RECUERDOS MUNDIALISTAS

Despedida: el telón a Sudáfrica

Un 10 de julio, pero de 2010, Uruguay jugó un partidazo ante Alemania pero no se pudo quedar con el tercer puesto de la Copa del Mundo.

Foto: Archivo El País
Foto: Archivo El País

Uruguay fue protagonista en Sudáfrica 2010 hasta el último segundo de los descuentos. Se consumía el partido por el tercer puesto ante Alemania cuando el equipo celeste tuvo un tiro libre al borde del área. Lo ejecutó Diego Forlán con la maestría exhibida durante todo aquel Mundial. La pelota pegó en el travesaño, subió, subió... y entonces el árbitro dio su pitazo final.

Hubiera sido el gol del empate, hubiera sido el sexto de Forlán y con él, el título exclusivo de goleador del torneo. A esa altura, simples detalles que no empañaban una gran campaña.

Por alguna extraña razón, Uruguay estuvo casi siempre divorciado del tercer puesto mundialista, como si la frustración de haber perdido la posibilidad de ir a la final representara un peso demasiado grande para subir un escalón más, desde Suiza 1954 y México 70, así como en varios sub 20. Apenas en el Mundial Juvenil de 1979 en Japón se consiguió ese lugar. Y en Sudáfrica la historia fue la misma, aunque el seleccionado uruguayo estuvo lejos de mostrarse abatido tras perder la semifinal contra Holanda.

Aquella lluviosa noche en Port Elizabeth Uruguay se presentó, por primera vez, vestido enteramente de celeste. El rival era Alemania, que estaba construyendo la máquina destinada a barrer a Brasil en Belo Horizonte cuatro años más tarde y en Sudáfrica le había convertido cuatro goles a Argentina, para luego caer por estrecho margen ante España. Con muchas ganas y pocas tensiones en los dos equipos salió un muy buen partido.

Alemania se puso en ventaja a los 19 minutos con un gol de Thomas Müller, pero pronto empató Edinson Cavani, que marcaba así su primer gol en un mundial. La jugada la empezó Diego Pérez, quien se tiró a los pies del tractor germano Bastian Schweinsteiger, le quitó la pelota y se la cedió rápido a Luis Suárez. Este la abrió a la izquierda, por donde entraba Cavani, quien definió tocando contra un palo. Y el primer tiempo se fue con ese 1 a 1.

A los seis minutos del complemento llegó el segundo de Uruguay. El mejor gol de toda aquella Copa del Mundo, según una encuesta de la FIFA. La jugada la inició Egidio Arévalo Ríos por la derecha: se llevó la pelota con un golpe de cabeza, tocó hacia Suárez y recibió la devolución. Después mandó el pase hacia el centro, por donde acompañaba Forlán. Diego le pegó de volea y la clavó en la red. El arquero alemán Butt solo pudo verla pasar.

Sin embargo, poco después igualó Jansen. El partido quedó para cualquiera, pues las ofensivas de uno y otro se sucedieron. Cerca del final, Khedira le dio el triunfo a Alemania con un cabezazo tras una serie de rebotes derivados de un corner, aunque restaba ese último episodio del tiro libre para ponerle la última gota de suspenso.

En ese mes de emociones imborrables que significó Sudáfrica 2010 quedaba una alegría más: Forlán fue elegido mejor futbolista del torneo, una distinción inédita para un jugador uruguayo, pues cuando se logró los dos títulos mundiales no existían premios individuales.

Ya pasaron ocho años, pero nadie puede olvidar la incertidumbre del debut ante Francia, los tres goles sobre Sudáfrica, el cabezazo de Suárez contra México, los otros dos goles de Luis a Corea del Sur. Y después el electrizante duelo frente a Ghana, con el penal en contra en la hora y el otro penal, el que picó Sebastián Abreu. Y la titánica lucha de la semifinal con Holanda. Todo bajo el frío invernal sudafricano y el sonido estridente, constante de las vuvuzelas.

En realidad, Sudáfrica 2010 no terminó con ese pelotazo en el travesaño. El éxito se identificó de inmediato con el proyecto que Óscar Tabárez había comenzado a desarrollar en 2006. Con prácticamente los mismos hombres se logró la Copa América 2011 en Buenos Aires. Poco a poco el equipo se fue renovando, aunque a Rusia 2018 llegaron varios futbolistas que estuvieron desde los inicios. Qatar 2022 está lejos, pero no tanto si no se olvidan las lecciones aprendidas en Sudáfrica.

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