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La cacería: cuando Pelé y Brasil sufrieron en Liverpool

Un día que el astro brasileño nunca olvidará. 

Mundiales
Cuando Pelé y Brasil sufrieron en Liverpool. FOTO: Archivo El País. 

Muchas veces Brasil ha sido el caballo del comisario en los mundiales, con un camino alfombrado hacia el título, aunque luego le aparecieran obstáculos más o menos insalvables. Imposible olvidar México 70, cuando no se movieron de Guadalajara hasta que les tocó jugar la final en el estadio Azteca. Y cuando se disputó México 86, nuevamente los organizadores tuvieron la gentileza de fijarles los partidos en la siempre amigable capital del estado de Jalisco.

Sin embargo, hubo una vez en la cual los brasileños padecieron la disputa de la Copa del Mundo. Fue en Inglaterra 1966, cuando no pudieron superar el grupo inicial, algo nunca repetido.

Brasil era el bicampeón vigente, gracias a sus títulos en Suecia 1958 y Chile 1962. Por lo tanto, era el mayor enemigo del sueño inglés de conquistar por fin el trofeo. Ya se ha comentado en esta sección cómo los ingleses pusieron piedras en el avance de los equipos sudamericanos con arbitrajes desfavorables.

Otro lugar común de la historia de los mundiales es destacar la perfecta organización que respalda a los seleccionados verdeamarillos, antes bajo la conducción de la Confederação Brasileira de Desportos (CBD) y desde 1979 bajo la Confederação Brasileira de Futebol (CBF). Se recuerda, por ejemplo, que fueron los primeros en contar con un psicólogo para trabajar con los futbolistas. Pero en 1966 lo hicieron todo mal.

El técnico Vicente Feola, que había ganado el Mundial 1958 pero por enfermedad había dejado su puesto a Aymoré Moreira en 1962, retornó para 1966. Pero no tenía las ideas muy claras, por lo cual convocó a 49 futbolistas en la etapa previa y los dividió en cuatro grupos para entrenar. Llegado el momento de viajar a Inglaterra, lo hizo con 27 jugadores, de manera que debía eliminar cinco de la lista final en la propia antesala del torneo.

Al final se decidió por un plantel demasiado cargado en años (allí estaban los bicampeones Gilmar, Bellini, Djalma Santos, Pelé y Garrincha, varios de ellos ya en el declive de su carrera). La preparación física fue confiada a un especialista en judo que nunca había trabajado con futbolistas.

Feola trasladó su indefinición al mismo Mundial, donde alineó a 20 de sus 22 jugadores, en una época en la cual no se autorizaban los cambios durante los partidos.

Pero estaba Pelé, el mejor jugador del mundo, en su plenitud, y eso inflaba el optimismo. Y de tiro libre Pelé convirtió el primer gol en el debut, ante Bulgaria en el Goodison Park de Liverpool, la cancha del Everton. Sin embargo, ese día comenzaron los padecimientos de O Rei. Los búlgaros lo trituraron a patadas, bajo la mirada tolerante del árbitro alemán Tschnscher.

Brasil se impuso 2-0, pero Pelé quedó lesionado y no pudo actuar en el segundo encuentro, ante Hungría. Y Brasil perdió por 3 a 1. Para avanzar a cuartos de final, era imprescindible ganarle a Portugal en el última partido de la serie, siempre en Liverpool. No quedaba otra que alinear a Pelé, incluso en inferioridad de condiciones físicas.

El lusitano Morais lo esperaba con una cacería similar a la de los búlgaros. El juez inglés McGave nada dijo. Pelé tuvo que ser atendido varias veces por los médicos y no llegó a gravitar en el juego. Por otra parte, Portugal contaba con un gran equipo, encabezado por el goleador Eusebio, y liquidó a Brasil por 3 a 1.

De aquella derrota, Brasil sacó dos lecciones: había que prepararse mejor y era necesario enfrentar el poder europeo en la FIFA. Así, en 1970 fueron campeones en México y cuatro años más tarde su máximo dirigente, Joao Havelange, llegó al trono de la FIFA.

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