CATAR 2019

La garra de Nicolás Cuestas: de la silla de ruedas a cerrar la maratón en Doha

El maratonista uruguayo tuvo una odisea para terminar los 42.195 metros en Catar, donde la carrera se hizo a la madrugada por las condiciones del clima.

Nicolás Cuestas en el Mundial de Atletismo de Doha 2019
Llegada en Doha a las 2:40 de la madrugada y alivio para Nicolás Cuestas. Fue el último en llegar, pero dejó todo para no ser el 19° atleta en abandonar. Foto: EFE

Las condiciones para la maratón en el Mundial de Atletismo de Doha eran durísimas. Nicolás Cuestas se preparó para ello y fue con ilusión, pero los 42 km y 195 m lo golpearon. Pero aguantó, se sobrepuso y la terminó a lo uruguayo: con garra.

Nicolás venía de mejorar su marca en los Juegos Panamericanos de Lima en agosto, parando el reloj en 2h13’59’’. Pero para Doha hizo una “muy buena preparación” en Madrid y Catar. “Me salieron trabajos mejores que para los Panamericanos. Estaba bastante ilusionado, no para una marca pero sí para competir en la carrera”, le aseguró a Ovación. Es que, pese a la maratón ser a medianoche (largó a las 23:59), la temperatura de esos días era de 30°, más de 75% de humedad y arriba de 40° de sensación térmica.

Pero “el día de la carrera estaba re linda la noche. No hacía tanto calor, 31 o 32 grados y humedad 45%. En la entrada en calor me di cuenta que iba a poder correr más rápido”.

“Mi idea es siempre ser top 20 y, hasta que me empecé a sentir mal, venía para eso”, agregó. Pero la carrera tuvo varios imprevistos. Así lo relata: “Largué suelto, cómodo. La primera vuelta la pasé bien. En cada puesto me daban una bolsita con hielo (para la cabeza) y una bebida. Empecé a sentir un poco de dolor a la altura del bazo. En la tercera vuelta me sentía peor, no agarré líquido porque sabía que no lo había absorbido y en el km 22 me empezó a dar náuseas. En el 25 me mareé, me descompensé y volví a parar. Ahí dije que la marca o el puesto que quería no me iba a salir. ‘Vamos a correr lo mejor que se pueda’, dije, dentro de todo cuidándome. Seguí por unos kilómetros más. A los 27 volví a parar. Si tomaba agua sentía que me caía muy mal”.

Entonces llegó el momento de mayor malestar. “En el km 32 paré y empecé a vomitar. Vomité demasiado, todo lo que había tomado. Me quedé hincado, me subí a una silla de ruedas y me estaban sacando del circuito. Estaba medio abombado y, pensando, me digo: ‘No puede ser, ¡se me terminó la carrera!’”.

Pero uno de los médicos lo hizo reaccionar: “¿Vas a seguir?”, le preguntó. Entonces se levantó y volvió. “Esa sensación de haber largado todo me hacía mal”, confesó.

“Si terminaba así estaba bien, pero en el km 34 volví a parar porque estaba deshidratado”. Le faltaban 8 km. Entonces se dijo a sí mismo: “Lo hago. Es una vuelta y media. 10 kilómetros”. Pero no fue igual. “Se hizo eterno”, se sinceró. “Hasta la última vuelta venía bien, pero me empecé a sentir peor. En el km 35 agarré agua y empecé a caminar”.

La terminó alternando caminata con trote. “En los últimos dos kilómetros paré una vez porque tenía sensación de vómito, pero los hice casi trotando. Además, con mucho dolor en abdominales, estómago; me empezó a doler la espalda y las piernas ni las sentía”.

“En los últimos dos kilómetros paré una vez porque tenía sensación de vómito. Además, con mucho dolor en abdominales y estómago; me empezó a doler la espalda y las piernas ni las sentía”.

