RUSIA 2018

Las verdades y mentiras de la interna de una Argentina en crisis

Luego de la derrota contra Croacia y el golpe que ello significó, el plantel tuvo una reunión con el presidente de la AFA y con Jorge Sampaoli donde aclararon ciertos puntos en disconformidad. 

Sergio Agüero, Javier Mascherano y Lionel Messi en la concentración de Argentina. Foto: AFP
Sergio Agüero, Javier Mascherano y Lionel Messi en la concentración de Argentina. En la parte trasera, Ever Benega. Foto: AFP

"Yo tengo mucho vestuario encima, ¿mirá si voy a ser tan boludo?" La voz de Claudio "Chiqui" Tapia escucha el comentario de un amigo suyo y se encarga de desmentir el quincuagésimo rumor del sábado. Será el único que citará este artículo, solo para darle dimensión al día de locos que envolvió aquí a la selección argentina: que él, en la cara de todos los jugadores, le había dicho a Jorge Sampaoli que ya no tendría poder de decisión sobre el equipo. Que se olvidara de la formación, de la táctica, de la charla técnica y de si al asado había que servirlo con papas fritas o ensalada: nada de nada, que acompañara desde un costado, pero en silencio... En un ambiente cruzado por versiones tan disparatadas como esa, el plantel vivió aquí el punto de partida hacia la búsqueda de la clasificación a octavos de final del Mundial ; a gastarse "la última bala", como el propio entrenador les dijo ayer a los jugadores. Curioso, paradojal: a la par que los trascendidos replicaban en la Argentina un clima de supuesta furia, enredos, peleas a trompadas y desestabilizaciones, por la ventana de la concentración empezaban a entrar las primeras corrientes de aire después de demasiados días turbios.

Sería una cuestión de demora en el satélite que transmitía la información, vaya a saber, pero esta vez la distancia entre el dicho y el hecho era bastante más grande de la que separa a la Argentina de Rusia. No porque no existan los problemas ni las tensiones, que va; solo que entre tanto comentario infundado y operación manifiesta, a la selección le hizo bien la catarsis de un encuentro límite, que había estirado la hora de irse a dormir la noche anterior. Fueron 24 horas intensas: el sábado se cerró con una mini cumbre entre los dos actores del principio de esta historia: a la noche, después de que las decenas de rumores fueran y vinieran, se produjo una breve conversación de Sampaoli con Tapia, en la que el dirigente le explicitó su apoyo en este momento delicado: "Quedate tranquilo. Seguimos", le dijo el presidente de la AFA a su empleado más jerárquico. Cuestión de sentido de la oportunidad: a ninguno de los dos le conviene en este contexto avivar un conflicto del que la primera que saldría derrotada sería la selección. Lo que pase después del Mundial, será otra historia. Pero mientras la Argentina siga en carrera, Sampaoli se sentará en el banco.

El beso. Jorge Sampaoli y Lionel Messi en el inicio del entrenamiento de Argentina. Foto: AFP
El beso. Jorge Sampaoli y Lionel Messi en el inicio del entrenamiento de Argentina. Foto: AFP

Lo concreto es que el sábado transcurrió mejor que el viernes: la noche anterior, una reunión entre el cuerpo técnico, los 23 jugadores y Tapia había servido para ventilar las posiciones de cada parte en medio de la situación crítica en el Mundial. De ese encuentro, en el que hubo tensiones, salieron con la postura de ir "para adelante", tal como diversas fuentes le confirmaron a la nacion. No hubo, fue dicho, un pedido de los jugadores a Tapia para que el presidente de la AFA corriera del medio al entrenador. Sí cuestionamientos por los virajes que el técnico propició entre los dos partidos. Y un pedido para que la propuesta futbolística fuera "más sencilla": volver al clasicismo de un esquema 4-3-3 o 4-3-1-2, que requieren menos ajustes que lo que se intentó contra Croacia, por ejemplo. Que Sampaoli se enfoque más en el juego en sí, uno de los grandes déficits del equipo, y menos en la proclamada "intensidad". La palabra de los jugadores, llevada principalmente por Messi y Mascherano -capitán y subcapitán-, surgieron después de que el 10 le pidiera a Tapia que organizara la reunión: "¿Hablamos, Chiqui?", había invitado, al final de la cena.

El técnico escuchó, aceptó las objeciones y ensayó después una autocrítica con su gente más cercana. Debilitado, es consciente de que aquella imagen de entrenador prestigioso que destilaba cuando llegó hace un año ya no existe. Y que solo un giro de 180 grados podría mantenerlo en el cargo cuando el Mundial pase. Pero en el aquí y ahora, valoró como positiva la reacción del plantel: "Nadie debe transitar con calma quedarse fuera de un Mundial. Hablábamos, o el silencio nos llevaba al sarcófago", reflexionaban alrededor suyo, mientras los gestos de los jugadores comenzaban a transmitir señales más saludables. "La generación muda", como la llamaba en la intimidad un extécnico, había decidido abrir la boca en el ámbito que debía hacerlo: puertas adentro y con todos los actores presentes.

Ajenos a esa trama, por el predio desfilaban durante la tarde familiares de varios jugadores, en la jornada de visita prevista desde hacía días: caras conocidas de Higuaín, Salvio, Di María, Caballero, Armani Acuña, Pavón y Guzmán tomaban mate y poblaban la sala de juegos. Risas, toda una novedad.

El partido político

Adentro del Bronnitsy Training Centre crece también la sospecha de que los dardos que tiran desde afuera tienen intenciones que van más allá del fútbol. Esquilmar a Sampaoli es un atajo para recortarle espacio a Tapia, analizaban a un costado de la línea de fuego, mientras seguían tirando del hilo: el sillón del presidente de la AFA es observado por todo el arco político del país. Tan lejos llegaban las lucubraciones, como si todo al final se tratara de una caza de brujas en la que el fútbol importara entre poco y nada. ¿Pero a quién puede convenirle dinamitar a la selección -más de lo que ya está-, en medio de un humor social frágil por los últimos coletazos del país? ¿Tan mezquina puede ser la lectura de algún sector, al punto de quitar del análisis el rato de alegría que una cadena de triunfos en la cancha podría generar? Esas preguntas, por más complejas, todavía no tienen una respuesta asertiva.

Claudio "Chiqui" Tapia, presidente de la AFA. Foto: AFP
Claudio "Chiqui" Tapia, presidente de la AFA. Foto: AFP

A casi 20 mil kilómetros de ese juego de poder, Sampaoli dirigió en la mañana el entrenamiento que él mismo había diseñado una noche atrás. Un ejercicio de 7 contra 7 con Messi y Banega de "comodines", jugando siempre para el equipo que tenía la pelota. Además de sol, había una mejor energía, puntapié hacia el martes, cuando en San Petersburgo la selección juegue su última carta, contra Nigeria. Sí, porque al final de esta recta habrá un partido de fútbol. Uno que la selección afrontará muy probablemente con Franco Armani en el arco, otro debutante. Y con más históricos de los que fueron titulares contra Croacia el jueves: quizás jueguen Banega, Di María y hasta Rojo, sacaban cuentas en el predio al filo de la medianoche. Cálculos que tomarán un rumbo definido en los dos últimos entrenamientos: tiempo es lo que no sobra en este melodrama que se acerca a su capítulo cumbre.

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