HISTORIAS

Los regresos “imposibles” del deporte

Como Tiger Woods, hubo estrellas del deporte que superaron graves problemas físicos o personales para volver a triunfar cuando pocos lo creían.

La legendaria pelea entre Muhammad Ali y George Foreman el 30 de octubre de 1974.
La legendaria pelea entre Muhammad Ali y George Foreman el 30 de octubre de 1974.

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Deportistas que superaron graves lesiones y triunfaron hubo muchos. También unos cuantos regresaron de retiros más breves o más largos, con dispares resultados. Pero muy pocos alcanzaron la cumbre, se despeñaron desde ahí por accidentes o problemas graves y finalmente lograron volver a lo más alto.

Tiger Woods, flamante ganador del Masters de Augusta, es el ejemplo más reciente. Luego de varias operaciones (espalda y rodillas), conflictos conyugales, adicción a los fármacos y todo tipo de problemas personales, volvió y en poco tiempo reconquistó el Masters. La historia recuerda otros nombres. Como estos cuatro regresos heroicos.

Muhammad Ali.

A mediados de los años 60 Cassis Clay era el invicto campeón mundial de los pesos pesados, cuando ese título ofrecía auténtica celebridad internacional. Además, era un boxeador muy diferente a los tradicionales, y no solo por su técnica: locuaz, atrevido, genial. Y saltó al centro de la escena político-religiosa. Anunció su conversión a la Nación del Islam y cambió su nombre por Muhammad Ali, además de denunciar el racismo en el deporte.

Para el establishment conservador de Estados Unidos, el colmo fue cuando en 1967 se negó a cumplir el servicio militar en la guerra de Vietnam debido a sus convicciones religiosas. “No tengo problemas con los Viet Cong, porque ningún Viet Cong me ha llamado nigger”, declaró, haciendo referencia a un término despectivo usado contra los negros en su país. Lo despojaron del título mundial, le quitaron la licencia de boxeador y lo condenaron a prisión, aunque entre apelaciones y fianzas no llegó a estar detrás de las rejas.

Hasta que en 1970 un juez federal lo autorizó a ejercer su profesión, el boxeo. Un año más tarde, la Corte Suprema estadounidense reconoció como válida su objeción a la guerra. Sobre el ring no le fue bien al comienzo, pues perdió ante el nuevo campeón, Joe Frazier. Después fue derrotado por Ken Norton, que le rompió la mandíbula. Parecía el final de su carrera. Pero se recuperó. En 1974, por fin, enfrentó a George Foreman, un oso con guantes que le había arrebatado el título a Frazier. En un escenario inverosímil (un cuadrilátero en un estadio de fútbol a pasos de la selva africana, en la madrugada de Zaire), Alí noqueó a Foreman y volvió a ser campeón mundial.

Niki Lauda.

El piloto austríaco Niki Lauda había sido campeón mundial de Fórmula 1 en 1975 y marchaba primero en la temporada 1976, cuando sufrió un terrible accidente en el circuito alemán de Nürburgring. Su Ferrari chocó contra el guardarrail y se incendió de inmediato. Los bomberos no se atrevían a sacarlo del auto, por lo cual cuatro colegas pilotos se metieron en las llamas y lo salvaron.

Lauda sufrió quemaduras de primer y tercer grado en el rostro, la cabeza y las manos. Perdió casi toda una oreja. Pero lo peor fue que inhaló los gases del combustible, lo que le afectó los pulmones. En los días posteriores, un sacerdote le dio la extremaunción.

Sin embargo, Lauda insistió para volver a correr, pues su posición en el campeonato estaba amenazada por el británico James Hunt. Todavía con vendas en la cabeza corrió en Monza, 40 días después del accidente.

El título se definió en el Gran Premio de Japón, bajo un verdadero diluvio. El austríaco entendió que correr en esas condiciones era una locura y abandonó la prueba, con lo cual facilitó el título de Hunt.

Niki no tuvo que esperar mucho para reconquistar el campeonato, pues ya en 1977 logró el título. En 1979 se retiró para dedicarse a su línea aérea (Air Lauda), pero tres años más tarde decidió volver a la Fórmula 1. Y en 1984 obtuvo su tercer campeonato mundial.

Ben Hogan.

En 1949, los cracks profesionales del golf, como Ben Hogan, debían viajar de torneo en torneo en sus propios autos (hoy lo hacen en sus jets privados). Cuando se dirigía con su esposa a Forth Worth, una mañana neblinosa de febrero, chocó de frente contra un ómnibus. Al presentir el impacto, Ben se hizo a un costado para cubrir a su mujer. Eso le salvó la vida a ambos, porque la barra de dirección de su coche atravesó el asiento del conductor.

Pero él sufrió varias fracturas: doble de pelvis, clavícula, tobillo, una costilla astillada, múltiples coágulos de sangre y otras complicaciones. Los médicos le dijeron que solo con mucha suerte volvería a caminar. De golf, ni hablar.

Sin embargo, en junio de 1950 se inscribió en el US Open, y además lo ganó. Algunos afirman que después del accidente su juego incluso mejoró. Se retiró en 1971, con estos logros: 63 títulos oficiales del PGA Tour, nueve Majors (cuatro U.S Open, dos Masters de Augusta, dos Campeonatos de la PGA y un British Open). También fue el primero de la historia en conquistar los cuatro Majors al menos una vez.

Greg LeMond.

En 1986 el estadounidense fue el primer ciclista no europeo en ganar el Tour de France. En 1987 iba por el doblete, pero en una caída se rompió la muñeca. Durante el obligado descanso organizó una partida de caza en California con familiares y amigos. Su cuñado escuchó un ruido, pensó que era un animal y disparó. Pero era Greg LeMond, que recibió 60 perdigones en la espalda y el lado derecho de su cuerpo. Sin embargo, tuvo suerte: un helicóptero policial estaba cerca y pudo trasladarlo a un hospital.

Cuando llegó, había perdido más del 60% de su sangre y sufría neumotórax en su pulmón derecho. Luego de una cirugía de urgencia, los médicos indicaron que una demora de 20 minutos le hubiera causado la muerte. Tiempo más tarde debió someterse a otra operación para seguir tratando sus heridas.

LeMond se perdió dos ediciones del Tour, pero en 1989 -todavía con muchos perdigones en el cuerpo- volvió a correrlo y logró su segundo triunfo. Y repitió en 1990.

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