HACIENDO HISTORIA

Pioneros: la aventura de la Vuelta

En 1939 se puso en marcha la quijotesca idea de unir el Uruguay con una competencia sobre bicicletas. Fue una prueba dura, llena de contratiempos, que consagró a dos ciclistas de Nacional e inauguró una tradición criolla.

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Esforzados atletas. Arriba, el recorte de El País con la largada de la primera Vuelta Ciclista de la historia, en 1939: los competidores avanzan por la avenida 18 de Julio, entre cachilas y la expectativa del público.

Si Hitler reclama la soberanía alemana sobre Polonia será muy difícil evitar la conflagración", titulaba en portada El País el sábado 1° de abril de 1939. Se refería a una declaración del entonces premier británico Neville Chamberlain, ya arrepentido de su política de apaciguamiento hacia la política expansionista del líder nazi. Exactamente seis meses después las tropas alemanas invadían Polonia y comenzaba la Segunda Guerra Mundial.

Lejos de los cañones, los uruguayos iniciaban aquel sábado la Semana de Turismo, que llevaba justo 20 años con ese apellido. En la página deportiva, con espacio mucho menor (los titulares fueron para un amistoso Nacional-Liverpool) se informaba sobre la largada de la Vuelta Ciclista del Uruguay. Se estaba haciendo historia, aunque la prensa en general no terminó de comprenderlo: los preparativos de la prueba fueron ignorados por los diarios y las noticias de cada etapa se limitaron a despachos de la agencia United Press desde el interior.

La labor de aquellos pioneros fue rescatada con el tiempo. Así se destacó el papel del relator de radio Sport Enrique "Chetto" Pelliciari, quien se inspiró en el Tour de France. Las grandes carreras por etapas son obra de medios de prensa: el diario LAuto (antecesor de L´Equipe) impulsó el Tour, mientras que el Giro dItalia fue creación de La Gazzetta dello Sport. Y en Uruguay, la vieja CX 18 Sport, nacida pocos años antes, lanzó la Vuelta y fue su voz inicial. La otra pata de la organización fue el Club Atlético Policial.

A fines de 1938, Pelliciari llevó su iniciativa al mayor Raúl Barlocco, presidente del Policial. Años más tarde, el ya coronel Barlocco recordaba que Pelliciari presentó su idea ante la directiva del club y luego se fue a dar la primicia por la radio. Cuando los dirigentes quedaron solos, nadie se animó a hacer comentarios, hasta que Barlocco preguntó: "¿Quién le pone el cascabel al gato?".

Todos comprendían que realizar una competencia ciclística que recorriera varios departamentos representaba entonces una labor descomunal, ante la precariedad de las comunicaciones y el mal estado de los caminos. Todo esto originó problemas en la edición inaugural, como se verá más adelante. El presidente de la República, Alfredo Baldomir, prometió colaborar en la organización con 2.000 pesos. Pero como el Gobierno no tenía fondos, se ordenó a los ministerios que aportaran 500 pesos cada uno. La plata estuvo disponible recién el día de la largada. Además, se dispuso que los ciclistas se alojaran al final de cada etapa en cuarteles militares.

La carrera.

Por fin, el 1° de abril por la mañana 45 ciclistas, representando a 12 clubes montevideanos (entre ellos Nacional y Peñarol) y 11 del interior, más 17 competidores argentinos y cuatro brasileños, se pusieron en marcha en forma simbólica desde la esquina de 18 de Julio y Olimar (hoy Germán Barbato), donde estaban los estudios de Sport. Miles de personas salieron a las calles para saludar el paso de la que un día sería llamada "la airosa caravana".

Estaba previsto que se marchara a tren de paseo hasta el puente de la Barra del Santa Lucía, para realizar allí la largada oficial. Pero al llegar, una persona no identificada comenzó a realizar ademanes ampulosos, por lo cual los ciclistas no se detuvieron.

La etapa inicial llevaba a San José. El camino aparentemente no estaba bien marcado y algunos participantes tomaron por otra ruta. El primero en llegar a la capital maragata fue Luis Modesto Soler, de Nacional, con un tiempo de 3 horas, 6 minutos y 55 segundos. A 15 segundos arribó su compañero de equipo Leandro Noli. Para evitar las protestas de quienes fueron por otro lado, las autoridades de la prueba decidieron readmitir a todos con el mismo tiempo que registró Soler.

La segunda etapa unía San José con Colonia, pero fue necesario modificar el plan y suprimir algunos tramos ante el mal estado de los caminos. Más de una vez, los ciclistas debieron ponerse la bicicleta al hombro y sortear lodazales a pie.

Pese a todo, la Vuelta continuaba. La tercera etapa fue de Colonia a Mercedes. La cuarta, Mercedes-Paysandú, cruzando en balsa el río Negro. La quinta, Paysandú-Fray Bentos. El jueves 6 se dio descanso a los participantes y acompañantes, aunque todos volvieron a Mercedes donde les ofrecieron una larga serie de agasajos. A esa altura quedaban 27 hombres en competencia.

La carrera se reanudó con la etapa Mercedes-Trinidad, muy dura por la cantidad de piedras sueltas que había en la ruta, afectada por la lluvia que cayó ese día. El sábado 8, la penúltima: Trinidad-Florida. Y la meta, como casi siempre (salvo la edición 2017) fue Montevideo. La caravana entró el domingo 9 de abril por la avenida Garzón, después Propios, General Flores, Larrañaga, Bulevar Artigas hasta el Obelisco y finalmente recorrió un circuito en el Parque Batlle.

El resumen de la primera Vuelta mostró que Soler había ganado seis de las ocho etapas, pese a lo cual terminó tercero en la clasificación general. Noli pasó a la historia como el primer ganador, con un tiempo acumulado de 38 horas y 14 segundos. También fue un triunfo para Nacional, aunque todavía no existía la clasificación por equipos. Paulino García, de El Túnel, entró segundo, a ocho minutos. En total 23 ciclistas —pioneros, osados, casi héroes— culminaron la prueba.

La segunda Vuelta se realizó dos años después y la tercera, recién en 1946. Pero a partir de entonces se convirtió en una tradición tan uruguaya como el mate, las criollas y las escapadas de Turismo.

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