EPISODIOS INCREÍBLES

Un combate salvaje: tiró a su rival fuera del ring pero terminó perdiendo

El duelo entre Jack Dempsey y Luis Firpo en 1923 fue llamada "la pelea del siglo" por 

Firpo-Dempsey
El instante en el cual Firpo tira de un puñetazo a Dempsey fuera del ring. El argentino debió ser declarado ganador.

Mucho antes de Las Vegas y su ring a pocos pasos de las máquinas tragamonedas, de los famosos rodeando el cuadrilátero o de Floyd Mayweather y su exhibicionismo de riqueza. Antes del duelo Ali-Foreman en la selva del Zaire, incluso antes del blanco y negro de Rocky Marciano y Joe Louis, hubo un boxeo tan salvaje y primitivo como espectacular. Y que tuvo su “pelea del siglo” hace casi cien años.

El 14 de septiembre de 1923, ante 80.000 espectadores en el estadio Polo Grounds de Nueva York, el campeón mundial de los pesos pesados Jack Dempsey venció a su retador, el argentino Luis Ángel Firpo, después de 240 segundos de pelea. Dempsey derribó nueve veces a Firpo, pero este llegó a acertar un golpe que tiró al campeón fuera del ring.

Aquel duelo dejó una profunda marca en el mundo del boxeo. Dempsey, un campeón con mala prensa en sus primeros años, se convirtió de repente en ídolo. Firpo pasó a ser un prócer para los argentinos (hasta entonces, el boxeo estaba prohibido en su país, si bien había torneos clandestinos). El artista estadounidense George Bellows pintó el momento de la caída de Dempsey, el escritor argentino Julio Cortázar escribió sobre la pelea y además la mencionó en su cuento Circe y lo mismo hicieron varias películas de Hollywood.

En aquel 1923, Dempsey, conocido como el Matador (o el Torturador) de Manassa, por el pueblo de Colorado donde había nacido en 1895, era el campeón indiscutido. Firpo (Junín, 1894), quien se ufanaba de no haber tenido nunca manager, entrenador ni preparador físico, se había ido solo a probar suerte a Estados Unidos, pues debido a la prohibición de su deporte no tenía mucho campo de acción. Pronto se hizo un nombre gracias a sus triunfos: un periodista lo bautizó Toro Salvaje de las Pampas y le dieron la chance de pelear por el título.

El escenario fue un estadio de béisbol, hoy desaparecido, ubicado al norte de Manhattan, ante una multitud rara en el presente para cualquier deporte. Argentina recibió la transmisión por radio, un medio recién inventado: en realidad, un locutor en Buenos Aires iba leyendo al aire los telegramas que iban llegando con las alternativas de la pelea.

El choque resultó violento desde el primer instante. Dempsey salió con todo, pero Firpo lo recibió con un golpe que lo derribó. Medio siglo más tarde, en una entrevista con El Gráfico, el campeón recordaba que el impacto le hizo ver “media docena de Firpos bailando en medio de las luces del ring”. “De vez en cuando yo disparaba un golpe, pero siempre al Firpo que no era real”, contó. Al final pudo embocarle al rival verdadero y vio a sus pies cuatro Firpos.

El argentino, muy fuerte pero de rudimentaria técnica, comenzó a recibir más golpes y a caer seguido, aunque siempre se levantaba. Debe decirse que las reglas del boxeo entonces permitían que un pugilista permaneciera al lado de su contrincante caído para seguir pegándole apenas se reincorporara. Tampoco existía la norma de que tres caídas en una vuelta equivalen a una derrota.

Sin embargo, luego de acumular siete caídas, Firpo tomó de pronto el control del ring y comenzó a pegar, llevando a Dempsey sobre las cuerdas. Hasta que de un derechazo a la mandíbula lanzó al estadounidense fuera del cuadrilátero, para asombro de todos.

Dempsey cayó sobre la bancada de prensa y se golpeó la espalda con una máquina de escribir, un impacto cuyas secuelas lo acompañaron el resto de su vida.

La foto que acompaña esta nota se ha vuelto tan legendaria como el combate: Dempsey con los pies en el aire, Firpo dominante mirando su obra y el árbitro sorprendido.

Todo hace pensar que allí le robaron la pelea al argentino. Primero, porque presumiblemente estuvo más de diez segundos fuera del ring. Las mediciones hablan de entre 12 y 17 segundos. En YouTube se puede ver la copia de la película, pero justo faltan algunos fotogramas de ese momento (se asegura que el propio Dempsey compró la película y le cortó esa parte). La cuenta del árbitro Johnny Gallagher fue sospechosamente lenta. Y además, los periodistas ayudaron al campeón a regresar, por lo cual debía haber sido descalificado.

Por supuesto, en Argentina nadie pudo entender cómo no le dieron el triunfo. “Yo, con mis nueve años, lloré abrazado a mi tío y a varios vecinos ultrajados en su fibra patria”, escribió Cortázar, quien escuchó la pelea con nueve años, pues su casa en Banfield era la única en el barrio que contaba ese novedoso artefacto llamado radio.

Dempsey volvió a ponerse en pie sobre el cuadrilátero y casi enseguida terminó la primera vuelta. Apenas iniciada la segunda, el boxeador local volvió a salir con furia y derribó dos veces más a Firpo. En la última llegó al K.O.

“Sí, Firpo tuvo su hora inmortal de tres minutos y además reglamentariamente ganó la pelea, pero con esa manía que tiene la verdad de suplántar a la ilusión, en los otros tres minutos Dempsey demostró hasta qué punto era capaz de resistir el doble efecto de un uppercut seguido de un viaje de ida y vuelta al ring side, y empezó a demoler la pared de ladrillos hasta no dejar más que un montoncito en el suelo junto con quince millones de argentinos retorciéndose en diversas posturas y pidiendo entre otras cosas la ruptura de relaciones, la declaración de guerra y el incendio de la embajada de los Estados Unidos”, comentó también Cortázar.

A diferencia de muchos de sus colegas, que cayeron en la desgracia y la pobreza tras su retiro, a los dos adversarios de aquella pelea del siglo de hace un siglo les fue muy bien.

Dempsey perdió el título en 1926 pero se volvió una figura más allá del deporte: fue un símbolo de los Años Locos, ese período de desmesura y frenesí que siguió a la Primera Guerra Mundial y terminó con el crac de Wall Street en 1929. Tras colgar los guantes abrió un restaurante con su nombre en la avenida Broadway, entre las calles 49 y 50, en el corazón de Nueva York, que se convirtió en una referencia de la zona, al punto que apareció en varias películas, incluso El Padrino. Falleció en 1883.

De regreso a Argentina, Firpo administró con acierto sus ganancias y se convirtió en estanciero y comerciante importador de autos norteamericanos. En 1954, el presidente Juan Domingo Perón -aficionado al boxeo- los reunió para un homenaje en el Luna Park porteño. Firpo falleció en 1960. Su popularidad fue más allá del pugilismo y de Argentina: en 1923, por ejemplo, se fundó en El Salvador el Club Deportivo Luis Ángel Firpo, que todavía compite en la primera división del fútbol de ese país.

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