ALPINISMO

El furor por subir al Everest que genera millones y provocó 300 muertes

China y Nepal aprovechan el boom turístico. La ascensión cuesta entre 30.000 y 120.000 dólares

Alpinistas atascados en el Everest. Foto: AFP
Alpinistas atascados en el Everest. Foto: AFP

La imagen de más de 200 alpinistas haciendo cola para subir al monte Everest recorrió el mundo esta semana. Y hubiera sido una risueña noticia si no fuera porque la demora resultó fatal para varios escaladores. Pese a las exigencias físicas, técnicas y económicas que representa subir a la cumbre más alta del planeta, desde hace algunos años se registra un verdadero furor por plantar la huella en los hielos eternos de la cima.

La pasada temporada se batió el récord de ascensiones al Everest: 802 personas llegaron hasta los 8.848 metros de su cumbre. Los meses más favorables, por el clima, son abril y mayo. Un 64% de las expediciones se dan desde Nepal y el resto desde Tibet, en China. La montaña representa justamente el límite entre ambos países.

“Ha sido un día de mucho tráfico. Las expediciones se quejan de que hay que esperar dos o más horas para llegar a la cumbre”, dijo Gyanendra Shrestha, representante del Ministerio de Turismo de Nepal.

Subir exige perfecto entrenamiento y resistencia física a la altitud. La mayor parte de los alpinistas necesitan utilizar oxígeno al menos en la etapa final de la ascensión. En los últimos 800 metros el cansancio aparece por el simple hecho de dar un paso e incluso se pueden sufrir alucinaciones.

Otro peligro son las tormentas de viento, que a esas alturas pueden desatarse de improviso, así como los aludes. Las temperaturas más altas, en junio, son de alrededor de 20 grados bajo cero. De noche, cae hasta los 60 bajo cero. Y si se logra hacer cumbre, debe ser antes de las dos de la tarde, pues el descenso demanda esfuerzos adicionales que no pueden realizarse con poca luz.

Deesde que existen expediciones oficiales, casi 300 personas han muerto en el intento de ascender, o al regresar. De cualquier manera, el Everest no es la montaña más peligrosa del Himalaya. El Annapurna, también en esa cadena montañosa, es considerada la más difícil de todas. Se estima que la cuarta parte de los que intentaron escalarla murieron.

Además de estar preparados para todo eso, subir al techo del mundo demanda mucho dinero. La aventura cuesta entre 30.000 y 120.000 dólares, según la agencia que esté a cargo de la logística y de la cantidad de guías (generalmente contratados entre los sherpas, habitantes de la alta montaña del Nepal) que se contraten.

Solo el oxígeno embotellado cuesta unos 6.000 dólares y da para unas 20 botellas. Y hay que contar por supuesto el viaje a Nepal o China, el traslado a los campamentos base, la compra de los diversos implementos y el pago de los permisos legales. Además de una buena propina a los guías, generalmente de mil dólares.

Lo ideal es llegar con prudencial anticipación a la zona de montaña para comenzar a aclimatarse a la altura. Hay agencias que se encargan de todo eso y se llevan su buenos miles de dólares.

La historia.

Durante siglos, el pico del Everest asomó desafiante sobre el Himalaya sin que ningún ser humano consiguiera escalarlo. Los primeros que lo hicieron, en forma oficial, fueron el neocelandés Edmund Hillary y el nepalés Tenzing Norgay, el 19 de mayo de 1953, subiendo por la ruta sur, considerada la menos complicada.

Sin embargo, es posible que dos británicos, George Mallory y Andrew Irvine, hayan llegado por la difícil ruta norte en junio de 1924. El mal tiempo determinó que se los perdiera de vista desde el campamento base cuando estaban a solo 245 metros de la cumbre. Nunca más se los vio con vida.

El cadáver de Mallory fue encontrado recién en 1999. El de Irvine, en cambio, no. Y tampoco la cámara fotográfica Kodak que llevaban, que podría develar el misterio de si efectivamente llegaron o no. Hillary declaró que cuando pisó la cumbre no vio rastros del supuesto paso de Mallory e Irvine.

Hasta la década de 1950, Nepal tenía prohibido el ingreso a los extranjeros, pero Dalai Lama, en buenas relaciones con Gran Bretaña, permitió algunas expediciones de ese país por el lado norte, en el Tibet.

El impacto mundial que significó el éxito de Hillary y Norgay determinó que las autoridades locales descubrieran que el Everest era un imán para el turismo y derogaron la veda a los extranjeros. La montaña se convirtió en un negocio cada vez más redondo, aunque ya lejos de la aventura de los pioneros, con todo bien ordenado y cuantificado.

Incluso China instaló hace años una escalera de aluminio en un tramo difícil de la ruta norte. La idea de los chinos es popularizar su ruta, por lo cual se viene una guerra de tarifas con Nepal.

Se estima que más del 10% de los nepalíes viven de actividades relacionadas con el turismo en el Himalaya. Los sherpas con experiencia logran buenas remuneraciones. Kami Rita Sherpa, por ejemplo, subió dos veces en una semana a la cumbre y lleva 24 ascensiones en total, un récord. Una rica empresaria china, Wang Jing, usó un helicóptero para ahorrarse parte del trayecto, aunque fue un truco ilegal. Del lado del Tibet, donde se puede llegar en auto hasta la base, existen numerosas tiendas de recuerdos.

“La mayoría de los que pisan el Everest jamás deberían hacerlo”, afirma el alpinista italiano Reinhold Messner, el primer ser humano que subió a la cumbre sin el uso de tubos de oxígeno.

Basura.

La otra cara del monte Everest: la acumulación de basura. Foto: AFP.
La otra cara del monte Everest: la acumulación de basura. Foto: AFP.

Todo eso tuvo una consecuencia desagradable: la acumulación de basura en un sitio donde se supone que reina la naturaleza. Tiendas de campaña, equipos descartados, botellas de oxígeno vacías y excrementos humanos aparecen en toda la ruta. Ya hay quien llama al Everest “el vertedero más alto del mundo”. El derretimiento de los glaciares debido al calentamiento global incluso hizo aparecer desechos antiguos. Hasta cadáveres de escaladores fallecidos en el camino.

“Es un sentimiento extraño. Intentas hacer una de las cosas más bellas de tu vida, y te cruzas con muertos. Uno entiende lo mortíferas que son las montañas, la importancia de hacer bien las cosas. Viendo esos cuerpos uno recuerda lo completamente perdidos que están aquí arriba la mayoría a poco que falle la mínima cosa”, declaró el alemán David Goettler, uno de los guías de alta montaña más respetados.

La situación obligó a Nepal y China a establecer el pago de un depósito previo para obligar a cada escalador a bajar la basura que generó, pero no ha sido suficiente: es un monto pequeño en comparación con la inversión que realiza cada escalador. Es difícil controlar los sectores más altos de la montaña. Y como muchos alpinistas-turistas no cargan su equipo sino que pagan para que los sherpas se lo lleven, estos no pueden también con tanta basura.

En 2013, la Expedición Internacional Eco Everest retiró de la montaña 13 toneladas de residuos. Allí había 600 kilos de restos humanos, incluidos seis cuerpos completos. Sin embargo, buena parte de la basura se encuentra en zonas de difícil acceso, por lo cual lo más probable es que permanezca allí durante muchos años. La basura se ha vuelto una señal del paso de los seres humanos por cualquier lado.

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