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"Como no cuesta, soñé"

Adrián Carámbula, el uruguayo que triunfa en competencias del máximo nivel del beach volley internacional.

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Major Series Croacia. Adrián Carámbula, junto a Alex Ranghieri, en el podio.

Hay que ser uno mismo para lograr cosas diferentes y ocupar el lugar en el mundo que nos pertenece", dice Adrían Carámbula, jugador uruguayo de beach volley que obtuvo el tercer puesto en Croacia, el primero de los tres Major Series. Esta es una de las tres etapas más importantes, luego del Tour Mundial.

Con esa medalla, se posicionó en la ubicación 28 del clasificatorio junto a su pareja de juego Alex Ranghieri, uno de los bloqueadores top cinco mundial. "Sólo sucedió tres veces en la historia. Los objetivos de ahora en la mayor cantidad de torneos posibles, enfocándonos en los Grand Slams y Opens. Este es mi primer año jugando internacionalmente, por lo cual cada torneo suma. Especialmente en temporada de clasificación para los Juegos Olímpicos", campeonato que tiene como sueño ganar.

Adrián comenzó a jugar en Miami, Estados Unidos, a los 15 años cuando se fue junto a su familia "a buscar un futuro mejor. Al llegar, a tres cuadras de mi casa armaban una cancha los fines de semana. Cuando empecé no sabía ni con cuántas personas se jugaba", cuenta entre risas. Dos semanas después, iba a entrenar solo todos los días "con mi pelota de US$ 5 que compré en un kiosko. Ahí fue cuando comenzó el sueño, un poco inconsciente y sin mucho rumbo o realidad. Pero como soñar no cuesta nada, soñé".

"A los 18 gané mi primer torneo Pro/Am y a los 20 me profesionalicé. Luego de unos años me sentí vacío e insatisfecho; quería más, medirme con los mejores". Con ese profundo deseo, hace seis meses armó sus valijas y se fue a vivir a Roma. "Obviamente pasé por Uruguay primero, a visitar a mi familia. Allí tuve la suerte de conocer a una linda comunidad de volley que me recibió como familia y a la que voy a estar siempre agradecido. Espero visitarlos pronto, aunque no con los seis kilos de más que tenía", dice riendo.

Su vida en Roma es entrenar "full time". "No tengo una vida social muy activa porque no conozco a mucha gente y cuando tengo libre aprovecho a descansar". Por suerte, la relación con su pareja de juego lo ayuda mucho.

"Lo conocí el año pasado cuando se jugó la etapa del World Tour en Long Beach, California. Hablamos un poco, pero nada más. Durante el torneo, mi actual coach Paulo Moreira Da Costa hizo un tryout; no te puedo explicar lo que me temblaban las piernas porque sabía que era mi oportunidad. Duró hora y media y cuando vi que Paulo me guiñó un ojo, respiré", cuenta emocionado. "Alex lo vio completo y a las dos semanas me contactó por Facebook diciéndome que quería jugar conmigo esta temporada. Los dos compartimos las ganas y el hambre de salir campeón".

Las ganas de los atletas están; falta el apoyo y la inversión.

"La última vez que fui a Uruguay me sentí muy triste al ver la falta de apoyo que existe hacia los atletas", cuenta Adrián Carámbula. "Encontré a jugadores con muchas ganas, pero sabiendo que para llegar se necesita mucho más que eso. Los dirigentes dicen que el problema es la plata, pero ellos manejan autos cero kilómetro", cuenta amargado. "Dicen que no hay resultados como para invertir. ¿Cómo esperan resultados sin invertir?", dice y por primera vez en la entrevista se enoja. "Ojalá se den cuenta que primero hay que ser seres humanos y después políticos", finalizó.

De la pelota de fútbol a la de volley, sin escalas.

"Nací y me crié en Montevideo, con una pelota abajo del brazo. De fútbol, por supuesto", cuenta Adrián Carámbula, quien hoy tiene 27 años y vive en Roma, Italia. "Jugué fútbol día y noche hasta los 15 años y soy hincha fanático de Peñarol. Cuando me fui a vivir a Miami con mi familia fue que comencé a jugar al volley". Cuenta que su principal sueño como deportista es estar en un podio de los JJ.OO. "Se me pone la piel de gallina de decirlo. Pero además, quiero demostrar que siempre hay que soñar y tener esperanza. Fijate que yo, midiendo 1.83, juego a un deporte donde todos miden 2 metros. Hay que soñar y hacer los sacrificios necesario para que se hagan realidad".

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