Nicolás Cuestas en la Maratón de Rio 2016
Nicolás CuestasAl final de la maratón

Llegó a pensar “por qué no me quedé en la silla de ruedas”, pero tuvo la recompensa: a puro corazón terminó la maratón más dura. Fue el último en llegar, en el puesto 55 de 73 competidores. Los 18 restantes abandonaron. Y su tiempo es acaso anecdótico: 2h40’05’’.

Nicolás Cuestas en el Mundial de Atletismo de Doha 2019
Foto: EFE

“Pese a todo lo que pasé tuve la sensación de alegría por terminar la carrera. Me dolía todo. Estaba en una silla y no encontraba cómo estirar”.

“Vi a muchos que abandonaron hechos pedazos. Los de mejor nivel están acostumbrados a correr en las mejores carreras y en climas ideales. Los sudamericanos estamos acostumbrados a correr con climas más duros y tener que seguir. Es un poco amor propio, cuesta la preparación”, afirmó.

“Los atletas de mejor nivel están acostumbrados a correr en climas ideales. Los sudamericanos estamos acostumbrados a correr carreras con climas duros y tener que seguir. Es amor propio porque cuesta la preparación”.

Diego Aguirre, Nicolás Cuestas y Fernando Piñatares en Doha.
Nicolás CuestasY no abandonar en la maratón

De todas formas, siempre cuidó su salud. “En la carrera, por más que a veces estaba al borde del colapso y a veces colapsé, siempre fui consciente que mi salud no estaba en riesgo. Soy el primero en cuidarme. Si había algo que pudiera afectar mi vida iba a frenarlo. Nunca llegué a poner en total riesgo mi vida”, aseguró.

Ya cuando eran más de las 3 en la madrugada, no comió para cuidarse. “Al día siguiente ya estaba bien”. Incluso tuvieron, junto a Emiliano Lasa, María Pía Fernández, el entrenador Sebastián Allende y Marcos Melazzi, presidente de la Confederación Atlética Uruguayo, una excursión al desierto con el futbolista uruguayo Sebastián Soria, del Al Rayyan. Incluso se dio un gusto: pizza y hamburguesa.

“Todos los uruguayos de Catar se pusieron a disposición. Un piloto de Qatar Airways, uno de una Universidad, Diego Aguirre y ‘Seba’ (Soria)”, comentó. Con el DT fueron a cenar y el futbolista los llevó a conocer el desierto.

Ahora buscará el cupo para sus segundos Juegos Olímpicos. La marca mínima es de 2h11’30’’. “Puedo andar cerca”, comentó. En Lima hizo 2h13’59’’, “pero por el calambre habré perdido entre 30 y 40 segundos. Esta vez entrené mejor, creo que podría haber llegado a 2h13’. Si hago una mejor preparación estaría en 2h12’. Y lo que tiene el maratón, podés correr por debajo del tiempo solo por un clima perfecto o tener un buen grupo para correr”. Hay confianza.

Martín Cuestas

La vuelta de su hermano lo ayudará

Martín, hermano mellizo de Nicolás Cuestas, corre hoy la maratón de Chicago. Viene de recuperarse de una lesión en el tendón de Aquiles en 2018, aunque en el Sudamericano de Buenos Aires “se le complicó y terminó corriendo en 2 horas 19 minutos”.

Pero volvió rápido. “En enero arrancó y el tipo en nueve meses ya corrió abajo de 2h20’. Va bien. En Chicago va a intentar bajar el tiempo de Buenos Aires y va a correr conmigo en Sevilla”, comentó Nicolás, que espera volver a entrenar juntos.

“Estoy esperando eso. Se hace duro siempre presionar solo uno el ritmo. Cuando tenés a alguien más se hace más fácil. Muchas veces uno no está con la cabeza para sufrir todos los días presionando para que salga el ritmo de carrera y tiene al otro. A veces uno va bien, pero el otro presiona más y sale mejor el entrenamiento. En la carrera también es más fácil”, agregó.

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