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Impacto: Por este haras pasó la historia

Hoy un establecimiento de cría modelo, Du Quesnay fue cuartel de los nazis durante la guerra y asistió a los combates más duros del desembarco de Normandía.

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El haras Du Quesnay en Deauville, Francia, impresiona por el esplendor clásico del castillo que lo alberga, por los verdes prados que lo rodean y por la belleza de sus pura sangre, pero lo que muchos ignoran es que por allí pasó la historia. No solamente está cerca de las playas de Arromanches y Omaha, donde se produjo el desembarco del “Día D” de la Segunda Guerra Mundial, sino porque el propio castillo fue temporariamente cuartel general de los nazis en la zona durante aquel conflicto.

Durante la recorrida por esos lugares, uno vibra y siente emociones diferentes por lo que se vivió allí en 1944. Todos los presentes, argentinos y uruguayos invitados por el haras, quedamos impresionados por un sitio que fue parte importante de la historia del siglo XX y todavía conserva testimonios de aquellos días. Una cosa es leerlo en los libros de Historia o verlo en las películas de guerra y otra muy diferente transitar los mismos caminos que condujeron a la gran invasión aliada de Europa, a partir de aquel 6 de junio de 1944, que cambió el curso de la guerra.

La Operación Neptuno, como fue denominada por los aliados, movilizó a 156.000 soldados estadounidenses, británicos y canadienses, apoyados por miles de aviones y barcos de transporte y de combate, con la misión de desembarcar en 80 kilómetros de la costa de Normandía.

Omaha es la playa más famosa de las cinco donde se llevó a cabo el desembarco. Se la llama “Omaha la sangrienta”, porque allí perdieron la vida 3.000 soldados aliados y 1.200 alemanes. Los libros nos cuentan que el plan de los aliados no salió tal cual lo esperaban. Era una operación para enlanzar los desembarcos en playas situadas más hacia el este y hacia el oeste, a cargo del Ejército de Estados Unidos, con apoyo de las marinas estadounidense y británica. Pero el fuerte oleaje hundió algunas lanchas, mareó a los soldados e impidió el avance de los carros acorazados anfibios, en tanto los alemanes realizaron una fuerte defensa ante los puntos de salida de la playa. La situación se tornó tan difícil que los aliados llegaron a evaluar la evacuación.

Después de 12 horas de lucha se consiguieron los objetivos, aunque no todos. Dicen que las aguas hoy tan azules quedaron teñidas de rojo por la sangre de los combatientes. Entre las muchas películas allí ambientadas, puede recordarse Rescatando al soldado Ryan, de Steven Spielberg.

No lejos de allí está Gold Beach, en la localidad de Arromanches. En esa playa las tropas británicas empezaron a desembarcar a las 7.25 de la mañana y finalmente conquistaron el terreno pasadas las nueve de la noche. Esto fue fundamental para asegurar el éxito del “Día D”. Los aliados construyeron durante los días siguientes una especie de puerto para realizar rápidamente las descargas durante la invasión, en vez de tratar de atacar los puertos ya existentes, mejor protegidos por los alemanes. Muchas de esas estructuras todavía se mantienen en el mar y pueden observarse mirando hacia el horizonte.

Sobre las playas de Arromanches y Omaha se conservan estructuras usadas por los aliados para el desembarco: lanchones, tanques, camiones y maquinaria privada. Los turistas caminan hoy por la arena que fue escenario de terribles batallas. Se pueden ver reconocimientos y monumentos a los miles que murieron en el ataque.

Mirando hacia la costa aparecen bunkers alemanes con sus ametralladoras, casi intactos luego de más de siete décadas. Y en todo el lugar existen cementerios y variedad de museos en recordatorio de aquellos acontecimientos.



el haras. Si en las playas son numerosos los vestigios nos hablan de aquellas batallas, en el haras Du Quesnay, con la prolijidad de sus jardines y la tranquilidad de su organización nada hace pensar que por allí también pasó la guerra.

El haras Du Quesnay fue creado a principios del siglo XX por William Kissam Vanderbilt, un inversor americano de gran fortuna, que quería establecer la cría de caballos de gran calidad y formar un equipo de carreras en Francia. A su muerte, en 1920, otro estadounidense, Arthur Kingsley Macomber reanudó la tarea.

Durante la Segunda Guerra, el ejército alemán tomó el castillo y lo sido sede de su comandancia para la zona. Para eso lo pintaron y camuflaron convenientemente. Los 110 boxes que ahora albergan yeguas madres y potrillos recién nacidos, durante la guerra eran celdas para los prisioneros de los nazis.

Después, William Head e hijos, Alec y Peter, se hicieron cargo del haras en 1958, Alec fue, junto a su hija Criquette, los grandes anfitriones de un lugar paradisiaco que cuenta con 250 hectáreas de edificios y parques y residen 300 pura sangre de carrera, entre propios y de clientes. En estas praderas residieron padrillos de real nivel; en este haras nació la espectacular Treve, doble ganadora del Arco del Triunfo, una de las pruebas más importantes para animales fondistas de toda Europa.

En el castillo se cambiaron planos, armas y cascos, por libros, catálogos de venta y todo lo que uno necesita para criar un caballo de carrera. Se cambió el olor de la guerra por un aroma de tinte equino con un toque fino francés con aires de la Normadía.

Lindo haberlo vivido para poderlo contar, de poder disfrutar a la familia Head con sus padrillos, yeguas madres, potrillos y con sus historias de vida, arte de cría y cuidado de un pura sangre.

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