CORREMOS

Luchadora: Lorena Sosa en una vida de sordos, sintiendo todo más que nadie

Lorena Sosa dejó el atletismo cuando nació su primera hija; 15 años después, se dedica a pleno y lo disfruta

Lorena Sosa
Foto: Organización Half Maratón

Cuando tenía ocho años Andrés Barrios la invitó a su escuelita de atletismo al verla en una competencia escolar. Hasta los 15 compitió de forma continua, pero en ese momento la separación de sus padres la afectó; a los 17 el nacimiento de su primera hija la terminó de alejar. Pero la vida la volvería a llevar a su pasión y a los 27 años, con la ayuda de su familia, volvió. Hoy, Lorena Sosa dejó los 800 metros, con los que ganó una medalla para Uruguay e incursiona en la prueba madre: la maratón.

“Cuando mis padres se separaron no venía bien la cosa. A los 17 años dejé todo cuando tuve a Yazmín. No la pasé muy bien”, confiesa Lorena. La imposibilidad de su hija la complicó, no pudo seguir entrenando y dejó. “Yazmín es sorda, pero me la diagnosticaron tarde. Cuando ella tenía 11 meses me dijeron que podía ser sorda, pero cuando saco hora en BPS (para confirmar la sordera) me dan para dos años después. En ese tiempo le hice estudios en Maldonado pero me dijeron: ‘los estudios que te van a decir si es sorda o no son en Montevideo’, así que la espera era sí o sí. Hasta que me la atendieron en el Pacheco cuando tenía dos años, el 8 de mayo. Fue ahí que me dijeron que era sorda”.

“Quise retomar (el atletismo), pero no tenía quién me cuidara a Yazmín; me iba a entrenar a la pista y la llevaba, pero me iba a correr y ella ya estaba llorando. Decidí no hacerlo más”, agregó.

A partir del año siguiente Lorena la llevó cada día hasta Maldonado a la escuela de sordos. “Viajaba todos los días con ella desde San Carlos. A veces volvía, me acomodaba y volvía a trabajar (en un colegio como auxiliar docente) a Maldonado con la más chica (Milagros), mi abuela la levantaba y a las 6 o 7 volvíamos a San Carlos. Ahí me iba a correr. Hacía hasta cuatro viajes en ómnibus. Así estuve como cinco años”.

Pero todos esos días de sacrificio valieron la pena. “Yazmín entró a la escuela a los cuatro años. Cuando empezó fue otra niña. Cuando había sido diagnosticada fue muy difícil, porque ni ella me entendía a mí ni yo a ella. Lloraba y no sabía si le dolía algo o qué. Fueron años difíciles. Hasta hace dos o tres años yo hablaba de Yazmín y lloraba, no podía hablar. Ahora es otra cosa”.

A su vez, Lorena hizo todo para entenderla. “En la escuela daban ayuda a los papás para poder comunicarse con ellos con lenguaje de señas, daban una clase una vez por semana. Fui todos los años hasta los 10. Ahora que Yazmín está más grande y trae señas nuevas, ella me las explica a mí”, comenta.

Lorena Sosa y su familia
Lorena Sosa y su familia

“A los 23 años decidí tener a Milagros cuando me junté con el papá (Eduardo). Fue él quien me impulsó a retomar el atletismo. Después que tuve a Mili empecé a entrenar para bajar de peso; yo había aumentado 30 kilos en el embarazo de Milagros, llegué a pesar 90”, por lo que recién a los 27 retomó la actividad activa; “a entrenar en serio”.

“Empecé a trotar despacio. Ahí empecé a correr calle, en las carreras de acá de Maldonado. Como las estaba ganando me copé, ja. Todos los años era una meta diferente; empecé corriendo en 48’ los 10k y de a poquito”, comentó.

Cuando ya estaba en forma empezó a correr 800 metros en pista. Su entrenador la anotó en un Grand Prix Sudamericano en 2014 en San Carlos. “Encima me pusieron en la primera serie, que estaban Déborah (Rodríguez) y Pía (Fernández). Quedé quinta con un lindo tiempo (2.12.41)”. Al año siguiente también logró la marca para el Sudamericano. Para el 2016 fue invitada al Iberoamericano de Río. Pocos uruguayos trajeron medallas: Andrés Silva, Emiliano Lasa y Déborah Rodríguez, oro; Nicolás Cuestas y María Pía Fernández, bronces; Lorena fue plata.

Ese mismo año ganó la 10K de Reebok. “Ya había decidido correr la maratón, hacer una transición con los 21. Decidí cambiar de entrenador, fue cuando me comuniqué con Martín (Mañana), lo estudié mucho; estudié a Martín y estudié el entrenamiento de maratón, porque es algo complicado. Tienes que estar preparado para el entrenamiento, para la parte psicológica. Martín me apoyó a full y no pienso abandonarlo”.

Actualmente vive en Maldonado con su esposo e hijas y todos ayudan. “Es como un equipo que tenemos”. Además tiene la ayuda del esposo y de su abuela para cuidar a las niñas. “Con ellos estoy confiada que están bien”. Incluso cuando ella no está, Eduardo las consciente. “Yo hago mucho invento. Me gusta cocinar con verduras, cosas integrales, con semillas; a ellas no les gusta, si bien lo comen. Cuando no estoy el padre, que cocina riquísimo, les hace comida diferente. Ahora que no estuve (fue a Argentina) les digo: ‘¿extrañan a mamá?’, ‘no mamá, quedate nomás’”. Y claro, todos en la casa hablan lenguaje de señas.

Los objetivos futuros y la decepción

En abril de este año ganó la 21K de la Maratón de Montevideo y en agosto, como preparación para la Maratón de Buenos Aires, corrió y ganó la Half Maratón. Pero tuvo el golpe que el récord conseguido no era válido por no ser una distancia certificada y homologada.

“Corrí esa carrera en búsqueda de ese récord, si no hubiese elegido otra carrera. Porque también estaba la media maratón de Buenos Aires. El récord lo voy a seguir buscando”.

Luego se fue a Argentina a preparar la Maratón, pero “me tuve que bajar porque me lesioné. Hice todo lo posible, pero me vine. Hice piscina, láser y fisioterapia. En 15 días pude empezar a trotar y el domingo probé correr la Bimbo (salió segunda con 38:13) y la corrí sin dolor. Ahora voy a preparar una media maratón en noviembre y las carreras de calle. El año que viene, si todo sale bien, voy a debutar en una maratón”.

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