El sueño sigue vivo

Generación Celeste 2010

Para los aficionados uruguayos nacidos en este siglo, una selección uruguaya comprometida y protagonista de las competencias les resulta lo más natural del mundo

El sueño sigue vivo
Foto: Gerardo Pérez.

Los uruguayos escuchan hablar de fútbol prácticamente desde el borde de la cuna, lo juegan —los varones y cada vez más las niñas— desde la tierna infancia y comienzan a prestar atención a todo lo que sucede en la competencia profesional cuando llegan a la escuela.

Para el sector más joven de los llamados millennials, una franja en la que podríamos situar a los nacidos luego del año 2000, la selección celeste representa algo más que un equipo que siempre está presente en la Copa del Mundo: es una organización de técnicos, colaboradores y futbolistas que funciona adecuadamente y que deja bien parado el prestigio uruguayo en el mundo, incluso más allá de los circunstanciales resultados. Es lo que vivieron a partir de Sudáfrica 2010, cuando impusieron una actitud: celebrar una actuación antes que un resultado, reconocer los medios tanto como las consecuencias: es la Generación Celeste 2010.

Ya prácticamente no quedan testigos de los triunfos de la Generación Olímpica, aquellos que arrancaron en Colombes, continuaron en Ámsterdam y tuvieron su culminación en el Mundial de 1930.

Hinchada de Uruguay frente a Portugal
Foto: Nicolás Pereyra.

Aquellas victorias llegaron en un período en el cual se terminaba de gestar la organización política y económica del Uruguay moderno. Sus campañas acompañaron el optimismo general de su tiempo: los uruguayos se sentían seguros para abordar un barco e irse a competir en los Juegos Olímpicos de París, para llevar adelante una democracia considerada modelo entonces o para organizar un Mundial y construir un gran estadio en menos de un año.

Los más veteranos de hoy recuerdan el triunfo de Maracaná, que se produjo durante su infancia: el sabor de esa victoria marcó su paladar y después no vino nada que pudiera siquiera igualarlo. Así, el fútbol se convirtió en una metáfora de los buenos tiempos ya perdidos, aunque rara vez se hizo un análisis de por qué antes ganábamos y después dejamos de hacerlo.

Los nacidos entre las décadas de 1940 y 1990, que representan la gran mayoría de los uruguayos del presente, creció escuchando el relato de las viejas hazañas que se habían vuelto tan grandes y lejanas que parecieron míticas. Y mucho más en la comparación con las agitaciones, los conflictos y las limitaciones de épocas que para el fútbol, y también para el país, mostraron profundos altibajos.

Incluso si el Uruguay logró dejar atrás el estancamiento sufrido a partir de la segunda mitad de los 50, los enfrentamientos internos de los 60 y la pérdida de las libertades de los 70, el fútbol nunca logró recuperarse del todo, pues las limitaciones económicas, demográficas y de mercado representan un lastre muy pesado en un deporte cada vez más ligado a los grandes negocios.

Festejo Uruguay frente a Portugal
Foto: Nicolás Pereyra.

En ese marco, la selección uruguaya de fútbol no dejó de ser generadora de esperanzas, pero esas ilusiones se desvanecieron por lo general rápidamente debido a malos resultados, mala organización, luchas intestinas o lo que fuere. La Celeste se había vuelto un elemento de orgullo nacional por su pasado, pero justamente por ser algo de todos al final terminó siendo de nadie.

La Generación Celeste 2010, en cambio, no sabe lo que es ver un Mundial sin la presencia de Uruguay. Ignora cómo es un álbum de figuritas sin los rostros conocidos de los jugadores celestes. Concurre a los partidos internacionales en el Estadio Centenario sabiendo que será una fiesta colorida y pacífica. Considera al seleccionado como una entidad esencialmente diferente al fútbol local, bien organizada y sin pugnas. Incluso buena parte de sus figuras, al militar en clubes extranjeros, cortó los lazos con las divisas locales, que encierran su cuota de conflicto.

