FUERA DE SERIE

O.J. Simpson: acusado de homicidio, fue exonerado y terminó preso por asalto

Estrella de fútbol americano y actor, su fuga y posterior juicio fueron seguidos en vivo por millones en EE.UU.

OJ Simpson
O.J. Simpson durante el juicio, con los guantes que fueron elemento clave de la acusación.

Más de 90 millones de personas en Estados Unidos pueden recordar con exactitud qué hacían la tarde del 17 de junio de 1994: estaban sentados frente al televisor, siguiendo la persecución policial a O.J. Simpson, exestrella de fútbol americano y actor de cine acusado de asesinar a su esposa. Hoy se asegura que fue el primer reality show de la televisión: las cámaras siguiendo un momento crucial en la vida real de una celebridad.

Aquel día, O.J. huía en su camioneta Ford Bronco blanca, que manejaba su amigo Al Cowling, por la autopista interestatal 405 cerca de Los Angeles. Lo seguían unas veinte patrullas de la policía, más helicópteros policiales y de las cadenas de televisión, que emitían todo en vivo. Una de ellas estaba transmitiendo la quinta final de la NBA y redujo el partido a un pequeño recuadro en la pantalla para informar sobre la cacería.

Simpson iba armado y eso aumentaba la tensión. En las horas previas se había conocido una carta suya en la cual amenazaba con suicidarse: “No sientan lástima por mí. He tenido una gran vida. Por favor, piensen en el verdadero O.J. y no en esta persona perdida”, decía. Al final, luego que sus abogados negociaran con los policías, se entregó pacíficamente.

No fue sin embargo el capítulo final de la historia, sino el comienzo de otro episodio con la misma vasta repercusión mediática: su juicio por homicidio.

Fuera de Estados Unidos, la fama de O.J. (iniciales de Orenthal James) Simpson se debía por entonces más que nada a su participación en películas, en especial La pistola desnuda, donde interpretaba a un agente de policía compañero del torpe teniente Frank Debrin (inolvidable papel de Leslie Nielsen). Pero si llegó al cine fue por su trayectoria de figura del fútbol americano, más una personalidad carismática y entradora.

Luego de destacarse en las competencias universitarias a fines de la década de 1960 fue contratado por los Buffalo Bills, donde se consagró como el mejor corredor de la NFL. Terminó su carrera en los San Francisco 49ers. Ya entonces ponía su rostro y su voz a muchos avisos, además de cumplir pequeños papeles en televisión y cine. El primero fue en la serie Raíces. Y siguieron muchos otros.

Esa era su actividad en junio de 1994, cuando la policía encontró en una casa de Los Angeles los cadáveres de Nicole Brown (segunda esposa de Simpson, de quien se había divorciado dos años antes) y de su amigo Ronald Goldman. Ambos habían sido salvajemente acuchillados.

Cuando los investigadores llegaron a la casa de O.J. para avisarle del crimen, comprobaron que este había viajado horas antes a Chicago, pero encontraron la Ford Bronco que luego sería célebre con manchas de sangre. También un guante ensangrentado, que completaba el par con otro igual hallado en la escena del crimen.

Los indicios apuntaban hacia el exfutbolista. Pero como este no se entregó, fue declarado fugitivo. Y se inició esa persecución “histórica” que culminó con su arresto.

El juicio por homicidio se inició en enero de 1995, ante la atención de todo el mundo: se acreditaron 2.000 periodistas. La prensa se lanzó a entrevistar a todo aquel que podía tener una vinculación aunque fuera muy lejana con el caso. Por supuesto, la fama del acusado, así como su condición de afroamericano, representaron elementos esenciales en la enorme repercusión mediática del caso. En general, la población blanca creía que O.J. era culpable y la negra que era inocente. También se puso la lupa sobre los procedimientos policiales previos a su arresto, que muchos consideraron ilegales.

Simpson se declaró “no culpable” y contrató a un equipo de abogados conocido como el “Dream Team”, por su historial de éxitos ante tribunales, con honorarios por varios millones de dólares.

Estos abogados lograron convencer al jurado de que las pruebas presentadas por la fiscalía no eran lo suficientemente sólidas como para condenar a su defendido.

El 3 de octubre de 1995, ante una audiencia en directo por televisión de 145 millones de personas, Simpson fue declarado “no culpable” y quedó en libertad. El entonces presidente Bill Clinton había dispuesto un operativo policial en caso que hubiera reacciones violentas al veredicto, pero no ocurrió nada.

Pese al fallo, las familias de Brown y Goldman presentaron una demanda civil contra O.J. Y en ese caso, el jurado encontró que el acusado era “responsable” de las dos muertes. Fue obligado a pagar 33 millones de dólares como reparación. Sin embargo, Simpson pagó una suma mucho menor. Le confiscaron y remataron bienes, que no cubrieron la deuda.

Hubo mil teorías sobre el caso, desde que los asesinatos fueron obra de un narcotraficante (por lo cual O. J. no habría tenido nada que ver) hasta que lo hizo la mafia como advertencia al exfutbolista. Por supuesto, muchos siguen creyendo que era culpable. Dos de los abogados defensores y un fiscal escribieron libros tratando de explicar el veredicto.

O.J. no desapareció de los medios después del juicio. Incluso en algunas entrevistas hizo bromas de mal gusto sobre el crimen. Lo más increíble ocurrió en 2006: un tal Pablo Fenjes publicó un libro titulado Si lo hubiera hecho, confesiones del asesino, basado en supuestas declaraciones de Simpson.

Para promoverlo, el propio Simpson concedió una entrevista a la cadena Fox en la cual contaba “hipotéticamente” cómo hubiera asesinado a su exesposa y su amigo. “Todo estaba cubierto, hubiera estado cubierto de sangre… Fue horrible. Fue absolutamente horrible”, relató en un momento. El video con el reportaje aparentemente se perdió, o alguien decidió no emitirlo, y recién se conoció en 2018.

El deportista reconvertido en actor ya vivía una vorágine de episodios extraños. En 2001 fue juzgado por robo, pero resultó absuelto. En 2007 fue arrestado en Las Vegas, acusado de robar y secuestrar a dos personas en una habitación de un hotel, a quienes reclamaba unos recuerdos deportivos que consideraba propios. Esa vez no se salvó: fue encontrado culpable y sentenciado a 33 años de cárcel. Estuvo preso hasta 2017, cuando le otorgaron la libertad condicional al cumplir 70 años.

Las últimas noticias de O.J. son de 2019. Entrevistado entonces por la agencia Associated Press, se declaraba “saludable y feliz” viviendo en Las Vegas con su hija mayor, nacido en su primer matrimonio. Allí jugaba al golf y visitaba a amigos. Se sacaba selfies con gente que lo reconocía, aunque también tuvo algún incidente cuando le reprocharon su pasado. “No queremos revivir el peor día de nuestras vidas. Mi familia y yo hemos dado vuelta la página y entrado en lo que llamamos una ‘zona sin cosas negativas’. Nos enfocamos en lo positivo”, declaraba.

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