ASÍ LO VEO

La fe croata es energizante

EDWARD PIÑÓN

EDWARD PIÑÓN

Agotados, sin audacia, con un juego por momentos hasta perezoso. Así terminaron los ingleses.

Acrobáticos, fuertes, orgullosos, con un corazón indestructible y un juego heroico. Así terminaron los croatas.

Y el contraste debe ser bien marcado, es necesario poner el acento en el aspecto físico cuando en toda Inglaterra se hablaba de una supuesta imposición de los dirigidos por Gareth Southgate porque los de Zlatko Dalic venían de jugar dos prórrogas de 30 minutos. Pero eso no ocurrió y lo que fue más fuerte es que los guerreros croatas terminaron aplastando a sus adversarios en el rubro en el que precisamente debieron perder por paliza.

Esa fe demoledora, esas ganas enormes de convertirse en leyendas de su país fue lo que terminó inspirando un vestuario que se levantó en armas. Cada francesa inglesa repetida en los medios de prensa, cada comentario de los analistas de televisión fue la arenga divina que empujó el orgullo.

Corrieron como siempre. No, perdón, más que nunca. Acalambraron a sus adversarios, los obligaron a entregarles caras de agotamiento. Y ellos fueron más un poquito más. Porque su corazón y su fue inquebrantable los elevaba. Fue como si se hubiesen recargado de energía para terminar de demostrar que son un equipo al que no hay que menospreciar nunca.

Hacerlo fue letal para Inglaterra, que incluso tuvo la oportunidad enorme de pegar primero y con un golazo de tiro libre.

Pero no iba a ser la jornada de derrota para los talentosos Modric y Rakitic. Jamás iban a darse por vencido los luchadores Mandzukic y Perisic. Mucho menos puede creerse que Rebic o Brozovic son de bajar los brazos a las primeras de cambio, a sabiendas que detrás suyo hay cuatro millones de croatas esperando recibir una alegría deportiva.

Ganó Croacia, porque quiso ganar. Porque le mojaron la oreja. Porque menospreciaron su calidad. Y quedó claro que su fe es energizante.

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