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Resaca de fiesta

Beijing, de los Juegos 2008 a hoy.

Foto: AFP.
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Los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 maravillaron con las hazañas de grandes atletas en fastuosos escenarios. La organización de las competencias demandó un gasto estimado entre 7.000 y 40.000 millones de dólares, según distintas fuentes, aunque el gobierno chino nunca confirmó cifras. Lo que quedó claro es que ese gasto se vio reflejado en cada rincón de sus instalaciones.

Diez años más tarde, sin embargo, muchos de esos escenarios están abandonados y prácticamente en ruinas. El Estadio de béisbol de Wukesong, el Parque Olímpico de remo y piragüismo de Shunyi y el velódromo de BMX de Laoshan, por ejemplo, muestran un aspecto lamentable. Ninguno volvió a ser utilizado tras los Juegos.

El escenario central, el estadio “Nido de Pájaro”, que albergó las ceremonias de inauguración y clausura, así como las pruebas de atletismo, está bien mantenido, pero se utiliza poco, apenas para grandes citas deportivas y conciertos. Y todavía no es rentable.

Todo ello ocurre en una ciudad de 21 millones de habitantes y en un país de 1.300 millones, donde se supone que hay público y deportistas suficientes para infinidad de disciplinas.

También varias de las instalaciones de Atenas, sede de los Juegos de 2004, se vinieron abajo por falta de mantenimiento, lo cual también es caro. Hay quienes piensan que el enorme presupuesto destinado a la organización de los Juegos contribuyó a la crisis económica vivida por Grecia desde fines de la década del 2000.

Pero esta historia no es nueva. Hasta Berlín posee edificios abandonados que fueron escenario de los Juegos de 1936. Por ejemplo, la villa olímpica, que fue utilizada como centro de operaciones del ejército soviético, cuando esa parte de la ciudad quedó del lado oriental tras la Segunda Guerra Mundial. Y al desaparecer en 1990 la Alemania del Este, el recinto quedó vacío. Sarajevo, que recibió los Juegos de invierno de 1984, fue afectada durante la guerra en la ex Yugoslavia. Y muchas instalaciones olímpicas resultaron destruidas o abandonadas.

Es frecuente que luego de una animada fiesta cualquier casa termine patas para arriba y en total desorden. Pero los casos de las ciudades olímpicas equivalen a que la familia anfitriona de la fiesta agregue habitaciones y salones a su hogar, para luego no saber qué hacer con ellos. Salvo seguir pagándolos.

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