Fray Bentos

Festejaron aunque no entró Giorgian

Los niños de la escuela número 8 de Nuevo Berlín se vistieron de fiesta para el partido, aunque lamentaron que no entrara De Arrascaeta, el ídolo del pueblo

Giorgian
Los pequeños esperaban ver a De Arrascaeta. 

Con bombo, platillo y redoblante, los alumnos de la escuela 8 de Nuevo Berlín, palpitaron el juego entre Uruguay y Arabia Saudita. Aunque Giorgian de Arrascaeta, no ingresó en el transcurso del partido, igualmente la escuela se vistió de fiesta.

Globos, banderas y camisetas celestes hechas hasta en papel de arroz, todo para homenajear a su ídolo, portador de la 10 celeste, surgido en esta localidad de tan solo 2300 habitantes.

Hasta el director Milton Podkidaylo, se puso la celeste e hizo sonar la corneta en cada uno de los salones donde se estaba mirando el partido. Imposible continuar con la actividad curricular mientras la selección juega un mundial donde el que lleva la 10 es un hijo del pueblo que los visita cada vez que tiene libre en el Cruzeiro.

“Giorgian es un chivo humilde, de perfil muy bajo, que no le gusta hablar mucho en los medios, pero para nosotros sigue siendo un gurí del barrio que nos visita cada vez que viene a Berlin” dijo la maestra Valeria Zapata que lo supo tener como alumno.

Miriam Fernández destaca que además de gran futbolista, fue un muy buen estudiante: “fue un excelente alumno. Cuando terminó sexto año, promovió como la mejor escolaridad. Era excelente en todo sentido, muy humilde, buen compañero y muy estudioso”.

Eso fue tan así que Giorgian se convirtió en el principal referente de Berlín, un verdadero espejo para las nuevas generaciones.

“Siempre lo ponemos de ejemplo mostrándoles que no solo se triunfa en el deporte sino que además hay que ser buena persona y no dejar de estudiar a pesar de las dificultades que puedan presentarse” indicó la docente recordando el origen humilde de De Arrascaeta que salía por las calles de Berlin a vender pan y helados junto a su padre y jugó varios años en el baby con zapatos a los que la madre le había cortado la punta porque le habían quedado chicos y no podía comprarle otros. Con algunos dedos afuera, igual se cansó de hacer goles y deleitar al público que sabía estaba en presencia de un futbolista diferente y con futuro.

“Giorgian agarraba la pelota cuando jugaba en Pescadores y todo el equipo y los contrarios corrían detrás de él” recuerda Fernando Pereira que lo conoce desde chiquito cuando peloteaba en la cancha a la orilla del rio Uruguay.

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