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Stirling: "Un buen deportista no se aburre nunca de ganar"

El uruguayo David “Pelón” Stirling se metió en la historia del polo al obtener su tercera Triple Corona argentina consecutiva con La Dolfina, el equipo del mejor jugador del mundo Adolfo Cambiaso.

El oriundo de Young, de 34 años, se ubica en el cuarto lugar del ránking mundial. En el Río Negro Polo Club, tras una clínica para más de 60 niños, habló con Ovación sobre su carrera y el deporte en Uruguay.

— Acabás de ganar la Triple Corona por tercera vez consecutiva con La Dolfina y jugás hace siete años con y contra los mejores del mundo. ¿Seguís aprendiendo a jugar?

Sí. Yo creo que todo deportista, o uno mismo en la vida, trata de aprender o de escuchar a los mayores para agarrar las cosas que uno piensa que son buenas. Así que todos los días uno aprende algo o sigue trabajando en encontrar esa yegua o ese caballo especial. En el polo los caballos son muy importantes porque el día que pensás que ya estás listo y no seguís invirtiendo en mejorar tu caballada, ahí va a empezar la cuesta abajo, porque se te van a empezar a lesionar tus yeguas buenas y tu nivel va a bajar.

— Y para aprender también tenés a tus compañeros de equipo...

Justamente. Estando en ese equipo, si te relajás, perdés una oportunidad única. Cuando entré a La Dolfina, en 2010, me di cuenta de que le tengo que meter ficha todos los años. Ganas, tiempo, actitud. Imaginate: tengo al lado al mejor jugador del mundo. No solo aprendo de él sino de toda su organización. El día a día, estar con los caballos, con el veterinario, el tema de la cría. De eso uno aprende y es lo que a uno le gusta. Por eso, la oficina es un programón, para mí.

— En 2011 llegaste a los 10 goles de handicap y dijiste que te alegraba ser el que abría la puerta para los uruguayos. ¿Creés que se aprovechó esa puerta?

Seguro. Yo abrí la puerta y seguro va a haber otros uruguayos con 10 goles. Las estadísticas están para batirse. Siempre se baten. Hoy en día se ve a jugadores como mi primo, Alejo Taranco, ganar torneos importantísimos en el mundo como el Abierto de Estados Unidos, junto a Cambiaso. También hay jugadores jóvenes como Juancho Curbelo, que tiene 6-7 goles, viene creciendo muy bien y juega mucho en Argentina. Mi hermano Santiago que está arrancando y ya ha jugado torneos importantes en Inglaterra y en España. Y vengo este fin de semana de dar una clínica a 60 chicos de Durazno, Mercedes, Montevideo... Mirás tres o cuatro años para atrás no había eso. No había esa cantidad de chicos arrancando a jugar y ese entusiasmo.

— ¿Sentís que sos el que lleva la bandera del polo uruguayo en el mundo?

— Si, si, pero yo creo que cada polista uruguayo que va a cualquier parte del mundo lleva la bandera. A mi me pone muy contento que voy a Inglaterra y siempre veo un uruguayo o una persona que me saluda y me muestra la banderita. Ver los fixtures o los equipos en el extranjero, que generalmente son jugadores argentinos o de otros países, y ver uno que tiene URU al lado del nombre, me deja contento.

— ¿Pesa esa bandera?

No, es lindo. Me gusta ser el único extranjero que juega una final de Palermo, ir a recibir el premio con la bandera uruguaya. El uruguayo es muy uruguayo y muy de la bandera y la verdad que, en ese sentido, soy uno más, me parece.

— En la foto de La Dolfina levantando la copa de Palermo aparecés con la bandera enrollada en la cintura. ¿Cómo se siente entrar a la cancha y ver las banderas uruguayas entre la hinchada?

— Salí a taquear para calentar el otro día y me crucé con Pablo Mac Donough, que es el número 3 nuestro, y le digo: "Mirá que el día que me echen, no van a tener a nadie en la tribuna". Es un orgullo. Para un polista jugar una final de Palermo ya es algo increíble, imaginate ver 100 o 150 banderas de Uruguay. Hacen un día que ya es especial, más aún. Yo siempre les agradezco.

— ¿Proyectaste cuando recién empezabas vivir momentos como esos?

— No. Yo vivía en España y apenas sabía lo que era el Abierto Argentino. Arranqué porque me divertía jugar al polo. La carrera se fue dando de a poquito. El día que llegué a Argentina, por el 2004, empecé a ir a ver Palermo. Soñé un día jugarlo, lo jugué. Soñé un día, jugar una final. Ese día, en el 2010, soñé ganarla y al año siguiente se me dio. Hay que seguir. Crecer. Siempre dicen que lo difícil es mantenerse. Ahora hay que meterle más que nunca.

— Sos consciente de que estás en un equipo que está haciendo historia. ¿Se siente en el día a día la responsabilidad de estar a la altura?

