SELECCIÓN

El comienzo: Los que iniciaron todo

Este grupo que hoy lidera el maestro Tabárez disfruta muchas cosas que pelearon otros hace 12 años: viajes en Primera Clase, canchas, premios y más

Richard Morales y su gol para Uruguay ante Australia en 2001. Foto: Archivo El País.
Richard Morales y su gol para Uruguay ante Australia en 2001. Foto: Archivo El País.

Desde hace mucho tiempo la selección es una isla. Es, en el fútbol uruguayo, el único “equipo” redituable y que se maneja con una profesionalidad digna de Europa. Sin ir muy lejos, por su participación en la Copa del Mundo de Rusia acaba de recaudar 16 millones de dólares por haber llegado hasta cuartos de final.

Los futbolistas viajaron a Rusia en un chárter especialmente acondicionado que costó 1.3 millones de dólares (aportados por FIFA) y que dio los réditos correspondientes. Uruguay ganó sus cuatro primeros partidos y clasificó a octavos luego de dos juegos. Gracias a estas ganancias, el Complejo Celeste sigue creciendo y ganando comodidades no solo para los que defienden a la selección absoluta, sino para hombres y mujeres de todas las categorías FIFA.

Días atrás escribíamos que Edinson Cavani había confesado a sus allegados que había viajado muchísimo y con todas las comodidades jugando por el PSG, pero que nunca lo había hecho con la comodidad que lo hizo desde Montevideo hasta Nizhny Nóvgorod. Asientos que se transformaban en camas, espacio para caminar, lugares acondicionados para comer y otros para pasar tiempo libre fue lo que encontró el plantel cuando se subió al chárter que lo condujo hasta tierras rusas.

Las guerras intestinas de los futbolistas con la dirigencia por conseguir mejores condiciones para desarrollar sus tareas, esas que desgastaban a los futbolistas afuera de la cancha, hoy son cosa del pasado. Los premios están arreglados, todos viajan en Primera Clase cuando vienen para incorporarse al grupo y no falta nada para trabajar. Lo que quienes hace años están muy metidos en el plantel no olvidan, sin embargo, a quienes pasaron antes. Por el contrario, recuerdan que fueron ellos precisamente los que propiciaron todo esto. Con Paolo Montero a la cabeza, Darío Rodríguez y el “Chengue” Morales yendo al frente, sus voces comenzaron a ser escuchadas.

Uruguay en las Eliminatorias. Foto: Archivo El País.
Uruguay en las Eliminatorias sudamericanas con el "Pato Celeste". Foto: Archivo El País.

Empezaron por pedir vuelos en Primera Clase, porque les mandaban a los países en los que jugaban boletos en Clase Económica y la mayoría pagaban la diferencia para venir más cómodos. Siguieron pidiendo más canchas, mejores vestuarios, dormitorios más cómodos y hasta almohadas, porque por entonces no había en el Complejo Celeste.

Algunos que convivieron con aquella etapa gris de la selección, que recuerdan con gran tristeza cómo no se clasificó a la Copa del Mundo de Alemania luego de haber perdido la tanda de penales contra Australia en Sidney, aseguran que era un grupo bárbaro; tanto o más que el actual. Aceptan que quienes estaban por afuera lo podían ver como un grupo antipático, de caras recias, no muy afín al contacto, pero afirman que puertas adentro era totalmente distinto, con jugadores muy divertidos y unidos, que precisamente no se abrían demasiado porque desconfiaban de todo lo que pudiera hacerle mal al grupo.

Cuentan, por ejemplo, que cuando todos los futbolistas llegaban al Complejo lo primero que hacían era preguntarles a los funcionarios (que en buena mayoría son zafrales) si habían cobrado. Cuando por ese entonces era común que la respuesta fuera negativa y que hacía como tres meses que no recibían sus haberes, los futbolistas hacían una colecta y les daban algo de dinero antes de llamar a los dirigentes para exigirles que se pusieran al día con el personal. “Eran tremendamente solidarios. Nunca te dejaban tirados”, confesó alguien que los conoció bien. “Ahora es todo más fácil, porque todos cobramos en fecha y no falta nada. Estoy seguro que aquella generación, con las comodidades de hoy, habría llegado muy lejos”, agregó esta misma persona.

Paolo Montero, un símbolo de la Celeste en los 2000. Foto: Archivo El País.
Paolo Montero, un símbolo de la Celeste en los 2000. Foto: Archivo El País.
PAOLO MONTERO

Palabra de capitán

"Ese grupo quiso a la Celeste. Llegaba a Juventus, contaba lo que pasaba a mis compañeros y me decían: ‘¿A que van?’, y yo respondía con la canción, ‘Si la patria me llama...’.”, reconoció Paolo Montero.

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