HANDBALL

Pablo Marrochi, el central aprendiz y profesor

Los planes a futuro que tiene el jugador del Istres Provence de Francia que ya lleva 14 años en el Viejo Continente.

Pablo Marrochi.
Pablo Marrochi.

Pablo Marrochi juega de central en el handball profesional de Francia, es uruguayo, pero tiene un acento europeo que delata la edad en la que partió de su país natal. Hace 14 años que su hogar está en el Viejo Continente, se fue en 2006, pero antes de aterrizar en Italia hizo una escala en Brasil. El Panamericano de 2006 le abrió las puertas al handball internacional y Pablo, que tenía propuestas de Brasil e Italia, eligió empezar cerca de casa.

“La primera vez que me fui yo tenía 19 años. Me fui a jugar al Unimed Maringá de Brasil, un equipo que estaba a mitad de tabla y jugué siete meses en la Liga Nacional. Tenía una oferta para Italia, pero decidí ir para Brasil por un tema de cercanía, era la primera vez que salía y si no me gustaba, me tomaba un avión para Uruguay y en tres horas estaba en casa”, explicó Pablo.

Con su primera experiencia en el exterior, el chico que había empezado a jugar al handball en Unión Santa Rosa de Shangrilá y que vistió por un año y medio la camiseta del Colegio Alemán, agarró aire en la camiseta y esta vez sí se fue a Italia, donde jugó en equipos como Conversano, Carpi y en la selección Italiana. Después jugó en Luxemburgo, en Francia y en España .

Pablo asentó su formación profesional y se formó como persona en Italia, el chico que no había querido alejarse de su país conformó una familia totalmente extranjera. “A mi mujer la conocí el día que llegué a Italia, había algunas personas que hablan en español y nos hicimos amigos, ella era una de ellas y yo no hablaba nada de italiano. Fue más fácil para mí comunicarme. En el 2010 nos pusimos de novios, en el 2016 nos casamos y en el 2019 llegó Bianca, nuestra hija”, explicó.

Ahora juega en Istres Provence, en Francia, y su esposa y su hija están en el sur de Italia, lugar al que vuelve de vacaciones, allí disfruta de pescar. “No puedo hacerlo mucho porque tenemos una agenda muy cargada y más con este año y medio de jugar y parar, eso genera muchas lesiones. Hoy en día, si sos contacto de un caso COVID-19, tenés que parar siete días, y si sos positivo 14, más los días para hacerte exámenes de corazón y electros, se te van unos 20 días”, explicó el central.

“Yo hice mi vida acá, volvía cada tanto a Uruguay, pero yo sabía que lamentablemente en mi país no tenía mucho futuro”, explicó Pablo y aseguró que le encantaría volver para comenzar un proyecto de formación de jugadores. “Compartir mi historia, la experiencia que tengo y que obtuve aquí. Creo que tengo bastante conocimiento e información para transmitirla y me encantaría. Esto estaba pensado para el futuro, pero ahora se complicó con el COVID-19”, expresó.

Algunos lo apodan “profesor”, aunque no tiene muy claro porqué. “No sé de donde salió; soy una persona a la que le gusta que todo salga bien, que todo esté acomodado. Supongo que es por mi forma de organizar el juego, como soy central y mi rol es que respeten el juego impuesto por el entrenador y por el central... y si hay que levantar la voz, la levanto, si tengo que ir hablar con algún compañero, hablo”.

Esta semana Pablo tendrá una reunión para ver qué hace con su contrato, que termina el 30 de junio, pero él quiere quedarse. Además de la academia que le gustaría poner en Uruguay, Pablo piensa seguir formándose en otros roles dentro de su deporte: “Tengo 34 años y quisiera terminar bien mi carrera, en un equipo de Primera División, a un nivel alto, jugando contra gente importante. Y post carrera quiero empezar a hacer el curso de entrenador, porque me gusta mucho y me gustaría formarme para tener algo después de retirarme”, aseguró.

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