SELECCIÓN

La Celeste ganó con la vieja fórmula

Uruguay apostó al buen toque, pero ganó con un cabezazo.

Foto: Nicolás Pereyra
Foto: Nicolás Pereyra

Cuando el palo devolvió la pelota luego del tiro libre de Edinson Cavani a los 87’ pareció que la victoria sobre Egipto sería imposible. Mucho menos cuando ese mismo rebote lo tomó Diego Godín, remató al arco y dio en Carlos Sánchez, quien terminó despejando el peligro sin querer hacerlo. “Ya está”, pensamos todos. Pero no; no estaba.

Faltaba que José María Giménez tomara la pelota, intentara desbordar, le cometieran una falta y de ella el Pato Sánchez sacara un gran centro para que el mismísimo Josema metiera el frentazo del 1-0 y del triunfo en el debut celeste en Rusia 2018. Alivio.

Se ganó, que es lo trascendente en un torneo tan corto. Ahora, las formas -que también importan- no fueron las más adecuadas.

Uruguay apostó a la tenencia del balón, a la circulación del mismo, a la rotación ofensiva, al pase corto para esperar que se generaran los espacios. Y no le salió. Luis Suárez y Edinson Cavani, dos de los mejores delanteros del mundo, prácticamente no recibieron pelotas claras. Es allí entonces en donde hay que trabajar para corregir, porque Uruguay quiso ser un equipo de mucha generación de juego y fue precisamente en ese punto en donde falló, porque se perdieron muchos balones en la salida (Matías Vecino falló varios pases), los volantes externos (Nahitan Nández y Giorgian De Arrascaeta) no fueron verticales y por lo tanto no hubo quién rompiera las líneas enemigas con un pase filtrado.

Así, Egipto (que no contó ni un minuto con Mohamed Salah, como habíamos vaticinado) comenzó a sentirse cómodo desde lo táctico y a jugar más en campo celeste. Allí aparecieron algunos fallos defensivos del elenco celeste, sobre todo y llamativamente en el juego aéreo. Igualmente, los Faraones no generaron peligro, porque sin su capitán, gran figura y goleador, carecieron de contundencia.

Uruguay era intenciones y pocas ideas. Entonces, comenzó a agigantarse la figura de Godín, quien empujó al equipo varias veces hacia adelante. Y cuando un defensa es el mejor y los delanteros no funcionan, es lógico el 0-0. Pero Óscar Tabárez reaccionó a tiempo, metió los cambios y así cambió el curso del partido. El “Cebolla” Rodríguez y Sánchez ingresaron para revitalizar las bandas y lo hicieron, pues le dieron más verticalidad y profundidad al equipo.

En definitiva, Uruguay apostó al buen trato de pelota y a la posesión, pero terminó ganando con el arma preferida: pelota quieta, cabezazo y a cobrar. ¿Hay que abandonar esa idea? No, hay que pulirla, porque Egipto no es Uzbekistán y un Mundial no es un amistoso. Con la tranquilidad de un triunfo, será más fácil.

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