boxeo

Ganó "escapado"...

Mayweather venció por puntos y en decisión unánime a Manny Pacquiao y unificó tres títulos. Las tarjetas de los jurados dieron 116-112. En la de Ovación también ganó el estadounidense. Su récord ahora es 48-0.

El fallo de “La pelea del milenio” estuvo bien, aunque a la distancia no pareció que Mayweather ganara por una diferencia de cuatro y hasta diez puntos, tal como lo estamparon las tarjetas de los jurados.

Ganó Mayweather, porque colocó los golpes más precisos, ya sea anticipando o contragolpeando a su rival, pero en una pelea que, salvo para los ojos de los jurados, fue de trámite cerrado, algo de lo cual el ganador pareció ser el mayor responsable.

Esto es, si Mayweather dijo hace tiempo que “no nació el hombre que me gane”, habría que hacerle una precisión: no, “Monney”, no nació el hombre que te corra y te alcance”.

Por eso, ganó, sí, es cierto; con no más de veinte manos netas -o más o menos- en el transcurso de los 12 rounds, le bastó para hacer diferencia sobre Pacquiao, que lo persiguió toda la noche y, salvo en el cuarto round, cuando lo impactó e hizo que el estadounidense se refugiara para dejar pasar el vendaval contra las cuerdas, no lo encontró nunca, o lo hizo sin nitidez, sin contundencia y, para peor, muy pocas veces.

Si algo hay que reconocerle a Mayweather es su inteligencia, su frialidad para jamás dejar de lado su plan de pelea, el que más le convenía a sus aptitudes físicas y pugilísticas, que se fundan en una gran concentración mental, un muy buen golpe de vista, un ágil juego de cintura y de piernas para salir rápido de la zona de fuego, y el manejo de una técnica excelsa para la defensa.

Es más, el estadounidense tiene 13 centímetros más de alcance de brazos y con esa arma tuvo al filipino a raya, sin dejarlo acercarse demasiado o muy libremente, desde un primer momento. Aparte, cuando Pacquiao lo hizo, su rival ya había “agarrado la bicicleta”, como se suele decir en la jerga del boxeo, y el asiático debía recomenzar su ofensiva de nuevo, otra vez arrancando desde cero.

Por si fuera poco, cuando Pacquiao logró meterse en la corta distancia, o apretó al local en un rincón o contra las cuerdas, el invicto lo trabó en decenas de oportunidades, sin que el árbitro -tan localista como los tres jurados y sus tarjetas- lo apercibiera.

Así, entonces, sin sabor ni color, aunque no se puede decir que haya sido en forma injusta, ganó Mayweather, mantuvo su invicto, ahora de 48 peleas, y unificó los tres títulos de campeón mundial de peso welter.

Eso sí, por más o por menos, le habrá ganado sin discusión a Pacquiao; pero no hay dudas que anoche perdió con la historia: el día que, más allá de lo que establece su récord, quiera compararse con Alí, Marciano, Ray Sugar Robinson y Leonard, por ejemplo, tendrá que pelear, y bajarse de la bicicleta.

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