Es increíble que haya podido tener la chance de jugar en un equipo como La Dolfina, con lo que es hoy en día en el mundo del polo. Creo que tengo los tres mejores compañeros que hay. ¿Si es una presión? Seguro. A La Dolfina, como todo equipo que está acostumbrado a ganar, lo único que le sirve es ganar. El día que perdés una final te vas a casa llorando. Y este año se notó mucho la presión. Por el tema de la triple Triple. De batir el récord que tenía Coronel Suárez, que en el mundo del polo ha sido algo histórico (único equipo junto a La Dolfina que había ganado dos veces seguidas la Triple Corona, 24 veces campeón de Palermo). Normalmente la semana de la final nos divertimos, es una linda semana, pero este año empecé a vivir el partido muy temprano. Si jugás la final el sábado, te ponés a pensar en el partido el jueves o viernes. Empezás a estar más en silencio, en tu mundo. Este año era lunes y ya estaba demasiado metido. Fue desgastante. Nadie dijo nada durante la semana, pero cuando terminó el partido los cuatro dijimos que había sido una semana complicadita.

— Es fácil caer en el lugar común de decir "Pelón ganó todo". ¿Ves así tu carrera?

Yo creo que un buen deportista no se aburre nunca de ganar. Tiene que aprovechar el momento y el equipo en el que está, porque sabe que en unos añitos se le va a acabar la carrera. Hoy me decían Vamos por la cuarta y yo no quería saber de nada. Pero me das 10, 15 días de vacaciones y empiezo a pensar. Ya nos juntamos con todo el equipo a los dos días que terminó el Abierto para planear el año siguiente. Ya vas pensando en conseguir algún caballo bueno o una yegua buena o en qué podés mejorar. En septiembre vamos a estar enchufados otra vez.

La cría de caballos Oriental y búsqueda del modelo europeo.


Stirling menciona a Punta del Este, Montevideo, Mercedes y Young como lugares en los que se podría desarrollar polo competitivo. Sin embargo, los caballos son fundamentales para el deporte, y en Uruguay la cría recién empieza a crecer.

"A la cría le falta. Como al polo", asegura Pelón. "Acá ha quedado muy polo de campo, de diversión. Pero en los últimos tres o cuatro años se han traído padrillos de Argentina, de cría buena, de los Pieres, de La Dolfina y hay varios nuestros".

Stirling nombró a su cría La Oriental y lamenta no tener más facilidades para traer a los animales a La Esmeralda, la estancia familiar en Young.

"Tengo toda mi organización, en Argentina, porque llevar y traer caballos es muy caro. Es una empresa grande que le venimos metiendo mucho dinero. Hacemos unos 50, 60 embriones por año. Es un número muy grande. El día que me retire es a lo que me voy a dedicar. La cría Oriental se ha hecho un buen nombre en Argentina", cuenta.

Como ejemplo del escenario que le gustaría menciona a Europa. "Ahí cada caballo tiene pasaporte con sus vacunas y con eso se pueden mover por toda la Comunidad Europea. Ojalá que pase algo parecido con el Mercosur. Con el nuevo gobierno en Argentina esperamos que haya algún cambio. Nuestro campo en Young queda más cerca de Buenos Aires que lo que le queda a Cambiaso su campo".

Aunque es consciente de que, por los costos económicos, el polo no es un deporte al que sea fácil acceder, Stirling asegura que sería beneficioso para Uruguay incentivarlo. "El polo en Argentina es un gran negocio. Los patrones para los que jugamos afuera están en Argentina durante el Abierto de Palermo. Compran campo. Compran caballos. Compran casas. Creo que a Uruguay, si se logra hacer algo un poquito más grande acá y se trae a esa gente a jugar, le puede dar mucho. El polo mueve mucha gente importante".

Admite que el polo uruguayo aún está lejos del nivel profesional, pero es optimista de cara a su desarrollo y rescata los avances que se han realizado. "Hay jugadores que han ido a jugar afuera y que traen ideas y cambios", dice. "Cuando uno viene a jugar un torneo, lo ve más organizado que hace unos años. Hay una temporada programada, se nota un gran esfuerzo para que las canchas estén mejores, el nivel de caballos va mejorando. Y, estando al lado de Argentina, hay que aprovechar. El año pasado, en la clínica que di, sorteamos cuatro viajes para que cuatro chicos fueran a Buenos Aires a jugar un torneo y terminaron practicando en La Dolfina con el hijo de Adolfito (Cambiaso) y el hijo de Lucas Monteverde (exjugador de La Dolfina). Para ellos, a esa edad, tener la oportunidad de jugar con chicos que van a ser 10 goles seguro es muy bueno".

SU CARRERA

Un As del polo


Se fue a vivir a España a los siete años pero no empezó a practicar polo con frecuencia hasta los 14, cuando estudiaba en Inglaterra. A los pocos años jugó torneos en Australia contratado por James Packer, uno de los patrones más importantes de la historia del polo.

Entonces jugaba a gran nivel la temporada en Inglaterra, donde enfrentaba a Cambiaso, quien lo invitó a jugar el Abierto de EE.UU. en 2007. Tras el torneo, trabajó en La Dolfina, cuidándole caballos al argentino.

En 2009 fue invitado por la familia Heguy a jugar la Triple Corona en el equipo Chapa II. Volvió a La Dolfina en 2010 para integrar el cuarteto titular. En 2011 ganó por primera vez Palermo y llegó a diez goles de handicap, la valoración más alta para un jugador de polo a nivel mundial.

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