida a la crisis que envuelve el momento. Sampaoli escuchó, preguntó y leyó tonos y palabras, mientras empieza a diseñar cómo ir a buscar el pase a la siguiente rueda.

"De acá salimos todos para adelante", bajaron el mensaje del staff técnico, como si ese encuentro hubiera generado las señales positivas que tanto escasearon en toda la semana, desde el minuto posterior al empate contra Islandia en Moscú. Solo el tiempo dirá si en ese mitín general se cocinó una refundación o si apenas se dio otro paso hacia el fracaso de una eliminación en primera ronda. Como sea, pareció lo indicado: se trata de generar dinámicas nuevas que corten con la espiral negativa. En el análisis sobre la diluida versión de Messi ante Croacia, el enfoque del entrenador lo seguía exculpando: "No construimos juego para él", repetían todavía. Ni una palabra que destacara la falta de rebeldía ante la adversidad que el mejor futbolista del planeta había retratado en Nizhny.

La cena se sirvió puntualmente a las 21.15, como cada noche. ¿Los que bajaban animadamente de sus habitaciones y se sentaban eran los mismos que habían almorzado mirando el plato? Sí, pero no. Messi lucía mejor, observaban desde otras mesas. No era ni por lejos el prototipo del que encabeza el trencito en un carnaval carioca en un casamiento, claro, pero al menos hablaba con los que comparten su mesa en cada comida: Sergio Agüero, Marcos Rojo, Éver Banega, Nicolás Otamendi, Nahuel Guzmán, Ángel di María, Lucas Biglia y Mascherano. Ninguno de los ocho encandila tanto al personal ruso como él: es llamativo como los mozos del predio, la mayoría jóvenes de veintipico, hacen más fuerza por un triunfo de Messi que por el de su propia selección, que marcha a la cabeza del Grupo A. Lo mismo sucede con el personal de limpieza, cuentan desde la delegación de la AFA: en este lugar, una victoria argentina sería también de ellos, pendientes como viven del andar del equipo.

No hay promesas sobre el futuro que los futbolistas puedan hacerles a los diligentes empleados, mientras dure este trance que la selección atraviesa. Solo existe una pequeña sensación de alivio, que se posó sobre las cabecitas cuando el oxígeno nigeriano entró por la ventana. Cómo incorporarlo a los pulmones será la tarea de los próximos días, antes de presentarse al examen más intimidante de la Copa.

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