Para ellos, el fútbol de hoy se desarrolla en tres ámbitos. Por un lado, la actividad doméstica, tradicional y apasionada aunque a menudo rutinaria, incluso peligrosa en los desbordes de violencia, incapaz de resistir la comparación y la competencia con la actividad internacional. Por otro, los partidos que trae la televisión desde los grandes centros profesionales europeos, con lujosa presentación y un virtual monopolio de los cracks en circulación, una suerte de Hollywood de la pelota en el cual aparecen actores uruguayos. Y finalmente, la selección, el único ámbito que advierten donde se cruzan la pasión por los colores propios con el gran profesionalismo mundial.

Uruguay. Foto: Nicolás Pereyra.
oto: Nicolás Pereyra.

Quizás algunos piensen que es el estado natural de las cosas, a diferencia de las generaciones mayores, curtidas en mundiales flojos o eliminaciones. Los más viejos recuerdan que para el Mundial de Chile 1962, el seleccionado cambió su técnico un mes antes del debut, y no se colocó uno sino tres profesionales en el sitio del cesante. También lamentan los tiempos en que se viajaba a la Copa del Mundo sin saber lo indispensable sobre los rivales, como ocurrió antes de Alemania 1974. Y se muerden los labios cuando se menciona que alguna vez los equipos uruguayos fueron conocidos solamente por la dureza de su juego.

Cuando esta generación comenzó a seguir a la selección, Óscar Tabárez ya era el técnico: tal vez ignoren que sus antecesores duraban poco en el cargo. Estos jóvenes nacieron cuando imperaban la tecnología y las comunicaciones, por lo cual no encuentran novedoso que Tabárez y sus colaboradores apelen a registros informáticos sobre el trabajo realizado en la cancha por cada jugador, o que lleven un control detallado del rendimiento en sus respectivos clubes locales o del exterior, se trate de los integrantes del plantel o de potenciales convocados. No les llama la atención el compromiso y el respeto de los futbolistas, porque tal vez lo consideren la única actitud posible.

Hincha feliz y festejando el triunfo de Uruguay frente a Portugal. Foto: Marcelo Bonjour.
Hincha feliz y festejando el triunfo de Uruguay frente a Portugal. Foto: Marcelo Bonjour.

La Generación Celeste 2010 empezará a hacerse cargo de los negocios, la enseñanza, la salud y toda la gestión del país cuando llegue 2030, la fecha del Mundial ambicionado, pero más allá de eso, una especie de mojón que señala el camino al futuro.

Un solo grito, de Sochi hasta Maldonado
Hincha festejando apretando dientes

La euforia recorrió ayer desde las tribunas del estadio de Sochi y el campo de juego, hasta las calles de Montevideo y el interior del país. "Uruguay está en el lugar que quería, pero no en el que pensaba la mayoría en esta Copa del Mundo", dijo el entrenador celeste, Óscar Tabárez. El técnico resaltó que sus jugadores "no se guardaron nada" para vencer a Portugal. "Es un sueño cumplido lo que pasó hoy y nos abre la posibilidad de aspirar a otro (sueño) en unos días (...); en el próximo partido Uruguay va a dar lucha", advirtió. "Cuando se tiene la suerte de ganar hay que ganar sin estridencias (...) y cuando nos toque perder, perder con dignidad, con humildad".

PARA RECORDAR.

Grandeza y miseria en la Copa del Mundo

Uruguay recién perdió su invicto en los Mundiales en las semifinales de su tercera participación, en 1954, luego de ser campeón en las ediciones de 1930 y 1950. Pero entonces se inició la caída: ya para 1958, el seleccionado celeste no pudo clasificarse.

Volvió a competir en 1962, sin superar su serie. En 1966 llegó a los cuartos de final, que entonces era la fase inmediatamente posterior a los grupos. En 1970 alcanzó el cuarto puesto, la mejor actuación mundialista en medio siglo. Cuatro años más tarde volvió a marcharse en la fase de grupos, primer paso de un declive todavía mayor: no se clasificó para 1978, 1982, 1994, 1998 y 2006.

En 1986 y 1990 accedió a la Copa del Mundo y avanzó a los octavos de final, aunque entonces había lugar incluso para los cuatro mejores terceros de las series. De hecho, en 1986 pasó apenas con dos empates. En 1990 fue algo mejor, ya que logró su primer triunfo en veinte años. Para que llegara otro habría que esperar a 2010.

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