EPISODIOS INCREÍBLES

Ídolo del fútbol americano, fue condenado por homicidio y se ahorcó en su celda

Aaron Hernández era estrella de los Patriots de la NFL pero su vida tenía muchos puntos oscuros

Aaron Hernández
Aaron Hernández estaba en la cima de su fama cuando fue juzgado y condenado por homicidio

El campeón del fútbol americano que asombraba en los estadios, el ídolo al que seguían multitudes, resultó ser un asesino que terminó ahorcándose en su celda, un caso que sacudió hace cuatro años a Estados Unidos. La sorpresa inicial se fue convirtiendo en estupor cuando se conocieron más detalles de la vida y de la muerte de Aaron Hernández, figura tan tenebrosa como trágica de los New England Patriots.

Una infancia perturbada, un secreto escondido, una personalidad violenta. Y también un cerebro destrozado por los golpes tan habituales en su deporte. Todo forma parte de su derrotero.

Nada de eso se sabía en junio de 2013, cuando la policía lo detuvo en su mansión de Boston, sospechoso de haber matado a su concuñado. No ya los hinchas, sino la propia policía no creyeron que Hernández pudiera ser culpable. Sin embargo, las piezas del oscuro rompecabezas fueron apareciendo una a una.

Aaron, nacido en Bristol, Connecticut en 1989, era hijo de Dennis Hernández, un exjugador de fútbol americano de origen portorriqueño bastante conocido en el ambiente. Eso le aseguró una niñez sin privaciones y la asistencia a los mejores colegios. Según las biografías tempranas, él lo alentó para que siguiera su ejemplo.

Pronto el chico mostró condiciones para el juego en el instituto secundario de Bristol. La Universidad de la Florida lo fichó y lo incorporó incluso antes de que llegara a la edad mínima para cursar estudios. Logró amplio destaque en las competencias universitarias y finalmente firmó un contrato profesional con los Patriots en 2010.

Sus primeras actuaciones lo convirtieron en figura, lo que le valió un suculento aumento en su contrato: 40 millones de dólares por cinco años. Tres años más tarde y cuando era una celebridad deportiva, incluso porque hay pocos latinos entre las estrellas de la NFL, se produjo el arresto.

Lo acusaron de haber matado a tiros a Odin Lloyd, un futbolista semiprofesional que era novio de su cuñada. Los indicios fueron revisados varias veces, porque los investigadores no podían creer que el principal sospechoso fuera él. Pero todo lo indicaba. Los Patriots lo eliminaron entonces de su plantel y su figurita desapareció de los álbumes. Muchos hinchas quemaron camisetas con su nombre.

Al tirar del hilo durante las pesquisas aparecieron más cosas. Hernández también resultó involucrado en el doble homicidio de dos inmigrantes de Cabo Verde, llamados Daniel de Abreu y Safiro Furtado, ocurrido en 2012. Alguien los persiguió en un auto y les disparó cuando pararon en un semáforo. Según un testigo, un rato antes uno de ellos había derramado sin querer un poco de bebida sobre la camisa de Aaron en un bar, lo cual originó su colérica reacción.

De la misma forma, un hombre lo acusó de haberle disparado en otra ocasión en la cara, lo cual le costó un ojo. Los dos amigos más cercanos resultaron exconvictos, que aparentemente lo ayudaron a matar al concuñado.

El inicio del juicio por la muerte de Lloyd, más investigaciones de la prensa, terminaron de quitar el velo que ocultaba las miserias de una existencia en las apariencias modelo.

El padre de Aaron, fallecido cuando este tenía 16 años y en forma sorpresiva durante una cirugía menor, en realidad era un déspota que bebía, trataba mal a los hijos y prácticamente los obligó a seguir su misma carrera. Además, era profundamente homófobo (igual que el ambiente de la NFL). Y se manejó que Aaron era en secreto bisexual. Algunos medios estadounidenses especularon que su concuñado murió porque lo descubrió, si bien en el juicio no pudo aclararse el móvil del crimen.

De la misma forma se supo que sus estudios fueron al menos irregulares, pero la universidad le arregló todo porque era un buen futbolista y lo necesitaba en su equipo. Se taparon también sus adicciones a las drogas y el alcohol, así como peleas y agresiones con armas de fuego. En otras palabras, su condición de estrella deportiva le aseguró impunidad durante mucho tiempo.

Un reportaje de la revista Sports Illustrated, con declaraciones de extécnicos y periodistas que lo conocieron, señalan que en los Patriots se conocían su carácter pendenciero y sus adicciones, pero muchos creyeron estar ante un ejemplo de “redención”.

Durante el juicio, Hernández se mostró tranquilo, enviando besos a su novia y a su hija de cuatro años. Incluso hizo bromas.

Al fin, por el asesinato de Lloyd fue sentenciado en 2015 a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional y recluido en una cárcel de máxima seguridad de Massachusetts.

Mientras tanto, continuaba el juicio sobre la muerte de los inmigrantes de Cabo Verde. Si bien las pruebas en su contra parecían muy sólidas, un abogado sumamente hábil logró que el jurado dudara de la culpabilidad de Hernández, por lo cual fue absuelto.

Sin embargo, apenas cinco días más tarde, el 6 de noviembre de 2017, el antiguo ídolo de los Patriots hizo una cuerda con las sábanas de su cama, colocó algunos objetos para trabar la puerta de su celda y se colgó. Murió un rato después en el hospital.

La noticia del suicidio aumentó el impacto del caso en Estados Unidos. Un compañero de prisión comentó luego que Hernández le había anticipado que se iba a colgar, pero no lo tomó en serio. Después se difundió que sus días en prisión habían sido muy duros, entre la depresión y los conflictos con otros presidiarios. Nada difícil de imaginar, teniendo en cuenta que pocos años antes era una persona rica y famosa, acostumbrado a los aplausos.

Todavía había más en este cóctel tan sórdido. La familia de Hernández donó su cerebro para que le realizaran estudios. Se halló un caso avanzado de encefalopatía traumática crónica (CTE, en su sigla en inglés), el mal degenerativo que acecha a los jugadores de fútbol americano por los repetidos choques de cabezas que se dan durante los partidos y los entrenamientos. Un documental de Netflix, titulado La mente de un asesino: Aaron Hernández, presentó testimonios de especialistas.

La CTE provoca alteraciones graves de conducta, con inclinaciones a la violencia.¿Pudo haber influido eso en sus crímenes? Es posible, aunque Aaron ya tenía problemas serios de conducta en su juventud, mucho antes que su deporte le achicharrara las neuronas. Después de todo, muchos de sus colegas sufren CTE y no se convierten en homicidas. Aaron Hernández se llevó a la tumba sus secretos, sus traumas y sus sueños de gloria.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados