ENTREVISTA

El deporte y la vida después del trasplante

“Cuando estoy en la Pista siento que nací de nuevo”, afirma José Fernández, uno de los representantes uruguayos en el Mundial de trasplantados.

José Fernández, trasplantado

José Fernández se define como “un activista de la vida”. Es trasplantado de riñón, cofundador de la Asociación de Trasplantados del Uruguay (Atur) y deportista, y por eso se pone al hombro la tarea de promover la donación de órganos y difundir las bondades de la actividad física. Ahora se prepara para defender a Uruguay en cuatro deportes en el Mundial de deportistas trasplantados que se realizará en agosto en Newcastle. Inglaterra.

Allí, Fernández participará en jabalina, disco y bowling y una especialidad local denominada balltroth, una suerte de lanzamiento de pelota. La actividad de los deportistas trasplantados está en expansión en todo el mundo, pues los médicos comienzan a reconocer los beneficios que la actividad física brinda también a las personas en esa condición. Él afirma que cuando va a la Pista de Atletismo siente que nació de nuevo.

Atur está abocada ahora a conseguir fondos para los atletas uruguayos clasificados en el Latinoamericano de Salta 2018: además de Fernández, los ciclistas Sergio Miranda y Miguel Yelos, la nadadora María Luisa Picardo y el atleta Gastón Valfre. El team manager que viajará con delegación es el profesor. Irineo Rocha, actualmente director deportivo del club Olimpia. Estas son las reflexiones, recuerdos y vivencias del atleta trasplantado.

Me preparo para participar en el Mundial de Newcastle. Será del 17 al 24 de agosto, con 62 países confirmados y 3.000 deportistas trasplantados. La Asociación Mundial de Trasplantados (WTGF) está reconocida por el Comité Olímpico Internacional. La competencia cada vez crece más. En el Mundial anterior, en Málaga, fueron 56 países y 2.600 personas trasplantadas. Uruguay tiene participantes confirmados en ciclismo, atletismo y juegos recreativos.

Se puede competir a partir de los ocho años hasta los ochenta. Cualquier persona puede participar pero hay que estar muy bien preparado. Los juegos son abiertos aunque a medida que se avanza las marcas mejoran y concurren verdaderos especialistas. Por ejemplo, hay un beisbolista, que compitió toda la vida antes del trasplante, y por eso está bien entrenado. En Málaga competí en jabalina contra un capitán del ejército español que en Afganistán sufrió una ráfaga de ametralladora que afectó sus riñones. Más allá de eso, siempre estuvo bien preparado.

Yo practiqué básquet hasta 1983, cuando el problema renal me obligó a dejar la actividad deportiva. Jugué en Neptuno, Capitol y Colón, llegué a alternar en primera y ser dirigido por Ramiro de León. Luego estuve 12 años cuidándome. Hice algo de bicicleta ergométrica, pero los médicos no eran afines a que hiciera alguna otra actividad física. Actualmente la población y los médicos se dan cuenta de la importancia de que las personas en diálisis tengan actividad física. Cuando sea trasplantada, esa persona se va a sentir mejor y va a estar mejor preparada.

Cada tanto me planteo el desafío de competir contra deportistas no trasplantados. Así, fui tercero en los Juegos López Testa en jabalina por la categoría 55-59 años. En el Mundial de Málaga fui el mejor de América en esa especialidad. Y eso que antes no había hecho nada de atletismo, salvo algo en el liceo.

Siempre hablo de temas de salud pero nunca cuento mi caso. Por eso esta entrevista me removió muchas cosas. Hace casi 34 años, cuando nació mi hija, me vinieron dolores insoportables en la espalda y en la boca del estómago. Me dijeron que eran cólicos nefríticos y me dieron calmantes. Tuve tres secuencias más y terminé con problemas que me atrofiaron la filtración de los riñones. Luego supe que era el mal de Berger. Estuve 12 años fuera de diálisis y con cuidados especiales, pero la enfermedad siguió progresando. Y finalmente llegó la diálisis, que tomé como una especie de derrota. Eran cinco horas por día, tres veces por semana mientras estaba en lista de espera para el trasplante, que era la solución. Fueron nueve meses solamente hasta que vino el trasplante. Y descubrí que no era una derrota sino mantenerme vivo. El 10 de marzo de 1999 a las dos de la mañana terminó mi trasplante con el equipo del INU, el Instituto de Nefrología del Uruguay.

José Fernández, trasplantado
Siempre recuerda a la persona que al fallecer le dio su riñón y le cambió la existencia. Y se define como “un activista de la vida”.

Hace 35 años que estoy en la construcción. Trabajé en obras de impermeabilización y cuando entré en diálisis ya tenía mi propia empresa. Ando en azoteas, por las alturas, subiendo doce o quince pisos por la escalera sin más dificultades que una fatiga normal. Hice todo el esfuerzo durante años para que mis hijos, que eran chicos, no me vieran decaer.

Ahora me pongo a rebobinar y veo que pasé horas de zozobra, a veces sin ganas de vivir, otras veces dando bocanadas de vida. Cumpliendo años dos veces por año, viendo partir seres queridos. Cuando estoy en la Pista de Atletismo pienso que nací de nuevo. Llevo un riñón con el cual alguien trasciende en mí y es mi hermano, que llevo en el corazón. Mi donante es una persona que para mí está viva.

Cuando volví a la Pista, volví a sentir esa adrenalina del deporte y de hacer cosas que pensé no volvería hacer. Me di cuenta que lo disfruto, lo vivo, que el deporte está en mi ADN. Cuando me retire de mi trabajo voy a tener más tiempo para ir a la Pista.

Todavía existen inequidades hacia los enfermos renales, a los que hay que llegar en tiempo y forma. Los más expuestos son las poblaciones de menores recursos, por ejemplo las que no tienen agua potable o carecen de una alimentación saludable. También algunos trabajos, como el de los cañeros.

Tratamos de incidir en las políticas de salud para mejorar lo que se pueda. Esa es la visión que tenemos desde Atur. No se trata de gritar, hablar fuerte, sino de encontrar la solución a un problema en el lugar indicado. Siempre tratamos de inculcar, de mostrar nuestra filosofía de vida. Porque hablamos de cultura de la donación.

En 2012 se votó la ley por la cual todos los mayores de 18 años somos donantes salvo que se exprese lo contrario. No más de dos mil personas han dicho que no desde entonces, Los respeto pero les preguntaría qué harían si necesitan un trasplante.

Estamos trabajando en un tema muy delicado, que es el de los menores que pueden ser donantes. Eso depende de la autorización de la familia. Queremos que ese tema se resuelva fuera del momento de la muerte, que la familia ya lo haya resuelto, y que opinen todos, incluso los menores. Y que sepan que el hecho de que una persona pueda trascender en otra, a través de un trasplante, puede mitigar en algo el dolor por la pérdida. Es un tema en el cual hay que ser cuidadoso y tratarlo con respeto. Ya hemos perdido niños por no llegar a tiempo al trasplante mientras otros se han salvado. Hay que cuidar a los niños porque el Uruguay está envejeciendo.

Uruguay es hoy número uno en América en trasplantes. En 2018 hubo un crecimiento de 11% y pienso que es por la exposición que tenemos. Hemos mejorado cuatro, cinco puestos a nivel mundial, en una escala donde España está despegado.

El mensaje es que en Uruguay todos tienen el derecho a la salud, pero deben adoptar una participación activa. Y si alguien es hipertenso, fumador, sedentario, si no hace algo por sí mismo, nadie lo puede hacer por él. En mi caso, no solo tengo que quererme y respetarme, sino también a mi donante. Hoy puedo tener una calidad de vida que si no fuera por él no la tendría.

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