FUERA DE SERIE

Don King, el zar del boxeo que dejó un tendal de juicios y controversias

De pasado turbio,  organizó memorables combates y manejó a los más grandes campeones, pero muchos de ellos lo terminaron demandando 

Don King
Don King, con su peinado característico y uno de sus trajes extravagantes.

Un personaje común de las viejas películas era el promotor de boxeo inescrupuloso, que manipulaba como marionetas a los boxeadores, carne de cañón para sus negocios. Por lo común, los estereotipos de Hollywood colocaban en ese papel a algún italiano. Nunca imaginaron a Don King: un afroamericano de estridente personalidad y trajes formales pero estrafalarios, cuya cabellera parecía peinada metiendo los dedos en un enchufe.

King cumplirá en agosto 89 años. Ya está retirado de hecho, aunque ha dicho al periodismo que todavía aspira a organizar alguna gran velada. Durante años fue el zar del boxeo mundial. O sea, el dueño de la organización de las grandes peleas y de los contratos de los mejores boxeadores, sobre todo en la categoría más rentable, la de los pesos pesados. De esa manera hizo posible algunos de los combates más famosos de la historia y manejó a varios de los más destacados campeones. Sin embargo, también fue demandado por muchos de ellos, que lo acusaron de haberlos robado. Una parte de las muchas controversias que siempre lo acompañaron.

La prestigiosa revista Sports Illustrated lo puso una vez en la tapa junto a Muhammad Ali y Joe Frazier, definiéndolo como “el nuevo Barnum del boxeo”. Se refería a Phineas Taylor Barnum, un audaz e inescrupuloso empresario del espectáculo estadounidense del siglo XIX, recordado sobre todo por sus circos, donde solía presentar enanos, siameses, mujeres barbudas y otros “fenómenos”.

Donald King nació en 1931 en Cleveland, Ohio. Desde joven se involucró en todo tipo de negocios, sobre todo los turbios. Y así fue acusado dos veces por homicidio. La primera, en 1954, le disparó a un hombre que intentó robar su casa de apuestas. Le tipificaron defensa propia y no fue preso. En 1966 mató a golpes y patadas en plena calle a un empleado que le debía 600 dólares. Se consideró que había actuado por “impulso de la cólera”, por lo cual le dieron apenas cuatro años de cárcel. Cuando estaba por cumplirlos, fue indultado por el gobernador de Ohio.

De a poco, King se fue acercando al mundo del boxeo. Como la mayor parte de los pugilistas eran personas negras, fue bien recibido por ellos. Dio un salto en su carrera en 1972, cuando convenció a Ali para participar en una exhibición benéfica para el hospital de Cleveland (aunque hubo una denuncia de que el hospital recibió mucho menos dinero del recaudado).

El éxito que lo lanzó a la fama fue la organización de la pelea Ali-Foreman en el Zaire en 1974. Él le prometió 10 millones de dólares a cada rival, cifra extraordinaria entonces, que nadie podía pagar en Estados Unidos. King se fue hasta Zaire y convenció a su dictador Mobutu Sese Seko que albergar el combate representaría una formidable acción publicitaria para su país. Así ocurrió: Mobutu puso el dinero y el mundo supo que existía Zaire, antes llamado Congo Belga y ahora República Democrática de Congo, aunque no hubo otro beneficio para los congoleños. La pelea entró en la historia por su resolución y también por su exótico entorno, Ali recuperó la corona y King hizo su dinero, pero sobre todo avanzó resueltamente hacia el control de los pesos pesados.

Al año siguiente King terminó de consolidar su poder con el tercer duelo entre Ali y Frazier, esa vez organizado en otra nación bajo dictadura, las Filipinas de Ferdinando Marcos. Desde entonces se hizo común en los cuadriláteros el logo de Don King Productions: su nombre de pila debajo de una corona, la del rey por supuesto. Y las bolsas de los boxeadores crecieron notablemente con sus gestiones.

Uno de sus trucos para mantener el control fue situarse de los dos lados del mostrador ante cada pelea: a partir de Alí, era el representante del campeón mundial. Y cualquier desafiante, para acceder a una pelea con el campeón, debía firmar un contrato para que King lo representara en caso de triunfo. De esa forma, todo seguía en sus manos.

Eso hizo posible también que los dos boxeadores participantes en una pelea lo demandaran: Ali-Larry Holmes, de 1980, el desgraciado regreso del gran Muhammad a los rings. Ali le reclamó un millón de dólares. Más tarde, también Holmes lo llevó ante la justicia acusándolo de haberse quedado con 10 millones que le correspondían. En ambos casos, los abogados del empresario acordaron fuera de tribunales pagar sumas bastante menores a las reclamadas.

“King es una bolsa de basura de igualdad de oportunidades, él los jode a todos”, declaró Holmes una vez.

En realidad, muchos de sus representados lo acusaron de haberse quedado con el cambio, siempre mucho dinero. Mike Tyson, quien lo describió como “despiadado” y “codicioso”, lo demandó por 100 millones de dólares, alegando que lo había engañado con las cuentas durante más de una década. En este caso, King terminó pagando 14 millones.

Si bien el deporte de los puños era el corazón de su negocio, también incursionó en otras áreas. Por ejemplo, fue el organizador de la gira de Michael Jackson junto a sus hermanos en 1984, el Victory Tour, que terminó distanciando a los Jackson definitivamente (aunque nadie culpó de eso a King).

A fines de la década de 1980, King se asoció a un empresario inmobiliario neoyorquino llamado Donald Trump, que buscaba atraer la atención a sus casinos en Atlantic City. De esa forma, Tyson y otras figuras de la época se presentaron en esa ciudad.

En 2006, la revista Forbes estimó que King había facturado más de 1.000 millones de dólares con los alrededor de 600 combates que organizó en 33 años de trayectoria y que su fortuna personal era de 350 millones.

Su lema es “¡Solo en América!” y según Sports Illustrated lo pronunciaba cien veces por día. The Washington Post usó esa misma frase para titular en 2016 que dos miembros del ayuntamiento de Cleveland habían propuesto cambiar el nombre a la Cedar Avenue y denominarla “Don King way”. El detalle es que justo en esa calle el promotor cometió su segundo homicidio en 1966. Otro consejal advirtió que de aprobarse, Cleveland sería “el hazmerreir del mundo”. La propuesta fue retirada.

Lo que no pudieron críticos y demandas, lo hizo el tiempo. Poco a poco King fue perdiendo presencia en el negocio de los puños. No supo adaptarse a las nuevas tecnologías: sus peleas no podían ir por Internet porque no tiene web ni tampoco presencia en las redes sociales. El boxeador más taquillero de los últimos tiempos, Floyd Mayweather, rechazó sus avances para representarlo y llegó a demandarlo por acoso, ya que llamaba a su casa a toda hora. Don King Productions difícilmente le sobreviva, pues siempre fue muy personalista y confió en muy pocos allegados.

Sin embargo, Don King siempre será Don King. Hace poco circuló por Internet un video en el cual el presidente del Consejo Mundial de Boxeo, Mauricio Sulaimán, mostraba la licencia de conductor del promotor, gestionada en México a sus 88 años. Allí figura como nacido en... Texcoco, Estado de México. Tan auténtica como un billete de tres dólares...

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