RUSIA 2018

Los celestes agitan fuerte en Nizhny ¡con bombo incluido!

Un grupo de fernandinos sigue Uruguay en la Copa del Mundo con la batería de murga a cuestas.

Así viven los hinchas uruguayos el Mundial de Rusia.
Así viven los hinchas uruguayos el Mundial de Rusia.
Así viven los hinchas uruguayos el Mundial de Rusia.
Así viven los hinchas uruguayos el Mundial de Rusia.
Así viven los hinchas uruguayos el Mundial de Rusia.

El candombe está en la genética de la familia Audiffred, pero a Nando, de 31 años, le “tira más” la percusión murguera. Primero quiso tocar las pailas y los timbales, luego salió en la Eterna Quimera de Maldonado y se entusiasmó con el bombo, platillo y redoblante. Desde 2013 sigue a la Selección uruguaya a todos lados junto a su padre (Fernando Audiffred), su hermano (Pablo), sus cuñados y amigos.

Nando lleva estos tres instrumentos en su valija, y es el encargado de hacer sonar en los estadios rusos el bombo pintado con la bandera de Uruguay, las dos copas del Mundo y los 15 trofeos de América. Se han quedado dos horas más después de cada partido porque los resultados acompañaron y la gente reclamó que tocaran el instrumento para entonar el Y dale alegría a mi corazón, hit de la hinchada Celeste que promete dar la vuelta en la Plaza Roja.

Este grupo humano se auto denomina “Fernandinos en el Mundial” y pudieron ausentarse de sus pagos durante un mes gracias a que las mujeres se hicieron cargo del negocio familiar, una juguetería.

Ellas “aguantan” en Uruguay, mientras ellos agitan en las tribunas rusas. Es la segunda Copa del Mundo a la que asisten. En 2014 financiaron el viaje a Brasil gracias al apoyo de distintos sponsors: les hicieron publicidad en la camioneta que los trasladó y fue su casa durante dos meses.

La ida a Rusia no tuvo patrocinadores pero Fernando, sus dos hijos y Uberfil de León no querían perderse el Mundial. Ahorraron cuatro años, aunque sin dejar de ir a los partidos de la Eliminatorias que el trabajo les permitía. Eso sí, economizaron en vuelos.

“Somos hinchas de abajo, tenemos días y días de trenes encima. En el último pasamos 43 horas, fuimos de Sochi a Moscú”, relata Nando. Esos extensos viajes se prestan para las cantarolas y son infaltables los clásicos Y dale alegría a mi corazón, Volveremos, volveremos y Soy Celeste.

Bombo, platillo y redoblante se extraviaron en el camino. Cuando retiraron el equipaje en Madrid se percataron de que les faltaba un bolso, y era justo el que transportaba los instrumentos. En la aerolínea les dijeron que creían que estaban perdidos en Barcelona. Tardaron una semana y media en aparecer. Se los enviaron directo a Moscú.

La valija con la percusión llegó el 7 de junio y aunque la tarde estaba gélida, no se acobardaron. Fueron a la Plaza Roja y armaron tremenda movida al ritmo de candombe.

“Y dale alegría, alegría a mi corazón, ganar la Copa del Mundo es mi obsesión, tenés que dejar el alma y el corazón, tenés que dejarlo todo por la Selección. Y ya verás, la vuelta en la Plaza Roja vamos a dar”, cantaron convencidos.

Turistas y rusos se acercaron para elogiar la rima de esa canción que pegó fuerte en tierras mundialistas. Los peruanos quedaron fascinados con el redoblante y pedieron que les enseñaran a tocarlo.

Los fernandinos dicen que la gente está intrigada por conocer datos sobre Uruguay. La pregunta que más los sorprendió fue por qué hay un sol en la bandera. Confiesan que tuvieron que googlearlo. Por lo que pudieron averiguar en internet, representa a Inti, el Dios del Sol inca.

Trasladar la batería de murga rumbo al estadio es agotador. Pesa diez kilos, la llevan en una valija y se turnan para cargarla. “Cuando estás adentro disfrutando con la gente sentís que el esfuerzo valió la pena”.

Para poder ingresarlos al estadio tuvieron que llenar un formulario a través de la web de la FIFA. Debían cumplir con un requisito básico: bombo, platillo y redoblante no podían medir más de 120 centímetros en total.

La única vez que quedaron afuera del estadio fue en el partido debut contra Egipto. Pero asumen que el error fue de ellos: se olvidaron del papel que los habilitaba a ingresar en el apartamento. Se enloquecieron porque les costó encontrar un lugar donde dejar los instrumentos y entraron cuando faltaban apenas cinco minutos.

“Fue raro estar sin el bombo, se vivió diferente. Lo miramos sentados y tranquilos”.

Cuando suena el himno nacional no osan acariciar el bombo: “Se respeta a muerte”. Nando dice que cantarlo fuera del país es de las sensaciones más fuertes que experimentó.

“Primero el himno y después los goles”, asegura quien está convencido de que Uruguay ganará 2 a 0 contra Francia con tantos de Suárez y Cavani, que a su criterio, llega.

El bombo suena durante los casi noventa minutos, pero se oye más fuerte en los momentos donde más se necesita alentar. Y explota al final si Uruguay gana. “La gente te exige que toques más, te cantan al lado y te gritan, ‘que suene, vamos’”. Siempre con buena onda.

Si hay triunfo no se mueven del estadio durante dos horas y cantan sin parar “Olé, olé, olé, cada día te quiero más”.

Nando queda sin voz, con las manos llenas de ampollas, pero feliz de sentir la pasión por el bombo, “que es compartir con la gente, verlos disfrutar y cantar entre todos”.

No son barra bravas, sino “un grupo familiar fanático del fútbol que lo vive con emoción y alegría, y expresa el aliento de todo el pueblo uruguayo”.

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